SALUD
Una tesis del IDIS estudia una hormona como posible biomarcador de enfermedades mentales
La búsqueda de biomarcadores objetivos para los trastornos mentales graves ha dado un paso significativo en Galicia. Una tesis desarrollada en el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS) y el Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur (IISGS) ha analizado por primera vez en España el papel del sistema de factor de crecimiento similar a la insulina tipo 2 (IGF-2) como potencial indicador biológico en tres patologías psiquiátricas de gran impacto: la esquizofrenia, el trastorno depresivo mayor y el trastorno bipolar.
La investigación, presentada por el científico Carlos Fernández Pereira y dirigida por Roberto Carlos Agís-Balboa y Saida Ortolano, se enmarca en la necesidad urgente de herramientas de diagnóstico más precisas. Actualmente, el diagnóstico de estos trastornos sigue siendo fundamentalmente subjetivo, basado en la evaluación clínica, al carecer de marcadores biológicos fiables. La OMS estima que en 2022 una de cada siete personas vivía con algún trastorno mental, siendo estas tres enfermedades algunas de las más discapacitantes.
El trabajo, realizado entre 2020 y 2025 en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, se centró en el sistema IGF, formado por los ligandos IGF-1 e IGF-2, sus proteínas de unión (IGFBPs) y sus receptores. Este sistema es crucial en procesos de neuroprotección, plasticidad sináptica y regulación del neurodesarrollo, y podría actuar como un integrador de varios de los mecanismos biológicos alterados en estas enfermedades.
Los hallazgos, específicos para cada patología, son reveladores:
En esquizofrenia: Se encontraron niveles plasmáticos de IGF-2 reducidos en pacientes con un primer episodio psicótico, que aumentaron significativamente tras iniciar tratamiento con antipsicóticos. En pacientes crónicos en tratamiento estable, los niveles aparecían elevados. Esto sugiere que IGF-2 podría reflejar tanto alteraciones iniciales del neurodesarrollo como la respuesta a la medicación.
En trastorno depresivo mayor: El estudio, pionero en humanos en este campo, halló que IGF-2 aparece significativamente elevado en comparación con sujetos sanos, y desciende tras unas semanas de tratamiento antidepresivo. Los investigadores plantean la hipótesis de un mecanismo compensatorio, donde el aumento periférico de IGF-2 intentaría suplir unos niveles posiblemente reducidos en el cerebro.
En trastorno bipolar (fase maníaca): No se observaron cambios significativos en IGF-2, pero sí disminuciones claras en las proteínas de unión IGFBP-3 e IGFBP-5, cruciales para la estabilidad del sistema. Además, se constató un aumento del marcador inflamatorio MCP-1, que se normaliza con el tratamiento, sugiriendo una interacción entre factores neurotróficos e inflamación.
La tesis concluye que, pese a la escasez de evidencia previa, el IGF-2 muestra alteraciones consistentes y dependientes del tratamiento en estos trastornos, posicionando al sistema IGF como un candidato relevante para una futura psiquiatría de precisión. Los autores subrayan la necesidad de cautela y de promover estudios multimodales que integren biomarcadores periféricos, neuroimagen y genética. El objetivo final es complementar el modelo clínico actual con datos biológicos objetivos, avanzando hacia un diagnóstico más integrador y personalizado que mejore la vida de los pacientes.

La búsqueda de biomarcadores objetivos para los trastornos mentales graves ha dado un paso significativo en Galicia. Una tesis desarrollada en el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS) y el Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur (IISGS) ha analizado por primera vez en España el papel del sistema de factor de crecimiento similar a la insulina tipo 2 (IGF-2) como potencial indicador biológico en tres patologías psiquiátricas de gran impacto: la esquizofrenia, el trastorno depresivo mayor y el trastorno bipolar.
La investigación, presentada por el científico Carlos Fernández Pereira y dirigida por Roberto Carlos Agís-Balboa y Saida Ortolano, se enmarca en la necesidad urgente de herramientas de diagnóstico más precisas. Actualmente, el diagnóstico de estos trastornos sigue siendo fundamentalmente subjetivo, basado en la evaluación clínica, al carecer de marcadores biológicos fiables. La OMS estima que en 2022 una de cada siete personas vivía con algún trastorno mental, siendo estas tres enfermedades algunas de las más discapacitantes.
El trabajo, realizado entre 2020 y 2025 en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, se centró en el sistema IGF, formado por los ligandos IGF-1 e IGF-2, sus proteínas de unión (IGFBPs) y sus receptores. Este sistema es crucial en procesos de neuroprotección, plasticidad sináptica y regulación del neurodesarrollo, y podría actuar como un integrador de varios de los mecanismos biológicos alterados en estas enfermedades.
Los hallazgos, específicos para cada patología, son reveladores:
En esquizofrenia: Se encontraron niveles plasmáticos de IGF-2 reducidos en pacientes con un primer episodio psicótico, que aumentaron significativamente tras iniciar tratamiento con antipsicóticos. En pacientes crónicos en tratamiento estable, los niveles aparecían elevados. Esto sugiere que IGF-2 podría reflejar tanto alteraciones iniciales del neurodesarrollo como la respuesta a la medicación.
En trastorno depresivo mayor: El estudio, pionero en humanos en este campo, halló que IGF-2 aparece significativamente elevado en comparación con sujetos sanos, y desciende tras unas semanas de tratamiento antidepresivo. Los investigadores plantean la hipótesis de un mecanismo compensatorio, donde el aumento periférico de IGF-2 intentaría suplir unos niveles posiblemente reducidos en el cerebro.
En trastorno bipolar (fase maníaca): No se observaron cambios significativos en IGF-2, pero sí disminuciones claras en las proteínas de unión IGFBP-3 e IGFBP-5, cruciales para la estabilidad del sistema. Además, se constató un aumento del marcador inflamatorio MCP-1, que se normaliza con el tratamiento, sugiriendo una interacción entre factores neurotróficos e inflamación.
La tesis concluye que, pese a la escasez de evidencia previa, el IGF-2 muestra alteraciones consistentes y dependientes del tratamiento en estos trastornos, posicionando al sistema IGF como un candidato relevante para una futura psiquiatría de precisión. Los autores subrayan la necesidad de cautela y de promover estudios multimodales que integren biomarcadores periféricos, neuroimagen y genética. El objetivo final es complementar el modelo clínico actual con datos biológicos objetivos, avanzando hacia un diagnóstico más integrador y personalizado que mejore la vida de los pacientes.





























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