Luis Enrique Veiga Rodríguez
Martes, 16 de Junio de 2020 Tiempo de lectura:
OPINIÓN
"Ellos..."
"Ellos", son personas con nombres propios, víctimas del azote económico, que no pueden dejarnos indiferentes aunque para muchos pasen desapercibidos.
Esta cruda realidad reclama respuestas más allá de la caridad. Los bancos de alimentos siguen asistiendo a decenas de personas.
Si bien se trata de intervenciones de emergencia, el sistema ha pasado a ser parte del paisaje. La oferta alimentaria, generalmente es inadecuada, con graves problemas de malnutrición, etc.
Al margen de ello esta realidad de comedores sociales, albergues temporales, pabellones deportivos, bancos de alimentos, está generando una grave estigmatización social.
La caridad, lo saben hasta los propios voluntarios, es un mal parche. Si bien hay quienes desde la interpretación cristiana consideran su necesidad.
Al final se convierte en un lastre; los desahuciados necesitan vivienda asequible, los enfermos, ser curados, los sin casa, un techo permanente.
Pero no gracias a la piedad sino por Derecho.
Quienes defienden la caridad incluso en una sociedad más justa son precisamente los que impiden que esa justicia se cumpla. "Me estoy muriendo en la calle".
Son palabras que he escuchado en más de una ocasión, a gentes con nombres y apellidos, con realidades propias. ¿Por qué las brillantes esperanzas de ciertas promesas electorales se han de convertir una vez más en amarga desilusión?
El Gobierno Local debería tomar nota; abordar esta situación y creando nuevos servicios de Atención Social, liderar un plan de choque con la apertura de un albergue puente, donde desplegar los recursos integracionales, con una intervención a largo plazo en los casos crónicos.
Ciertamente y desde la ideología, todas las posturas son igual de respetables, pero es a partir de la capacidad de vertebrar el discurso donde el político va a situar su fuerza de convicción.
No nos parece el caso; por lo mismo, nunca podrá ofrecer la convicción que no tiene, no sabe adónde va o carece del discurso adecuado.
Es el político "light" que prospera en las sombras. Le delata un exceso de cosmética y deja en entredicho una falta notoria de auto-respeto.
Cuando la coherencia se pierde, las ideas se desvanecen, y se deja entrever su demagogia, que es la antesala de su fracaso. Al menos en los objetivos de elevar la calidad de vida de quienes se supone serían el ideal de todo político honesto.
"Ellos", son personas con nombres propios, víctimas del azote económico, que no pueden dejarnos indiferentes aunque para muchos pasen desapercibidos.
Esta cruda realidad reclama respuestas más allá de la caridad. Los bancos de alimentos siguen asistiendo a decenas de personas.
Si bien se trata de intervenciones de emergencia, el sistema ha pasado a ser parte del paisaje. La oferta alimentaria, generalmente es inadecuada, con graves problemas de malnutrición, etc.
Al margen de ello esta realidad de comedores sociales, albergues temporales, pabellones deportivos, bancos de alimentos, está generando una grave estigmatización social.
La caridad, lo saben hasta los propios voluntarios, es un mal parche. Si bien hay quienes desde la interpretación cristiana consideran su necesidad.
Al final se convierte en un lastre; los desahuciados necesitan vivienda asequible, los enfermos, ser curados, los sin casa, un techo permanente.
Pero no gracias a la piedad sino por Derecho.
Quienes defienden la caridad incluso en una sociedad más justa son precisamente los que impiden que esa justicia se cumpla. "Me estoy muriendo en la calle".
Son palabras que he escuchado en más de una ocasión, a gentes con nombres y apellidos, con realidades propias. ¿Por qué las brillantes esperanzas de ciertas promesas electorales se han de convertir una vez más en amarga desilusión?
El Gobierno Local debería tomar nota; abordar esta situación y creando nuevos servicios de Atención Social, liderar un plan de choque con la apertura de un albergue puente, donde desplegar los recursos integracionales, con una intervención a largo plazo en los casos crónicos.
Ciertamente y desde la ideología, todas las posturas son igual de respetables, pero es a partir de la capacidad de vertebrar el discurso donde el político va a situar su fuerza de convicción.
No nos parece el caso; por lo mismo, nunca podrá ofrecer la convicción que no tiene, no sabe adónde va o carece del discurso adecuado.
Es el político "light" que prospera en las sombras. Le delata un exceso de cosmética y deja en entredicho una falta notoria de auto-respeto.
Cuando la coherencia se pierde, las ideas se desvanecen, y se deja entrever su demagogia, que es la antesala de su fracaso. Al menos en los objetivos de elevar la calidad de vida de quienes se supone serían el ideal de todo político honesto.


























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