OPINIÓN
El mismo cuento todos los años
Observamos impertérritos al acontecimiento que periódicamente se repite y que aun así parece inevitable. Nos referimos en este caso a la “hipotética” saturación de los Servicios de Urgencias, en boca de todos y aparentemente sin posibilidad de solución por parte de nadie.
Pero en este hecho existen algunos tópicos y también realidades no suficientemente explicadas. Desde los propios servicios de urgencias (SU) y desde su sociedad científica (SEMES) se ha señalado en numerosas ocasiones que los SU están preparados para atender la demanda diaria, que el problema de su saturación deriva de la falta de “drenaje de estos servicios”. Este hecho es sobradamente conocido por los profesionales, e incluso señalado en el muy reciente informe de los defensores del pueblo del año 2015 (https://www.defensordelpueblo.es/informe- monografico/las-urgencias-hospitalarias-en-el-sistema-nacional-de-salud-derechos-y-garantias-de- los-pacientes-estudio-conjunto-de-los-defensores-del-pueblo-enero-2015/ ).
Pero probablemente no se ha explicado claramente a nuestros pacientes que significa el tan señalado “drenaje”. El drenaje de los servicios de urgencias es la salida de los pacientes del servicio, fundamentalmente hacia las plantas de hospitalización. Y, lo que ocurre con implacable repetición año tras año, es que los pacientes no ingresan en planta en tiempo y forma, ocupando numerosos espacios destinados a otros fines (la propia atención de urgencias) y convirtiéndolos en improvisadas zonas de hospitalización. Eso conlleva una reducción del espacio físico para la atención de la propia demanda de urgencias, y una sobrecarga adicional para los profesionales (fundamentalmente enfermería), que tienen que atender las propias urgencias diarias y el “plus” de los pacientes que “ya” deberían estar ingresados en la planta.
Este concepto está muy arraigado en determinados gestores sanitarios, habilitando el uso de los SU como “almacenes” de pacientes, pervirtiendo sin duda el normal funcionamiento de estos servicios. Un SU (independientemente de su tamaño) que además de su actividad diaria, tiene más de un 20% (se ha llegado al 80% en ocasiones) de su capacidad ocupada por pacientes “pendientes de ingreso”, no puede funcionar correctamente. Y todos conocemos cifras de años anteriores, siempre el mismo mensaje, el SU de... tiene 50, 60, hasta 100 pacientes pendientes de ingreso. Un ejemplo puede ser muy ilustrativo, ¿se imaginan ustedes que los quirófanos tuviesen que seguir funcionando con pacientes por los pasillos que fueron intervenidos horas antes...?
Tal vez sea hora de ponerle nombre a las cosas, y proponer la lectura pausada de las recomendaciones de muchas instituciones (entre ellas las señaladas en el citado informe de los defensores del pueblo) e implementar (de una vez por todas) el seguimiento de algún indicador de calidad sencillo: un “simple” tiempo máximo de estancia de 4 horas en el SU tras el trámite administrativo del ingreso hospitalario... Como médicos de urgencias, les podríamos garantizar que prácticamente se “erradicaría” la tan manida saturación. Un indicador centinela (de alarma) debería ser que ningún paciente puede pasar más de 24 horas en un SU por el mismo motivo; es una cuestión de pura lógica, sentido común y sobre todo dignidad. Es evidente que obligaría a la reprogramación de la actividad ordinaria del hospital, la habilitación de nuevas fórmulas de gestión e incluso el cambio de la hasta ahora vigente y obsoleta política de la relación de los hospitales con sus Servicios de Urgencias (parte de ellos, no trasteros), pero evitaríamos el trato impropio a nuestros pacientes.
Porque se nos llena la boca con palabras como calidad en la asistencia, pero el peor ejemplo de la misma es un paciente anciano frágil con un problema respiratorio, con una botella de oxígeno en el lateral de una camilla, en el medio de un pasillo que lleva 36 horas “pendiente” de ingresar... Y es un fracaso de la asistencia sanitaria en TODO su conjunto.
Deberíamos sentarnos y buscar alternativas por el bien de todos; esperar un año más no es la solución.
