Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Xornal21
Martes, 6 de marzo de 2018
GALICIA

El 28,1% de las gallegas en edad laboral se encuentra en riesgo de exclusión o pobreza

Guardar en Mis Noticias.

El desempleo, la inactividad o la contratación irregular son las principales causas que subyacen detrás de esta realidad, afectando más intensamente a las mujeres mayores de 45 años, con discapacidad, con responsabilidades familiares no compartidas y/o víctimas de violencia de género, entre otras.

El próximo 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. En este marco, la Fundación Adecco, en colaboración con 7 empresas comprometidas (Grupo Red Eléctrica, Gas Natural Fenosa, Endesa, Enagás, Makro, Yelmo Cines y thyssenkrupp), ha realizado un análisis de la situación profesional de las mujeres a las que ayuda a encontrar empleo. Todas ellas se enfrentan a un mayor riesgo de exclusión social, por diferentes circunstancias: discapacidad, edad avanzada, responsabilidades familiares no compartidas y/o una situación de violencia de género.


Según Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco: “históricamente, las mujeres han tenido que enfrentar mayores obstáculos para acceder al mercado laboral, debido a tics culturales relacionados con la maternidad, el liderazgo y otros prejuicios y estereotipos. El hecho de tener una discapacidad o más de 45 años se convierte en una dificultad añadida, incrementando el riesgo de exclusión de las mujeres desempleadas. Precisamente, el empleo se convierte en el factor fundamental de inclusión, en la única herramienta capaz de dotar de la autonomía y realización suficientes como para que estas mujeres normalicen su situación y tengan una vida plena”.


El 28,1% de las gallegas en edad laboral se encuentra en riesgo de exclusión
Según el informe AROPE (at risk of poverty and inclusión), elaborado por EAPN, un 27,9% de las mujeres en España se encuentra en situación de riesgo de exclusión o pobreza. Este porcentaje se eleva cuando las mujeres tienen edad laboral, hasta un 30,9%.


Para extrapolar estos datos a Galicia, hemos partido de su tasa de exclusión o pobreza general (25,4%). En el caso nacional, el porcentaje general coincide con el femenino. Así pues, tomando como punto de partida que este 25,4% sería la tasa de exclusión o pobreza de las mujeres gallegas, podemos concluir que la cifra se eleva hasta el 28,1% en el caso de las que tienen edad laboral, si elevamos este porcentaje en la misma proporción que crece el nacional (del 27,9% al 30,9%, es decir, un 11%).


Pero, ¿qué personas se consideran en riesgo de pobreza y exclusión, según AROPE? Aquéllas que cumplen, al menos, uno de los siguientes criterios:
Vivir en un hogar con una renta inferior al umbral de la pobreza (el 60% de la mediana de la renta nacional, fijada en 2016 en 684 euros mensuales).


Estar en privación material severa, no pudiendo afrontar, al menos, 4 de los siguientes gastos: vivienda, calefacción, vacaciones, alimentación básica, gastos imprevistos, teléfono, televisor en color, lavadora o automóvil.


Vivir en un hogar con baja intensidad de trabajo (inferior a 0,2), definida como la relación entre el número de meses trabajados por todos los miembros de la unidad familiar y el número total de meses que podrían trabajar, como máximo, todas las personas en edad laboral de dicho hogar.


Según Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco: “aunque el desempleo sólo se menciona en el último de los 3 indicadores, es el desencadenante de todas las situaciones de pobreza y exclusión social.  No parece aventurado señalar que, en este 28,1% de mujeres en riesgo de pobreza o exclusión social, en edad laboral, predominan las desempleadas, aquellas que trabajan en situación irregular (sin contrato) o inactivas, con habilidades para el empleo, pero que no trabajan por cuestiones culturales (discapacidad) o responsabilidades familiares”.

 

[Img #39348]

La mujer mayor de 45 años: fuerza laboral clave, en máximos de envejecimiento
La mujer mayor de 45 años ha ganado un importante protagonismo en el mercado laboral durante la última década en Galicia. Así, si en 2007 se contabilizaban 11.600 desempleadas de este grupo de edad, 2017 se cerró con 35.900, lo que supone un incremento del 209%. Esta cifra es muy superior al incremento del desempleo de las mujeres de todas las edades en Galicia, que se ha incrementado un 64% en los últimos 10 años.
Con todo ello, observamos cómo el porcentaje de mujeres mayores de 45 años (39,6%) tiene un peso mucho mayor sobre el total que hace una década, cuando representaban el 20,8% del total de desempleadas.

