OPINIÓN
CHULOS Y PREPOTENTES
José Manuel Pena.
La honestidad se está convirtiendo en un bien escaso en favor de la prepotencia y la chulería. Demasiados personajes de la política, del mundo financiero y empresarial así como de la farándula apenas reconocen sus errores y excesos. Viven en un mundo creado por ellos y para ellos, donde no tienen cabida el resto de mortales que se dedican, entre otras cosas, a trabajar para subsistir.
Cuando, algunos de ellos, son condenados la culpa siempre es de los demás o del propio sistema. Sistema del que se aprovechan para vivir como marqueses, sin dar palo al agua. Que se preocupen los demás “pobres diablos” de las injusticias o de los ciudadanos más indefensos. Ellos ya tienen bastante con pensar a donde viajar, en sus largas vacaciones, o a que restaurante, “Estrella Michelín”, ir a cenar, un día si y otro también, o a que país dirigirse en busca de turismo sexual o simplemente estudiar que último modelo de turismo poder agenciarse. La ética les brilla por su ausencia, aunque a veces se permiten la licencia de querer ser ejemplo para los demás.
Oírles decir, públicamente, que lo único que les preocupa son su familia y seres queridos ya demuestra la escasa empatía y sensibilidad hacia el resto de la sociedad que les rodea. No piensan más que en si mismos y en su estatus, que desean mantener cueste lo que cueste, a través de paraísos fiscales, estafas, corrupción, difamaciones, especulación y de todo tipo de delitos y malas prácticas.
La honestidad se está convirtiendo en un bien escaso en favor de la prepotencia y la chulería. Demasiados personajes de la política, del mundo financiero y empresarial así como de la farándula apenas reconocen sus errores y excesos. Viven en un mundo creado por ellos y para ellos, donde no tienen cabida el resto de mortales que se dedican, entre otras cosas, a trabajar para subsistir.
Cuando, algunos de ellos, son condenados la culpa siempre es de los demás o del propio sistema. Sistema del que se aprovechan para vivir como marqueses, sin dar palo al agua. Que se preocupen los demás “pobres diablos” de las injusticias o de los ciudadanos más indefensos. Ellos ya tienen bastante con pensar a donde viajar, en sus largas vacaciones, o a que restaurante, “Estrella Michelín”, ir a cenar, un día si y otro también, o a que país dirigirse en busca de turismo sexual o simplemente estudiar que último modelo de turismo poder agenciarse. La ética les brilla por su ausencia, aunque a veces se permiten la licencia de querer ser ejemplo para los demás.
Oírles decir, públicamente, que lo único que les preocupa son su familia y seres queridos ya demuestra la escasa empatía y sensibilidad hacia el resto de la sociedad que les rodea. No piensan más que en si mismos y en su estatus, que desean mantener cueste lo que cueste, a través de paraísos fiscales, estafas, corrupción, difamaciones, especulación y de todo tipo de delitos y malas prácticas.
























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