Observamos impertérritos al acontecimiento que periódicamente se repite y que aun así parece inevitable. Nos referimos en este caso a la “hipotética” saturación de los Servicios de Urgencias, en boca de todos y aparentemente sin posibilidad de solución por parte de nadie.
Pero en este hecho existen algunos tópicos y también realidades no suficientemente explicadas. Desde los propios servicios de urgencias (SU) y desde su sociedad científica (SEMES) se ha señalado en numerosas ocasiones que los SU están preparados para atender la demanda diaria, que el problema de su saturación deriva de la falta de “drenaje de estos servicios”. Este hecho es sobradamente conocido por los profesionales, e incluso señalado en el muy reciente informe de los defensores del pueblo del año 2015 (https://www.defensordelpueblo.es/informe- monografico/las-urgencias-hospitalarias-en-el-sistema-nacional-de-salud-derechos-y-garantias-de- los-pacientes-estudio-conjunto-de-los-defensores-del-pueblo-enero-2015/ ).
Pero probablemente no se ha explicado claramente a nuestros pacientes que significa el tan señalado “drenaje”. El drenaje de los servicios de urgencias es la salida de los pacientes del servicio, fundamentalmente hacia las plantas de hospitalización. Y, lo que ocurre con implacable repetición año tras año, es que los pacientes no ingresan en planta en tiempo y forma, ocupando numerosos espacios destinados a otros fines (la propia atención de urgencias) y convirtiéndolos en improvisadas zonas de hospitalización. Eso conlleva una reducción del espacio físico para la atención de la propia demanda de urgencias, y una sobrecarga adicional para los profesionales (fundamentalmente enfermería), que tienen que atender las propias urgencias diarias y el “plus” de los pacientes que “ya” deberían estar ingresados en la planta.
Este concepto está muy arraigado en determinados gestores sanitarios, habilitando el uso de los SU como “almacenes” de pacientes, pervirtiendo sin duda el normal funcionamiento de estos servicios. Un SU (independientemente de su tamaño) que además de su actividad diaria, tiene más de un 20% (se ha llegado al 80% en ocasiones) de su capacidad ocupada por pacientes “pendientes de ingreso”, no puede funcionar correctamente. Y todos conocemos cifras de años anteriores, siempre el mismo mensaje, el SU de... tiene 50, 60, hasta 100 pacientes pendientes de ingreso. Un ejemplo puede ser muy ilustrativo, ¿se imaginan ustedes que los quirófanos tuviesen que seguir funcionando con pacientes por los pasillos que fueron intervenidos horas antes...?
Tal vez sea hora de ponerle nombre a las cosas, y proponer la lectura pausada de las recomendaciones de muchas instituciones (entre ellas las señaladas en el citado informe de los defensores del pueblo) e implementar (de una vez por todas) el seguimiento de algún indicador de calidad sencillo: un “simple” tiempo máximo de estancia de 4 horas en el SU tras el trámite administrativo del ingreso hospitalario... Como médicos de urgencias, les podríamos garantizar que prácticamente se “erradicaría” la tan manida saturación. Un indicador centinela (de alarma) debería ser que ningún paciente puede pasar más de 24 horas en un SU por el mismo motivo; es una cuestión de pura lógica, sentido común y sobre todo dignidad. Es evidente que obligaría a la reprogramación de la actividad ordinaria del hospital, la habilitación de nuevas fórmulas de gestión e incluso el cambio de la hasta ahora vigente y obsoleta política de la relación de los hospitales con sus Servicios de Urgencias (parte de ellos, no trasteros), pero evitaríamos el trato impropio a nuestros pacientes.
Porque se nos llena la boca con palabras como calidad en la asistencia, pero el peor ejemplo de la misma es un paciente anciano frágil con un problema respiratorio, con una botella de oxígeno en el lateral de una camilla, en el medio de un pasillo que lleva 36 horas “pendiente” de ingresar... Y es un fracaso de la asistencia sanitaria en TODO su conjunto.
Deberíamos sentarnos y buscar alternativas por el bien de todos; esperar un año más no es la solución.

























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