Igualdad
Las otras víctimas de la violencia machista
Los niños y niñas, también son víctimas de la violencia de género |Archive Ingimage
Oímos hablar constantemente de violencia de género. Esta violencia se puede definir, como una relación de poder desigual entre hombres y mujeres que han conducido a la dominación de la mujer y la discriminación por parte del hombre impidiendo su avance en todos los ámbitos. Este aspecto que anteriormente se consideraba como algo dentro del entorno familiar y privado, ahora se califica como un problema social, es la forma más común de violencia sufrida por las mujeres de todo el mundo, pero más grave es, si en esta situación afecta a los niños y niñas habidos en la unidad familiar.
Los niños, como seres humanos vulnerables, están protegidos como así consta en la Declaración de los Derechos de la Infancia: “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, mortal, espiritual y socialmente en forma saludable, así como las condiciones de libertad y dignidad”.
Los niños y niñas, también son víctimas de la violencia de género, aunque en gran medida no se les considera como tales, ya que muchas veces, por no decir todas, son testigos de estas situaciones. La agresión contra la madre cada vez es mayor, por lo que se considera una forma directa al maltrato hacia la infancia.
En los últimos años, la sensibilización social e institucional hacia la violencia de género, junto con la ejercida hacia la infancia, ha crecido. Estudios realizados sobre mujeres maltratadas, concluyen que la exposición de los niños y las niñas a situación de violencia de género, origina en ellos efectos similares a los que produce el hecho de ser maltratados directamente.
Una expresión brutal de violencia, son los casos en el que el agresor mata a los niños y no a la madre para que ella tenga que vivir con ese daño, que está englobada dentro de la violencia de género, la llamada violencia vicaria: “Es una de las formas más extremas de ejercer la violencia sobre la mujer a través de sus seres queridos, especialmente de sus hijos e hijas”.
La violencia en la pareja, se halla íntimamente ligada al maltrato infantil, por lo que el maltratador usa a los hijos como un arma con la que golpear a su madre que sufre pánico y dolor, llegando a formar parte de una forma de deshumanización de los menores, no son conscientes que están maltratando a sus hijos.
Entre los casos más conocidos, se encuentra el de José Bretón por asesinar y quemar en 2011 a sus hijos, José y Ruth. Otro, el padre que mató con una sierra radial a sus hijas de nueve y cuatro años, Amaia y Candela, tras drogarlas en su domicilio. El niño Gabriel, conocido por sus familiares como “El Pescadito”, con tan solo ocho años, asesinado por la pareja de su padre. Recordar también el crimen perpetrado por Tomás Gimeno, que decidió quitarle la vida a sus dos hijas, Olivia y Anna, también añadir otro ocurrido días atrás en un pueblo de Valencia donde el padre mata a su hijo el mismo día que cumplía once años, atacando al más débil y hacer el daño mas grande que es condenar a la madre de por vida con ese sufrimiento.
Este tipo de situaciones, hacen llegar al extremo de calificarlo como asesinato, las madres quedan vivas, pero a su vez muertas, es la sensación de estar enterradas en vida. En la última década, los casos de abusos a menores se han doblado, pero apenas una quinta parte va a juicio al no denunciar los hechos.
Según Hirigoyen: “Para un niño, ser testigo de violencia conyugal viene a ser lo mismo que recibir el maltrato en sus propias carnes”
Los niños y niñas, también son víctimas de la violencia de género |Archive IngimageOímos hablar constantemente de violencia de género. Esta violencia se puede definir, como una relación de poder desigual entre hombres y mujeres que han conducido a la dominación de la mujer y la discriminación por parte del hombre impidiendo su avance en todos los ámbitos. Este aspecto que anteriormente se consideraba como algo dentro del entorno familiar y privado, ahora se califica como un problema social, es la forma más común de violencia sufrida por las mujeres de todo el mundo, pero más grave es, si en esta situación afecta a los niños y niñas habidos en la unidad familiar.
Los niños, como seres humanos vulnerables, están protegidos como así consta en la Declaración de los Derechos de la Infancia: “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, mortal, espiritual y socialmente en forma saludable, así como las condiciones de libertad y dignidad”.
Los niños y niñas, también son víctimas de la violencia de género, aunque en gran medida no se les considera como tales, ya que muchas veces, por no decir todas, son testigos de estas situaciones. La agresión contra la madre cada vez es mayor, por lo que se considera una forma directa al maltrato hacia la infancia.
En los últimos años, la sensibilización social e institucional hacia la violencia de género, junto con la ejercida hacia la infancia, ha crecido. Estudios realizados sobre mujeres maltratadas, concluyen que la exposición de los niños y las niñas a situación de violencia de género, origina en ellos efectos similares a los que produce el hecho de ser maltratados directamente.
Una expresión brutal de violencia, son los casos en el que el agresor mata a los niños y no a la madre para que ella tenga que vivir con ese daño, que está englobada dentro de la violencia de género, la llamada violencia vicaria: “Es una de las formas más extremas de ejercer la violencia sobre la mujer a través de sus seres queridos, especialmente de sus hijos e hijas”.
La violencia en la pareja, se halla íntimamente ligada al maltrato infantil, por lo que el maltratador usa a los hijos como un arma con la que golpear a su madre que sufre pánico y dolor, llegando a formar parte de una forma de deshumanización de los menores, no son conscientes que están maltratando a sus hijos.
Entre los casos más conocidos, se encuentra el de José Bretón por asesinar y quemar en 2011 a sus hijos, José y Ruth. Otro, el padre que mató con una sierra radial a sus hijas de nueve y cuatro años, Amaia y Candela, tras drogarlas en su domicilio. El niño Gabriel, conocido por sus familiares como “El Pescadito”, con tan solo ocho años, asesinado por la pareja de su padre. Recordar también el crimen perpetrado por Tomás Gimeno, que decidió quitarle la vida a sus dos hijas, Olivia y Anna, también añadir otro ocurrido días atrás en un pueblo de Valencia donde el padre mata a su hijo el mismo día que cumplía once años, atacando al más débil y hacer el daño mas grande que es condenar a la madre de por vida con ese sufrimiento.
Este tipo de situaciones, hacen llegar al extremo de calificarlo como asesinato, las madres quedan vivas, pero a su vez muertas, es la sensación de estar enterradas en vida. En la última década, los casos de abusos a menores se han doblado, pero apenas una quinta parte va a juicio al no denunciar los hechos.
Según Hirigoyen: “Para un niño, ser testigo de violencia conyugal viene a ser lo mismo que recibir el maltrato en sus propias carnes”



























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