OPINIÓN
Un gobierno en fase de mudanza
Una vez más, por un Gobierno que se dice democrático, se ha terminado recurriendo a las medidas excepcionales que le confiere la nueva Ley de Seguridad Ciudadana llevándola contra las legítimas reivindicaciones del pueblo por la vía sancionadora más ejemplarizante. La norma ha recibido fuertes críticas de un ente mediático internacional como es el New York Times que ha escrito: "la ominosa Ley Mordaza de España se remonta inquietantemente a los días oscuros del franquismo".
La propia definición no es sin embargo más que un síntoma fehaciente de la debilidad del Gobierno que amparándose en las medidas excepcionales cree tal vez de poder salir mejor de su propio atolladero. Por quienes defienden la cultura policial (y la Ley de Seguridad Ciudana lo es) se ignora quizá el valor fundamental de ese principio que nos exige distinguir ante quienes con la misma lasitud que han decretado esa excepcionalidad acabarán dirigiendo sus acciones contra el pueblo. Como bien suele decirse, el lobo herido muere matando.
Es la propia incertidumbre de esos políticos que cuando ven peligrar el cargo porque las simpatías de los ciudadanos les están siendo desfavorables empiezan a sacarse la máscara. Se diría que es una especie de compulsión por demostrarnos lo buenos que son y lo poco que nosotros agradecemos su labor. Lo peor que le puede pasar a un político es la falta de credibilidad. Y esto sucede cuando el ciudadano deja de confiar en él o en la transparencia de su gestión. Sencillamente se siente solo y por eso sale de la madriguera, mostrando su peor cara. Es en verdad sintomático de la vida pública y los argumentos son siempre los mismos.
El Gobierno sigue maquinando en los poderes del Estado de acuerdo a los intereses de su propaganda. Cuando se persiste en el error se cae en la dominancia del otro y se pierde el poder. Con la entrada en vigor de la Ley Mordaza esta muerte política se acelera y eso equivale a un Gobierno en fase de mudanza.
En nuestro país todavía entraña un riesgo el hecho de tener opiniones propias; más todavía si estas se exprean en la forma de reivindicaciones sociales. En la calle, donde perdimos el miedo, encontramos la libertad para decidir conforme a nuestra dignidad. De lo que hagamos en cada momento va a depender pues el cambio de los acontecimientos y es lógico que el electorado esté pensando en dar un vuelco a su intención de voto.
Una vez más, por un Gobierno que se dice democrático, se ha terminado recurriendo a las medidas excepcionales que le confiere la nueva Ley de Seguridad Ciudadana llevándola contra las legítimas reivindicaciones del pueblo por la vía sancionadora más ejemplarizante. La norma ha recibido fuertes críticas de un ente mediático internacional como es el New York Times que ha escrito: "la ominosa Ley Mordaza de España se remonta inquietantemente a los días oscuros del franquismo".
La propia definición no es sin embargo más que un síntoma fehaciente de la debilidad del Gobierno que amparándose en las medidas excepcionales cree tal vez de poder salir mejor de su propio atolladero. Por quienes defienden la cultura policial (y la Ley de Seguridad Ciudana lo es) se ignora quizá el valor fundamental de ese principio que nos exige distinguir ante quienes con la misma lasitud que han decretado esa excepcionalidad acabarán dirigiendo sus acciones contra el pueblo. Como bien suele decirse, el lobo herido muere matando.
Es la propia incertidumbre de esos políticos que cuando ven peligrar el cargo porque las simpatías de los ciudadanos les están siendo desfavorables empiezan a sacarse la máscara. Se diría que es una especie de compulsión por demostrarnos lo buenos que son y lo poco que nosotros agradecemos su labor. Lo peor que le puede pasar a un político es la falta de credibilidad. Y esto sucede cuando el ciudadano deja de confiar en él o en la transparencia de su gestión. Sencillamente se siente solo y por eso sale de la madriguera, mostrando su peor cara. Es en verdad sintomático de la vida pública y los argumentos son siempre los mismos.
El Gobierno sigue maquinando en los poderes del Estado de acuerdo a los intereses de su propaganda. Cuando se persiste en el error se cae en la dominancia del otro y se pierde el poder. Con la entrada en vigor de la Ley Mordaza esta muerte política se acelera y eso equivale a un Gobierno en fase de mudanza.
En nuestro país todavía entraña un riesgo el hecho de tener opiniones propias; más todavía si estas se exprean en la forma de reivindicaciones sociales. En la calle, donde perdimos el miedo, encontramos la libertad para decidir conforme a nuestra dignidad. De lo que hagamos en cada momento va a depender pues el cambio de los acontecimientos y es lógico que el electorado esté pensando en dar un vuelco a su intención de voto.
























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