 

[Img #39349][Img #39350]

 

Pero, ¿a qué se debe este peso cada vez mayor de la fuerza laboral femenina senior?
En primer lugar, a una cuestión demográfica. El envejecimiento poblacional se encuentra en máximos históricos y, cada año, más mujeres van a parar a esta franja de edad. Concretamente y, según el INE, hace una década se registraban 363.776 mujeres entre 45 y 64 años en Galicia, frente a las 397.129 de la actualidad. A la luz de estas cifras y, por pura estadística, resulta lógico que tengan cada vez más peso sobre el total de desempleadas.
En segundo lugar, a una cronificación del desempleo. Gran parte de las mujeres mayores de 45 años se ven abocadas al paro de larga duración, es decir, llevan más de un año sin encontrar una ocupación. Concretamente, el 64% de las desempleadas mayores de 45 años en España es de larga duración, frente al 51% de las mujeres de todas las edades.


¿Por qué esta cronificación del desempleo entre las mujeres senior? A continuación, analizamos las causas:
De la inactividad al desempleo. Con la crisis económica, una gran masa de mujeres, senior, hasta el momento inactivas, decidieron buscar empleo para apoyar a una economía doméstica resentida. En concreto, 2017 cerró con 271.400 gallegas mayores de 45 años activas, un 42% más que en 2007, cuando se contabilizaron 191.200 Sin embargo, muchas de las que se iniciaron en la búsqueda de empleo se toparon con la crudeza de un mercado poco acogedor, de modo que al incorporarse al mercado laboral, lo hicieron directamente al desempleo.


Prejuicios culturales, que conducen directamente a la discriminación laboral. Se materializan en creencias estereotipadas, como que su valía profesional está obsoleta o que su capacidad de aprendizaje será exigua. Estos prejuicios eclipsan algunos valores que habitualmente están muy presentes en la fuerza laboral senior, y que se convierten en garantes de productividad: madurez, templanza, fidelidad al proyecto, búsqueda de la estabilidad, etc.

 

Desactualización competencias. Habitualmente, la mujer mayor de 55 años se incorpora a la búsqueda de empleo tras largos periodos de inactividad o tras muchos años en la misma empresa. Ello hace que cuando se enfrentan a esta búsqueda, lo hagan con unos recursos y herramientas que ya han quedado obsoletos, en un mercado laboral cuyas necesidades evolucionan a pasos agigantados. Todo ello lleva a que su candidatura no conecte con las empresas actuales. Además, en muchos casos, necesitan un reciclaje profesional, actualizando conocimientos técnicos que conviertan su experiencia en un valor añadido.

 

Según Francisco Mesonero: “En un país en máximos históricos de envejecimiento, es vital desterrar prejuicios y estereotipos que alejan a la mujer mayor del mercado laboral, ofreciendo las herramientas y flexibilidad necesarias para un mercado más competente e inclusivo. Además, resulta imprescindible reorientar las políticas activas de empleo a la realidad actual, para que vayan alineadas a un objetivo claro de mejora de la empleabilidad y se centren en la formación, en aras de que no se pierda el talento de una masa tan significativa de desempleadas”.

 

La mujer con discapacidad: la ficha más débil del tablero
La discapacidad se convierte en una dificultad añadida para las mujeres que buscan empleo, ya que a los prejuicios derivados del sexo (maternidad, posibles incapacidades temporales a ésta asociadas o liderazgo), hay que añadir la discriminación que a menudo experimentan las personas con discapacidad.
Además, tradicionalmente, las mujeres con discapacidad han tenido un menor acceso a la educación, lo que incrementa su riesgo de pobreza y las deja más expuestas a otras situaciones desfavorables como la violencia de género. “Los prejuicios hacia la discapacidad, especialmente cuando es de tipo intelectual, son responsables de la invisibilidad de las víctimas: se cuestiona su credibilidad y numerosos casos de violencia se mantienen en la sombra”- recalca Mesonero.
 

Todo ello convierte a la mujer con discapacidad en la ficha más débil en el tablero del empleo, como así lo demuestra el siguiente cuadro de actividad laboral:

[Img #39352]

Como se observa, la participación de las mujeres con discapacidad en el empleo (36%) es 4 puntos porcentuales inferior a la de los hombres (40%). En otras palabras, el 64% de las mujeres con discapacidad en edad laboral no tiene empleo ni lo busca. La cifra se reduce al 60% en el caso de los hombres.


