Opinión
Regeneración democrática
A estas alturas de la película aún hay demasiados gobernantes que carecen de honestidad y solo piensan en eternizarse en el poder. La mayoría no entienden de autocrítica y mucho menos de sensibilidad social. Después de los últimos resultados electorales, algunos gobernantes, no fueron quienes de dar ejemplo de humildad. No se creían que podían dejar de gobernar, después de varias legislaturas consecutivas.
La autocrítica ha florecido por su ausencia, entre muchos gobernantes, al sentirse como auténticos señores feudales, tomando a los vecinos como si fuesen vasallos, resignados a callarse, trabajar, aplaudir sus actuaciones y votar cada cuatro años, a la misma formación política.
Está llegando el momento de cambiar muchas mentalidades y que nuestros políticos defiendan, de una vez por todas, los intereses generales por encima de ideologías y partidismos. Es la hora del talante, del diálogo y la negociación para llegar a acuerdos de gobernabilidad o políticas de consenso, puntuales, tendentes a la mejora de la calidad de vida de todos los ciudadanos.
Es la hora de una nueva regeneración democrática para reactivar el desarrollo de una política que vuelva a ser considerada como una actividad noble y de servicio público. Que los propios ciudadanos vuelvan a confiar en sus responsables públicos y en sus promesas. Que la corrupción sea una pesadilla del pasado y la humildad un valor a exportar entre toda la clase política.
A estas alturas de la película aún hay demasiados gobernantes que carecen de honestidad y solo piensan en eternizarse en el poder. La mayoría no entienden de autocrítica y mucho menos de sensibilidad social. Después de los últimos resultados electorales, algunos gobernantes, no fueron quienes de dar ejemplo de humildad. No se creían que podían dejar de gobernar, después de varias legislaturas consecutivas.
La autocrítica ha florecido por su ausencia, entre muchos gobernantes, al sentirse como auténticos señores feudales, tomando a los vecinos como si fuesen vasallos, resignados a callarse, trabajar, aplaudir sus actuaciones y votar cada cuatro años, a la misma formación política.
Está llegando el momento de cambiar muchas mentalidades y que nuestros políticos defiendan, de una vez por todas, los intereses generales por encima de ideologías y partidismos. Es la hora del talante, del diálogo y la negociación para llegar a acuerdos de gobernabilidad o políticas de consenso, puntuales, tendentes a la mejora de la calidad de vida de todos los ciudadanos.
Es la hora de una nueva regeneración democrática para reactivar el desarrollo de una política que vuelva a ser considerada como una actividad noble y de servicio público. Que los propios ciudadanos vuelvan a confiar en sus responsables públicos y en sus promesas. Que la corrupción sea una pesadilla del pasado y la humildad un valor a exportar entre toda la clase política.
























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