Luis Enrique Veiga Rodríguez
Jueves, 17 de Febrero de 2022 Tiempo de lectura:
OPINIÓN
La cura para la falta de vivienda, es la vivienda
Cada noche, decenas de personas dormirán en la calle porque carecen de un espacio adecuado. Se acomodan en algún recodo de una tienda, en un parque, o la puerta de unas oficinas. No tienen casa y su vida se desmorona luchando por mantener la esperanza:Mantenerse saludables, obtener un trabajo, o preservar las relaciones con los demás.La crisis de la falta de vivienda está empeorando y lo que podemos hacer al respecto exige una mayor atención. La falta de hogar es sin duda la manifestación extrema de una crisis más amplia. Antes del Covid-19 las familias ya tenían graves dificultades para pagar el alquiler cada mes.
El Gobierno puede convertir la falta de vivienda en algo poco menos que excepcional, muy breve en el tiempo si así lo quiere. Y es necesaria una iniciativa para sacar a la policia de la respuesta a la falta de vivienda.En definitiva, introducir una legislación que prohiba a las fuerzas del orden hacer cumplir leyes contra las personas sin hogar Estas leyes no han hecho nada para resolver la falta de vivienda, solo la criminalizan. Los programas se centran en los cuidados paliativos. En lugar de alojamientos, se ofrecen comedores, duchas, roperos, se distribuye comida. Se considera normal que decenas de adultos no puedan tener un lugar para vivir.
Con la certeza de que muchos morirán durante el invierno. Los países que enfrentan la falta de vivienda con un mayor éxito lo tratan como un derecho humano. Aquí se condena al sin hogar.La mayoría de la gente con apuros logra apenas evitar el riesgo de la falta de vivienda. Pero muchos otros tienen cargas ineludibles: discapacidades mentales y físicas... vienen de hogares de acogida. Sufren discriminación, Sea cual sea el problema, los alquileres tampoco cesan de subir De manera que un aumento de 100 euros podría llegar a repercutir un aumento del 15 por ciento en la falta de vivienda. Ha llegado el momento de organizar una marcha contra esa violencia y desigualdad las personas sin hogar. Forzar un cambio de esas ordenanzas y empujar a los municipios a un cambio de sus protocolos.
Cada noche, decenas de personas dormirán en la calle porque carecen de un espacio adecuado. Se acomodan en algún recodo de una tienda, en un parque, o la puerta de unas oficinas. No tienen casa y su vida se desmorona luchando por mantener la esperanza:Mantenerse saludables, obtener un trabajo, o preservar las relaciones con los demás.La crisis de la falta de vivienda está empeorando y lo que podemos hacer al respecto exige una mayor atención. La falta de hogar es sin duda la manifestación extrema de una crisis más amplia. Antes del Covid-19 las familias ya tenían graves dificultades para pagar el alquiler cada mes.
El Gobierno puede convertir la falta de vivienda en algo poco menos que excepcional, muy breve en el tiempo si así lo quiere. Y es necesaria una iniciativa para sacar a la policia de la respuesta a la falta de vivienda.En definitiva, introducir una legislación que prohiba a las fuerzas del orden hacer cumplir leyes contra las personas sin hogar Estas leyes no han hecho nada para resolver la falta de vivienda, solo la criminalizan. Los programas se centran en los cuidados paliativos. En lugar de alojamientos, se ofrecen comedores, duchas, roperos, se distribuye comida. Se considera normal que decenas de adultos no puedan tener un lugar para vivir.
Con la certeza de que muchos morirán durante el invierno. Los países que enfrentan la falta de vivienda con un mayor éxito lo tratan como un derecho humano. Aquí se condena al sin hogar.La mayoría de la gente con apuros logra apenas evitar el riesgo de la falta de vivienda. Pero muchos otros tienen cargas ineludibles: discapacidades mentales y físicas... vienen de hogares de acogida. Sufren discriminación, Sea cual sea el problema, los alquileres tampoco cesan de subir De manera que un aumento de 100 euros podría llegar a repercutir un aumento del 15 por ciento en la falta de vivienda. Ha llegado el momento de organizar una marcha contra esa violencia y desigualdad las personas sin hogar. Forzar un cambio de esas ordenanzas y empujar a los municipios a un cambio de sus protocolos.




























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