Luis Enrique Veiga Rodríguez
Martes, 08 de Septiembre de 2020 Tiempo de lectura:
OPINIÓN
Una crisis dentro de otra crisis
Hay una gran brecha sin duda en el problema sin hogar que refleja la crisis moral de nuestro tiempo. No hay una solución rápida, pero el primer paso es cambiar actitudes y, hacer más de lo que sabemos que funciona y no se hace.
Esto no sólo proporcionará una base para mejorar el bienestar de las personas sin vivienda, sino que conducirá a sin duda a reducir su número. Durante mucho tiempo la indigencia ha sido un problema, que ahora se ve agravada por la pandemia. De modo que tenemos una crisis dentro de otra crisis.
Esto no es sólo en nuestra ciudad, por supuesto. Es una dinámica que se puede ver en todo el país.
A nivel estatal, en medio de una pandemia, la indigencia. Pero también algunos aspectos de criminalización e incluso brutalidad contra la población sin hogar. Por lo que más que mejorar, la dinámica es seguir empeorando.
No hay que olvidar que por cada persona que albergamos varias personas quedan sin vivienda. Esto es indicativo de que las iniciativas de inclusión, deben avanzar a su siguiente nivel: enfrentando esa criminalización tanto social como institucional: el discurso del odio o aporofobia, es muy frecuente en el problema sin hogar.
Entonces, ¿Cuál es el camino? Se trata de establecer por una parte una agenda política de no criminalización, derogando viejas ordenanzas y promoviendo en cambio nuevas ordenanzas de vivienda: no se puede excluir e incluir al mismo tiempo.
Que se ponga fin a la falta de vivienda no es sólo proporcionar un techo a alguien, sino también de poner fin a la inercia de esas políticas que conducen a esta situación.
A través de la defensa contra el desalojo y la asistencia al alquiler. Igualmente, de fomentar las políticas locales a fin de reorientar un cambio de nuestra política nacional.
Este marco abordará el aspecto de las acciones a corto plazo --albergar a las personas sin vivienda, asi como las acciones a largo plazo que fortalezcan el sistema para el futuro.
La incorporación a una actividad por quienes pasan de la calle a ser alojados, demuestra que la ocupación aporta un cambio de su identidad mejorando las posibilidades de conservación de la vivienda.
Cuidar el negocio --asistencialismo-- no debería ir en detrimento del riesgo de la calle --casos recientes en Barcelona-- sino que más allá de criminalizar al pobre, brindarle las oportunidades de integración que en justicia le corresponde. El silencio o la invisibilidad, vengan de donde vengan, no debería seguir siendo la opción.
Hay una gran brecha sin duda en el problema sin hogar que refleja la crisis moral de nuestro tiempo. No hay una solución rápida, pero el primer paso es cambiar actitudes y, hacer más de lo que sabemos que funciona y no se hace.
Esto no sólo proporcionará una base para mejorar el bienestar de las personas sin vivienda, sino que conducirá a sin duda a reducir su número. Durante mucho tiempo la indigencia ha sido un problema, que ahora se ve agravada por la pandemia. De modo que tenemos una crisis dentro de otra crisis.
Esto no es sólo en nuestra ciudad, por supuesto. Es una dinámica que se puede ver en todo el país.
A nivel estatal, en medio de una pandemia, la indigencia. Pero también algunos aspectos de criminalización e incluso brutalidad contra la población sin hogar. Por lo que más que mejorar, la dinámica es seguir empeorando.
No hay que olvidar que por cada persona que albergamos varias personas quedan sin vivienda. Esto es indicativo de que las iniciativas de inclusión, deben avanzar a su siguiente nivel: enfrentando esa criminalización tanto social como institucional: el discurso del odio o aporofobia, es muy frecuente en el problema sin hogar.
Entonces, ¿Cuál es el camino? Se trata de establecer por una parte una agenda política de no criminalización, derogando viejas ordenanzas y promoviendo en cambio nuevas ordenanzas de vivienda: no se puede excluir e incluir al mismo tiempo.
Que se ponga fin a la falta de vivienda no es sólo proporcionar un techo a alguien, sino también de poner fin a la inercia de esas políticas que conducen a esta situación.
A través de la defensa contra el desalojo y la asistencia al alquiler. Igualmente, de fomentar las políticas locales a fin de reorientar un cambio de nuestra política nacional.
Este marco abordará el aspecto de las acciones a corto plazo --albergar a las personas sin vivienda, asi como las acciones a largo plazo que fortalezcan el sistema para el futuro.
La incorporación a una actividad por quienes pasan de la calle a ser alojados, demuestra que la ocupación aporta un cambio de su identidad mejorando las posibilidades de conservación de la vivienda.
Cuidar el negocio --asistencialismo-- no debería ir en detrimento del riesgo de la calle --casos recientes en Barcelona-- sino que más allá de criminalizar al pobre, brindarle las oportunidades de integración que en justicia le corresponde. El silencio o la invisibilidad, vengan de donde vengan, no debería seguir siendo la opción.



























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