“La escasa participación de las personas con discapacidad en el mercado laboral tiene mucho que ver con el arraigo cultural, que pesa especialmente en el caso de las mujeres. Factores como la sobreprotección familiar, una educación segregada o la falta de alternativas formativas reales, alejan a la mujer con discapacidad del mundo del empleo, de modo que en muchos casos optan por cobrar una prestación, aun teniendo habilidades y potencial para trabajar”- destaca Mesonero.


Por otra parte, la tasa de paro femenina en las personas con discapacidad se sitúa en un 33%, 8 puntos porcentuales por encima de la del resto de las mujeres en el momento de realizar el análisis y superando ligeramente a la de los hombres con discapacidad (33%). Además: “esta cifra de desempleo no es representativa de la totalidad de mujeres. Aquéllas que tienen discapacidad intelectual tienen una presencia exigua en el empleo y particularmente en la empresa ordinaria. Se estima que su tasa de paro puede llegar al 90%”- comenta Mesonero.

 

Sin embargo, donde las desigualdades se vuelven más patentes es en el ámbito de la contratación. Según los últimos datos del SEPE, sólo el 38% de los contratos firmados por personas con discapacidad en Galicia, fueron para mujeres, mientras  que los hombres rubricaron un mayoritario 62%.

[Img #39353]


Mujeres “monomarentales”: víctimas de la economía irregular
El desempleo también tiende a cronificarse en el caso de las mujeres al frente de una familia monoparental. Las cifras hablan solas: un 53% supera los 2 años de búsqueda de empleo mientras que un 16% lleva entre 1 y 2 años desempleada. En total, casi 7 de cada 10 (69%) es desempleada de larga duración, cifra 15 puntos porcentuales superior a la del resto de las mujeres (55%).

 

[Img #39354]


Además, un 18% de las mujeres encuestadas afirma tener algún tipo de ocupación, pero sin contrato laboral, o, lo que es lo mismo, trabajar en la economía irregular.
Según Francisco Mesonero: “el desempleo de larga duración puede conducir a muchas personas a priorizar la urgencia en la consecución de ingresos por encima de la legalidad en sus formas de obtención. Este tipo de empleos concentran a muchas mujeres que trabajan principalmente en la hostelería, la atención a personas dependientes y/o servicio doméstico, uno de los menos regulados. Sin entrar a valorar las nefastas consecuencias que la economía sumergida tiene en la economía global, genera una preocupante desprotección al trabajador en todos los ámbitos (médico, económico, laboral), conduciendo directamente a la precariedad y a la exclusión social”.

 

Mujeres víctimas: el desempleo perpetúa la violencia de género
Si a menudo, las mujeres víctimas de la violencia de género encuentran obstáculos para reconocer su situación, pedir ayuda y, en última instancia, denunciar, cuando además se encuentran desempleadas, las dificultades se tornan mayúsculas: la dependencia económica del agresor, unida a una merma de autoestima, les conduce directamente al temor de verse solas y sin recursos. En consecuencia, no reconocen su situación y la violencia de género se perpetúa en el tiempo.


El informe Un Empleo Contra la Violencia, elaborado por la Fundación Adecco, ha profundizado en los motivos que frenan a una mujer víctima a denunciar, obteniéndose los siguientes resultados: 7 de cada 10 destaca el desempleo o la situación de precariedad como razones de peso.

 

En este contexto, es vital acercar el empleo a las mujeres víctimas de la violencia de género, atendiendo a los siguientes argumentos:

  • El empleo proporciona autonomía e independencia económica, ayudándoles a romper el vínculo con su pareja.
  • El empleo incrementa su confianza en sí mismas, al sentirse parte productiva de la sociedad, mejorando su autoestima y fortaleza para poner fin a la situación.
  • El empleo amplía su círculo social, permitiéndoles conocer nuevas personas, así como fortalecer su red de apoyos.
  • El empleo posibilita desconectar del ámbito familiar y descubrir nuevas motivaciones.
  • El empleo se convierte en el mejor mecanismo preventivo para evitar que la situación de violencia se vuelva a producir en el futuro.

 

Xornal21 • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados