Opinion
Un feminismo integrador que suma a hombres y mujeres
Hoy, 8 de marzo, es un buen día, el mejor día, para reivindicar la herencia de aquellas mujeres que nos han precedido con historias maravillosas de aquella Galicia en blanco y negro de hace un siglo, con relatos cargados de feminismo en cada línea; de valentía y de coraje;llenando cada rincón de su legado de un mensaje de optimismo. Parte común de una historia compartida: la nuestra, la de tantas abuelas, madres o hijas que luchamos por hacer de este mundo un lugar, sencillamente, mejor; más justo y más igualitario.
Todas, juntas, sumando legado tras legado, hemos andado mucho camino. Pero aún nos quedan kilómetros de ruta. No creo en las comparaciones: cualquier ser humano, hombre o mujer, es distinto a los demás, ni mejor ni peor. Pero resulta una evidencia demasiado palpable que en varios aspectos de esta vida, hombres y mujeres todavía estamos lejos de la verdadera igualdad.
Hoy, en una sociedad tan avanzada como la nuestra, las mujeres, aun representando al 52% de la sociedad, cobramos un 30% menos que los hombres; tenemos pensiones inferiores; ocupamos menos puestos de responsabilidad en las empresas; o nos vemos obligadas, en muchos casos, a dedicar más tiempo a nuestro hogar, apostando por reducciones de jornada sin que el sistema termine de ofrecer alternativas.
Al aproximarnos al primer cuarto del siglo XXI, este tipo de datos deben hacernos reflexionar. Igual que tiene que hacernos pensar la lacra de la violencia contra las mujeres, que se ha cobrado más de mil víctimas mortales en España durante estas dos décadas de siglo.
Por fortuna, cambiar todo esto depende de nosotros, mujeres y hombre libres que creemos en un mundo mejor y, por tanto, más igualitario. Hombres y mujeres feministas, porque el verdadero feminismo es integrador -en él tiene cabida todo aquel que quiere mejorar las cosas-, y es también realista: reconoce las desigualdades y busca las soluciones al problema sin provocar enfrentamientos; antepone el bien, al mal; el juicio, a los prejuicios; la mejora como sociedad, a los intereses particulares.
La escritora feminista y nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie nos deja en una de sus célebres charlas una definición perfecta de feminista: “Una feminista es un hombre o una mujer que dice ‘sí, existe un problema con el género y debemos corregirlo, debemos hacerlo mejor’”.
Una definición que es un mensaje al mismo tiempo, más necesario que nunca en estos tiempos convulsos de discordia, y que pone el acento en todo aquello que nos une, no en lo que nos separa. Quiero darles las gracias a todas aquellas mujeres que han andado gran parte de este camino. Juntos terminaremos de recorrerlo.
Hoy, 8 de marzo, es un buen día, el mejor día, para reivindicar la herencia de aquellas mujeres que nos han precedido con historias maravillosas de aquella Galicia en blanco y negro de hace un siglo, con relatos cargados de feminismo en cada línea; de valentía y de coraje;llenando cada rincón de su legado de un mensaje de optimismo. Parte común de una historia compartida: la nuestra, la de tantas abuelas, madres o hijas que luchamos por hacer de este mundo un lugar, sencillamente, mejor; más justo y más igualitario.
Todas, juntas, sumando legado tras legado, hemos andado mucho camino. Pero aún nos quedan kilómetros de ruta. No creo en las comparaciones: cualquier ser humano, hombre o mujer, es distinto a los demás, ni mejor ni peor. Pero resulta una evidencia demasiado palpable que en varios aspectos de esta vida, hombres y mujeres todavía estamos lejos de la verdadera igualdad.
Hoy, en una sociedad tan avanzada como la nuestra, las mujeres, aun representando al 52% de la sociedad, cobramos un 30% menos que los hombres; tenemos pensiones inferiores; ocupamos menos puestos de responsabilidad en las empresas; o nos vemos obligadas, en muchos casos, a dedicar más tiempo a nuestro hogar, apostando por reducciones de jornada sin que el sistema termine de ofrecer alternativas.
Al aproximarnos al primer cuarto del siglo XXI, este tipo de datos deben hacernos reflexionar. Igual que tiene que hacernos pensar la lacra de la violencia contra las mujeres, que se ha cobrado más de mil víctimas mortales en España durante estas dos décadas de siglo.
Por fortuna, cambiar todo esto depende de nosotros, mujeres y hombre libres que creemos en un mundo mejor y, por tanto, más igualitario. Hombres y mujeres feministas, porque el verdadero feminismo es integrador -en él tiene cabida todo aquel que quiere mejorar las cosas-, y es también realista: reconoce las desigualdades y busca las soluciones al problema sin provocar enfrentamientos; antepone el bien, al mal; el juicio, a los prejuicios; la mejora como sociedad, a los intereses particulares.
La escritora feminista y nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie nos deja en una de sus célebres charlas una definición perfecta de feminista: “Una feminista es un hombre o una mujer que dice ‘sí, existe un problema con el género y debemos corregirlo, debemos hacerlo mejor’”.
Una definición que es un mensaje al mismo tiempo, más necesario que nunca en estos tiempos convulsos de discordia, y que pone el acento en todo aquello que nos une, no en lo que nos separa. Quiero darles las gracias a todas aquellas mujeres que han andado gran parte de este camino. Juntos terminaremos de recorrerlo.





























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