Luis Enrique Veiga Rodríguez
Domingo, 13 de Octubre de 2019 Tiempo de lectura:
OPINIÓN
Si; hay un planeta B
En los últimos treinta y cinco años --quizá más-- el "llamado" de Oriente no ha dejado de asomar ante las puertas de nuestra cultura moderna: de penetrar en las capas más profundas de la sociedad occidental. Se ha creado un pequeño revulsivo en el pensamiento, lógico/deductivo de esta sociedad; pero entiendo que para bien e intentando transmitir un pensamiento propio --mezclado eso si de cierto exotismo-- que de algún modo está desconcertando o ha desconcertado al propio Occidente. Vemos como nuestros viejas estructuras sufren transformaciones aceleradas. Y mientras que una parte de la sociedad ha conseguido integrar estos valores sin renunciar a los suyos propios, la otra parte --desorientada-- entra en conflicto.
Es una vertiente manipulable; como un producto de la época y altos niveles de oportunidad política, donde los supuestos ideológicos se manifiestas cegados de cinismo, contra todo lo bueno y lo menos bueno construido por la moderna sociedad de consumo. Es el nuevo "llamado" frente a la crisis ecológica de la que en su caso se pretenden beneficiar. Una vez más, la humanidad traída y llevada como un rebaño.
A nivel personal, tuve hace años mi propio encuentro con ese tipo de orientalismo y durante una etapa me he manejado en esta influencia, bajo la que recibí una valiosa formación sin afectar mi propio credo; en cuanto a valores me ha enriquecido en lo personal.
Soy de la opinión sin embargo que toda formación-integración en esta línea ha de llegar no obstante previamente "procesada" para facilitar su adecuada asimilación: aún siendo culturas tan diferentes ambas se complementan y enriquecen.
En cuyo sentido tuve acceso también, en aquel entonces, a lecturas, charlas y conferencias --quizá restringidas a un sector específico del conocimiento-- en las que se dejaba ya en claro ampliamente documentada la crisis ecológica como un referente cíclico del planeta que irá dando paso a sucesivas transformaciones a las que la propio planeta no puede escapar.
"Estamos --como dicen los agoreros de la era milenaria-- en el tiempo sin tiempo...". Y esto encierra no cabe duda un pequeño mensaje, siempre aleccionador: "no sufras más por el planeta, que ha superado los cuatro millones de años, venciendo en embates y cataclismos de todo tipo. Preocúpate mucho más --si acaso-- de ti mismo y tu propia evolución como especie, que tiene sus años contados dada su soberana estupidez".
En el desconocimiento reside el caldo de cultivo del miedo, el cual nos hace dóciles y manejables; es decir, vulnerables. Y la crisis ecológica no escapa posiblemente a este tipo de planteamiento; somos un producto manipulable. Con similar motivo quiero significar como en los últimos años, algunas universidades de los EU han integrado en sus aulas las corrientes de pensamiento, médicas como filosóficas de Oriente. De modo que hoy se aplican dichos conocimiento a través de un concepto terapéutico que es altamente beneficioso, dentro de la llamada medicina alternativa.
En los últimos treinta y cinco años --quizá más-- el "llamado" de Oriente no ha dejado de asomar ante las puertas de nuestra cultura moderna: de penetrar en las capas más profundas de la sociedad occidental. Se ha creado un pequeño revulsivo en el pensamiento, lógico/deductivo de esta sociedad; pero entiendo que para bien e intentando transmitir un pensamiento propio --mezclado eso si de cierto exotismo-- que de algún modo está desconcertando o ha desconcertado al propio Occidente. Vemos como nuestros viejas estructuras sufren transformaciones aceleradas. Y mientras que una parte de la sociedad ha conseguido integrar estos valores sin renunciar a los suyos propios, la otra parte --desorientada-- entra en conflicto.
Es una vertiente manipulable; como un producto de la época y altos niveles de oportunidad política, donde los supuestos ideológicos se manifiestas cegados de cinismo, contra todo lo bueno y lo menos bueno construido por la moderna sociedad de consumo. Es el nuevo "llamado" frente a la crisis ecológica de la que en su caso se pretenden beneficiar. Una vez más, la humanidad traída y llevada como un rebaño.
A nivel personal, tuve hace años mi propio encuentro con ese tipo de orientalismo y durante una etapa me he manejado en esta influencia, bajo la que recibí una valiosa formación sin afectar mi propio credo; en cuanto a valores me ha enriquecido en lo personal.
Soy de la opinión sin embargo que toda formación-integración en esta línea ha de llegar no obstante previamente "procesada" para facilitar su adecuada asimilación: aún siendo culturas tan diferentes ambas se complementan y enriquecen.
En cuyo sentido tuve acceso también, en aquel entonces, a lecturas, charlas y conferencias --quizá restringidas a un sector específico del conocimiento-- en las que se dejaba ya en claro ampliamente documentada la crisis ecológica como un referente cíclico del planeta que irá dando paso a sucesivas transformaciones a las que la propio planeta no puede escapar.
"Estamos --como dicen los agoreros de la era milenaria-- en el tiempo sin tiempo...". Y esto encierra no cabe duda un pequeño mensaje, siempre aleccionador: "no sufras más por el planeta, que ha superado los cuatro millones de años, venciendo en embates y cataclismos de todo tipo. Preocúpate mucho más --si acaso-- de ti mismo y tu propia evolución como especie, que tiene sus años contados dada su soberana estupidez".
En el desconocimiento reside el caldo de cultivo del miedo, el cual nos hace dóciles y manejables; es decir, vulnerables. Y la crisis ecológica no escapa posiblemente a este tipo de planteamiento; somos un producto manipulable. Con similar motivo quiero significar como en los últimos años, algunas universidades de los EU han integrado en sus aulas las corrientes de pensamiento, médicas como filosóficas de Oriente. De modo que hoy se aplican dichos conocimiento a través de un concepto terapéutico que es altamente beneficioso, dentro de la llamada medicina alternativa.



























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