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Viernes, 29 de Septiembre de 2017 Tiempo de lectura:

1.854.000 personas mayores viven solas y, de ellas, más de 7 de cada diez son mujeres

Envejecer viviendo en soledad constituye una conquista social asociada al incremento de la longevidad y a la existencia de un número cada vez mayor de personas que tienen competencias suficientes para vivir solas con plena autonomía.

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“Envejecer viviendo en soledad  constituye una conquista social asociada al incremento de la longevidad y a la existencia de un número cada vez mayor de personas que tienen competencias suficientes para vivir solas con plena autonomía e independencia” tal y como explica la presidenta de la Fundación Amigos de los Mayores, Mayte Sancho que subraya que “en torno a 1.854.000 personas mayores viven solas y, de ellas, más de 7 de cada diez son mujeres”.

 

Así lo indicó este miércoles tarde en Vigo en la I Jornada ‘Ciudadanía y vejez en Galicia: el voluntariado y las personas mayores. Oportunidades y sinergias’, que coorganizaron la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) y Amigos dos Maiores (delegación en Vigo de la ONG Fundación Amigos de los Mayores) en la sede de Afundación.

 

Este encuentro nace como espacio de debate profesional y científico que analiza cómo el envejecimiento y los actuales retos demográficos y sociales afectan a la vida de toda la población, no solo de las personas mayores. Y se aborda desde Galicia, una de las siete regiones más envejecidas de Europa (Eurostat) y donde la población mayor supera el 23%, con provincias como Lugo y Ourense por encima del 30%.

 

Como subrayó esta experta, “a pesar de dichos logros, cuando la vejez avanza, los riesgos derivados de la soledad  también”. De hecho, matizó, “los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (2015 ) informan de la existencia de 368.400 personas de 85 y más años que están solas”. En ese sentido, aseguró que “la investigación demuestra que la combinación soledad  y falta de red social con edad avanzada, enfermedad, barreras arquitectónicas en el domicilio y entorno, bajos ingresos y género femenino tienen consecuencias negativas para la  salud y el bienestar y puede conducir a situaciones de aislamiento social, concepto diferente al de soledad”. 

 

Y es que, como señaló Sancho, “vivir en soledad en España tiene algunas ventajas: la mayoría de las personas mayores tiene contacto telefónico o personal con algún hijo o hija cercano al menos dos veces a la semana. En definitiva, conservamos una  potente red de protección social invisible que acompaña a muchas personas que, aun viviendo solas, no se sienten aisladas”.

 

Sin embargo, lamentó, “el incremento imparable de personas muy mayores que viven solas, está generando una  preocupación creciente entre los poderes públicos y la iniciativa social, que empiezan a poner en marcha proyectos y programas para favorecer la creación de redes sociales y de acompañamiento a estas personas. Amigos de los mayores es un buen ejemplo de este tipo de inicitivas”. 

 

 

 

 

Sin embargo, lamentó, “el incremento imparable de personas muy mayores que viven solas, está generando una  preocupación creciente entre los poderes públicos y la iniciativa social

 

 

 

 

Asimismo, dijo, empiezan a surgir intervenciones en el ámbito de la prevención relacionadas con la gestión de la soledad: “las personas que envejecen, pueden  poner en marcha diversas acciones para vivir con autonomía e independencia, disfrutando de la soledad y evitando el aislamiento social. Cuidar y mantener un buen estado de salud, acondicionar la casa, establecer nuevas relaciones sociales, interesarse por actividades en la comunidad son algunas de ellas. Y como no, saber pedir ayuda cuando se necesita”. 

 

La presidenta de Fundación Amigos de los Mayores concluyó insistiendo en que “la soledad no es una enfermedad, pero necesitamos disponer de herramientas de intervenciones adecuadas para que no llegue a serlo. Y como no de voluntad política y social para paliar esta compleja situación”.

 

LOS BENEFICIOS DEL VOLUNTARIADO

El voluntariado, además de suponer una experiencia intergeneracional y un enriquecimiento personal para sus participantes, es una herramienta ciudadana y colaborativa que contribuye a un envejecimiento de calidad: favorece la autonomía, participación, inclusión y desarrollo personal y social de las personas mayores, paliando la soledad no deseada y sus efectos en la salud. 

 

Lo científico y lo afectivo no son campos opuestos, sino complementarios. Está demostrado que la soledad no deseada puede afectar a la salud, igual que el estado de salud puede afectar al estado anímico.

 

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