OPINIÓN
Invisibles
Luis Enrique Veiga Rodríguez (A Coruña)
Estos días he visto personalmente como la policia intentaba controlar mediante su identificación en la calle a algunas personas sin techo. De paso intentaba alejarles de la zona del centro dónde se encontraban en ese momento; es decir, de invisibilizarles. El comentario que le oí a uno de los agentes dirigiéndose a un sin techo crónico fue literalmente: "Un día te van a reventar; ya lo verás". Lo denunciamos ante el fracaso en abordar un problema que es únicamente político. Y porque entendemos que se vulneran los Derechos humanos. En estos momentos más de la mitad de la población está afectada por algún factor de vulnerabilidad social con riesgo de caer en la pobreza o incrementar su precariedad; de ellos un elevado porcentaje acaba en la exclusión severa. Acorde con Carmen Bel, el excluido es el que queda fuera... el que no se beneficia del sistema social, por no tener acceso al objeto que lo constituye, como son las relaciones, la participación en sus decisiones. Se marca así una clara frontera entre los que se benefician de la dinámica social, y los que son excluidos como fruto de esa dinámica. Carecen de un lugar en la sociedad.
Inmigrantes, refugiados, la gente sin techo, desahuciados, prostitución, minoría gitana, sin papeles, madres solteras, etc. Todas ellas tienen un denominador común: el desempleo o la pérdida del trabajo. Al carecer de un trabajo, carece de ingresos, quizá sufre un desahucio y eso termina rompiendo la familia, con lo que, acabará en la calle, ya sin herramientas para poder salir adelante. Acaba generalmente con graves psicopatías. Las personas que más profundamente sufren esta situación, son las que se encuentran sin hogar. Toda vez que la falta de un techo es una restricción que les impide el acceso a otras ventajas sociales, como la salud, la formación, o un empleo. Lo que acabará dañando todo el aspecto social y relacional del individuo, sobre quién, más allá de la asistencia médica o social, se producen las mencionadas acciones policiales.
Estos días he visto personalmente como la policia intentaba controlar mediante su identificación en la calle a algunas personas sin techo. De paso intentaba alejarles de la zona del centro dónde se encontraban en ese momento; es decir, de invisibilizarles. El comentario que le oí a uno de los agentes dirigiéndose a un sin techo crónico fue literalmente: "Un día te van a reventar; ya lo verás". Lo denunciamos ante el fracaso en abordar un problema que es únicamente político. Y porque entendemos que se vulneran los Derechos humanos. En estos momentos más de la mitad de la población está afectada por algún factor de vulnerabilidad social con riesgo de caer en la pobreza o incrementar su precariedad; de ellos un elevado porcentaje acaba en la exclusión severa. Acorde con Carmen Bel, el excluido es el que queda fuera... el que no se beneficia del sistema social, por no tener acceso al objeto que lo constituye, como son las relaciones, la participación en sus decisiones. Se marca así una clara frontera entre los que se benefician de la dinámica social, y los que son excluidos como fruto de esa dinámica. Carecen de un lugar en la sociedad.
Inmigrantes, refugiados, la gente sin techo, desahuciados, prostitución, minoría gitana, sin papeles, madres solteras, etc. Todas ellas tienen un denominador común: el desempleo o la pérdida del trabajo. Al carecer de un trabajo, carece de ingresos, quizá sufre un desahucio y eso termina rompiendo la familia, con lo que, acabará en la calle, ya sin herramientas para poder salir adelante. Acaba generalmente con graves psicopatías. Las personas que más profundamente sufren esta situación, son las que se encuentran sin hogar. Toda vez que la falta de un techo es una restricción que les impide el acceso a otras ventajas sociales, como la salud, la formación, o un empleo. Lo que acabará dañando todo el aspecto social y relacional del individuo, sobre quién, más allá de la asistencia médica o social, se producen las mencionadas acciones policiales.

























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