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Xornal21
Domingo, 12 de noviembre de 2017
TURISMO

Villafranca del Bierzo. Un marco para tus sentidos

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El origen de Villafranca del Bierzo está asociado a la fundación del Monasterio de Santa María de Cluniaco o Cruñego y al asentamiento en estas tierras de los conocidos como “monjes negros” pertenecientes a la Orden de Cluny.

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Su llegada se remonta al año 1070 bajo el reinado de Alfonso VI y lo hicieron con el objeto de atender a los peregrinos franceses que hacían el camino para visitar la tumba del Apóstol Santiago, además fueron los encargados de introducir el cultivo de la vid.

 

Con anterioridad estas tierras fueron habitadas por tribus astures que vieron como el Imperio Romano se hacía dueño de ellas interesado en las explotaciones de oro situadas a lo largo del río Burbia. Así mismo, fue el lugar elegido como residencia por los nobles de la zona, lo que provocó la construcción de numerosos palacios y casas solariegas.

 

En la actualidad Villafranca se ha convertido en una villa moderna, donde el turismo y la industria vinícola son la principal fuente de ingresos. Su carácter jacobeo y su rico y variado patrimonio monumental han hecho de esta villa un importante centro turístico y merecedora candidata a ser elegida como el “Pueblo más Bello de Castila y León”.

 

Para conocer los encantos de esta localidad de la comarca leonesa de El Bierzo es recomendable dedicarle, como mínimo, un fin de semana, tiempo imprescindible para disfrutar de su historia y patrimonio.

 

Tomando como punto de inicio la Plaza Mayor, presidida por la Casa Consistorial y el Teatro Villafranquino Enrique Gil y Carrasco, uno de los más bellos de España, este espacio se manifiesta como uno de los más representativos escenarios de uso público con los tradicionales soportales y edificaciones de estilos cronológicos diferentes.

 

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Ahora empieza realmente nuestro viaje por la historia y lo hacemos por la Travesía San Nicolás. La primera parada es el Convento de San Nicolás el Real, también conocido como de los Padres Paules, construido en el siglo XVII. El interior alberga el Museo de Ciencias Naturales y Etnográfico “Padres Paules”, que muestra una valiosa colección de piezas del mundo natural, entre las que destacan una de las mejores recopilaciones de conchas marinas del país.

 

Unos metros más adelante nos encontramos con los Jardines de la Alameda, bonito escenario de trazado romántico construido en el año 1882 y que anualmente alberga la Fiesta de la Poesía, certamen poético a nivel nacional que, junto con el ciprés de La Anunciada, la glicinia de Viña-Femita y los magnolios de Luna Beberide, forman una ruta por el patrimonio natural en la que podremos admirar árboles monumentales. Y todos ellos dentro del núcleo urbano.

 

Desde los jardines se vislumbra el ábside de la Colegiata de Santa María de Cluniaco, construida en el siglo XVI sobre el antiguo monasterio que dio origen a la villa. Mandada construir por D. Pedro de Toledo, Marqués de Villafranca y Virrey de Nápoles, se realizó en un estilo gótico tardío con elementos renacentistas y barrocos. Y al otro lado de los citados jardines, la majestuosa fachada del Palacio de los Duques de Arganza, construido en el siglo XV. Muy cerca del palacio se encuentra la Oficina de Turismo, donde amablemente nos resolverán cualquier duda, haciendo más enriquecedora la visita.

 

[Img #36542]Justo enfrente del Convento de San Nicolás el Real encontraremos la calle Jesús Adrán que nos llevará a la calle del Pozo e inmediatamente después a la famosa calle del Agua. Arteria secular con más actividad comercial, artesanal y de tránsito una vez consolidada la Ruta Jacobea, constituye en la actualidad un auténtico museo al aire libre de heráldica y una importante muestra de arquitectura barroca civil y religiosa. En esta calle, lugar de paso de los peregrinos que se dirigen a Santiago, podremos admirar diferentes palacios como el de los Marqueses de Villafranca y el de Torquemada, sin olvidarnos de las Casas Torre o la Casa Morisca, siendo además el lugar que vio a nacer al poeta romántico Enrique Gil y Carrasco. Villafranca ofrece al visitante multitud de rincones que se prestan a ser inmortalizados, pero es en la calle del Agua donde encontraremos, a derecha e izquierda callejuelas estrechas y sugerentes, que muestran el verdadero carácter medieval de la villa.

 

Sin darnos cuenta se ha pasado la mañana y ha llegado la hora de comer, pero antes de sentarnos delante de un delicioso plato y dar buena cuenta de cualquiera de los manjares que la gastronomía berciana nos ofrece, acompañado siempre por algunos de los caldos de la D.O. Bierzo, podemos hacer una ronda y disfrutar de algunas tapas en cualquiera de los establecimientos que el entorno de la Plaza Mayor nos ofrece. Soberbio aperitivo antes de reponer fuerzas para continuar con nuestra visita.

 

Continuamos descubriendo la villa de Villafranca y lo hacemos dirigiéndonos a la iglesia de San Francisco de estilo románico-gótico, antiguo convento de franciscanos del que sólo se conserva la iglesia, cuya fundación se atribuye a la reina leonesa Doña Urraca. En su interior destaca el retablo mayor, los enterramientos funerarios representados en la Capilla de Ambrosio de Castro con su impresionante bóveda y el coro plateresco. Desde aquí ya tenemos a golpe de vista uno de los templos más reconocidos de la villa, la iglesia de Santiago, sencilla construcción románica donde destaca la Puerta del Perdón, siendo la única de todo el Camino, junto con la de la Catedral de Santiago en la que se pueden ganar las Gracias Jubilares.

 

Finalizamos el día admirando el Castillo-Palacio de los Marqueses de Villafranca y próximo a la iglesia de Santiago. Construido en mampostería en el siglo XVI, cuenta con cuatro torreones situados en sus ángulos, lo que le confiere una personalidad propia que pone el toque regio a este rincón urbano de calles empinadas, plazuelas y casas singulares, acompañado de una genuina atmósfera romántica y apacible.

 

A la mañana siguiente nos espera el Barrio de los Tejedores, uno de los más conocidos, y que debe su nombre a que en él habitaban en siglos pasados los trabajadores de la villa, en su mayoría dedicados a la manufactura textil. En la actualidad es una interesante muestra de la arquitectura más popular de la zona, donde podremos admirar construcciones en las que la característica principal son las balconadas de madera. Y rematamos la mañana paseando por sus calles y plazas, visitando la iglesia de San Juan y los conventos de la Concepción, la Anunciada o La Laura.

 

Acaba nuestro viaje y lo hace con la convicción de que volveremos. Y cuando lo hagamos, además de reencontrarnos con esta maravillosa villa, podremos descubrir los alrededores. Pasear por los viñedos de Valtuille de Arriba, de Valtuille de Abajo y por supuesto de Villafranca; descubrir el castaño del Campano en Villar del Acero y el Mirandelo en Pobladura, visitar Los Ancares y conocer sus pueblos como Aira da Pedra o Campo del Agua y, por supuesto, deleitarnos con la hospitalidad de sus gentes y el encanto de sus tradiciones y costumbres centenarias, además de realizar una marcha senderista hasta el yacimiento de La Leitosa y contemplar el trabajo minero realizado por los romanos, sin olvidar la arquitectura popular en Paradiña y Prado de la Somoza y, cómo no, la Fuente de los Enamorados en Cela. Sin duda alguna, razones suficientes para descubrir Villafranca y sus alrededores.

 

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