Luis E. Veiga Rodríguez
Lunes, 09 de Marzo de 2020 Tiempo de lectura:
OPINIÓN
Un exponente de la realidad sin hogar
La pobreza afecta de una manera insidiosa la salud de las personas sin hogar. Al ser una población vulnerable los rigores de cada oleada de frío agravan su realidad, a menos que se refugien en bibliotecas, en estaciones, etc. tomándolos como improvisados centros de día.
Los riesgos de sucumbir en la calle son muy elevados. Y a menos que vayan al comedor social han de comer igualmente en frío, o en conservas. El uso de tiendas o de estufas les está prohibido, por supuesto.
Ser empleado de una institución publica -como una biblioteca- exige coexistir a menudo con la realidad sin hogar, actuando muchas veces como improvisados refugios frente a las inclemencias del frío.
Debido a que alguna mujer o un hombre murió de frío por desatención pública, la sensibilidad hacia esta población está cambiando, pero las políticas basura en atención social siguen siendo la nota dominante y los protocolos se ignoran.
En este sentido se hace necesario valorar la realidad sin hogar una vez más como un hecho tan desgarrador como real.
Las personas sin hogar, las personas en peligro de quedarse sin casa y las personas de bajos ingresos, pedecen un grave déficit en recursos de vivienda, salud mental, medicamentos, atención de salud, higiene, o alimentación, que afecta profundamente a su calidad de vida y su salud.
La falta de vivienda se ha convertido así en una epidemia que tampoco está por resolver un gobierno muchos más preocupado en las florituras verbales que a las verdaderas soluciones para que estos hombres y mujeres encuentren un hogar.
Y muchos especialmente los más jóvenes han adquirido en la calle graves adicciones que como se puede ver a diario son ya numerosas en las personas sin hogar.
Los recursos son limitados. Y si bien nuestro pais debería tener un mayor control de las rentas particulares para que los barrios aporten vivienda a la población sin hogar, la vivienda pública debe ser más asequible y las largas listas de espera deben ser abreviadas.
El programa de vivienda, a nivel nacional y local incumple, si nos atenemos a los resultados con edichos objetivos una vez más. Pero a las poblaciones acomodadas no les interesa que todo esto cambie. Los políticos les siguen la corriente a riesgo de provocar una reacción en contra.
Quedan los sin hogar a merced de las actuales politicas basura en atención social.
Además, tenemos al funcionariado sentado cómodamente en sus despachos, que desprecia la realidad sin hogar y atiende en general a las consignas que a los políticos les conviene centradas más en lo trivial que en los asuntos de verdadero calado.
Y la vida continuará...
La pobreza afecta de una manera insidiosa la salud de las personas sin hogar. Al ser una población vulnerable los rigores de cada oleada de frío agravan su realidad, a menos que se refugien en bibliotecas, en estaciones, etc. tomándolos como improvisados centros de día.
Los riesgos de sucumbir en la calle son muy elevados. Y a menos que vayan al comedor social han de comer igualmente en frío, o en conservas. El uso de tiendas o de estufas les está prohibido, por supuesto.
Ser empleado de una institución publica -como una biblioteca- exige coexistir a menudo con la realidad sin hogar, actuando muchas veces como improvisados refugios frente a las inclemencias del frío.
Debido a que alguna mujer o un hombre murió de frío por desatención pública, la sensibilidad hacia esta población está cambiando, pero las políticas basura en atención social siguen siendo la nota dominante y los protocolos se ignoran.
En este sentido se hace necesario valorar la realidad sin hogar una vez más como un hecho tan desgarrador como real.
Las personas sin hogar, las personas en peligro de quedarse sin casa y las personas de bajos ingresos, pedecen un grave déficit en recursos de vivienda, salud mental, medicamentos, atención de salud, higiene, o alimentación, que afecta profundamente a su calidad de vida y su salud.
Las personas sin hogar, las personas en peligro de quedarse sin casa y las personas de bajos ingresos, pedecen un grave déficit en recursos de vivienda, salud mental, medicamentos, atención de salud, higiene, o alimentación, que afecta profundamente a su calidad de vida y su salud.
La falta de vivienda se ha convertido así en una epidemia que tampoco está por resolver un gobierno muchos más preocupado en las florituras verbales que a las verdaderas soluciones para que estos hombres y mujeres encuentren un hogar.
Y muchos especialmente los más jóvenes han adquirido en la calle graves adicciones que como se puede ver a diario son ya numerosas en las personas sin hogar.
Los recursos son limitados. Y si bien nuestro pais debería tener un mayor control de las rentas particulares para que los barrios aporten vivienda a la población sin hogar, la vivienda pública debe ser más asequible y las largas listas de espera deben ser abreviadas.
El programa de vivienda, a nivel nacional y local incumple, si nos atenemos a los resultados con edichos objetivos una vez más. Pero a las poblaciones acomodadas no les interesa que todo esto cambie. Los políticos les siguen la corriente a riesgo de provocar una reacción en contra.
El programa de vivienda, a nivel nacional y local incumple, si nos atenemos a los resultados con edichos objetivos una vez más. Pero a las poblaciones acomodadas no les interesa que todo esto cambie. Los políticos les siguen la corriente a riesgo de provocar una reacción en contra.
Quedan los sin hogar a merced de las actuales politicas basura en atención social.
Además, tenemos al funcionariado sentado cómodamente en sus despachos, que desprecia la realidad sin hogar y atiende en general a las consignas que a los políticos les conviene centradas más en lo trivial que en los asuntos de verdadero calado.
Y la vida continuará...


























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