Martes, 13 de Enero de 2026

Redacción / Xornal21.es
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La obsesión por el autocuidado: la nueva adicción del mes de enero

Yuri Govigli, técnico en conductas adictivas de EsvidasYuri Govigli, técnico en conductas adictivas de Esvidas

Expertos alertan de que los propósitos de Año Nuevo pueden desembocar en conductas compulsivas como la ortorexia, la vigorexia o la adicción al trabajo, patologías en auge sin consumo de sustancias.

La fiebre colectiva por los propósitos de Año Nuevo, con gimnasios abarrotados y retos de superación personal, está revelando la cara menos saludable del autocuidado. Especialistas en salud mental advierten del aumento de las adicciones sin sustancia, conductas compulsivas como la obsesión por el ejercicio o la alimentación saludable que, aunque socialmente aceptadas, responden a los mismos mecanismos neurobiológicos que otras dependencias.

 

 

“La frontera entre el cuidado y la obsesión es cada vez más difusa, sobre todo en una sociedad que premia el rendimiento y la imagen”, explica Antonio Ortega, director terapéutico de Esvidas, una red de centros especializados en adicciones conductuales. Según los expertos, lo que comienza como una rutina positiva puede transformarse en un ciclo de exigencia extrema y frustración constante, impulsado por la búsqueda de validación.

 

Entre las patologías que más crecen destacan la ortorexia (obsesión por comer sano), la vigorexia (dependencia del ejercicio físico), la adicción al trabajo o el uso compulsivo de redes sociales y aplicaciones de bienestar. Estas conductas, altamente valoradas socialmente, generan una gratificación inmediata en el cerebro (liberación de dopamina) que perpetúa el ciclo adictivo. “El cerebro no distingue entre correr diez kilómetros y consumir una sustancia: solo registra la liberación de dopamina”, señala Yuri Govigli, técnico en conductas adictivas de Esvidas.

 

Los profesionales apuntan a las redes sociales como un potenciador clave de este fenómeno. La exposición constante a modelos idealizados de éxito y transformación personal alimenta una comparación permanente y la sensación de no hacer nunca lo suficiente. “Vivimos en una sociedad que confunde el bienestar con el rendimiento. El cuerpo se convierte en un proyecto, la alimentación en una prueba de fuerza de voluntad y el descanso en una muestra de debilidad”, afirma Lucía Fronteriz, trabajadora social del centro.

 

El patrón común, según los terapeutas, es el paso de la motivación al agotamiento psicológico. La conducta se vuelve problemática cuando provoca malestar, pérdida de libertad o deterioro funcional, pero estos signos a menudo se disfrazan de virtudes como la disciplina. “La clave no está en cuánto se hace, sino en desde dónde se hace. Cuidarse no puede convertirse en una forma de castigarse”, subraya Fronteriz.

 

Los expertos concluyen que el núcleo de estas adicciones, con o sin sustancia, es la dificultad para tolerar el malestar emocional, buscando llenar ese vacío con conductas que proporcionen una sensación ilusoria de control.

 

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