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MOTOR

Cordula Pflaum, la pionera que conquistó los cielos y la cabina de Lufthansa

Una de las primeras mujeres piloto de Lufthansa, instructora pionera y responsable de gestión de crisis tras accidentes como el de Germanwings, mantiene intacta su pasión por volar

Entre la bruma de Katmandú y las luces de la frontera entre India y Pakistán, visibles desde el espacio, Cordula Pflaum ha encontrado su oficina. Con más de 18.000 horas de vuelo —el equivalente a 750 días completos en el aire—, esta capitana de Lufthansa no solo ha acumulado experiencia, sino que ha roto barreras en un mundo tradicionalmente masculino. Nacida en 1969, superó las pruebas de aptitud a los 19 años y, en 1990, inició una formación que la convertiría en una de las primeras mujeres piloto de la compañía. Una década después, ascendía a comandante.

 

 

Su camino no estuvo exento de obstáculos. "Nunca quise que se me percibiera como una mujer que vuela, sino como una persona que vuela", afirma Pflaum, quien a finales de los 90 se convirtió en la primera instructora de Lufthansa, allanando el camino para otras cinco mujeres que hoy ocupan ese puesto. "Las mujeres jóvenes deben alzar la voz", sostiene. "Así tendrán oportunidades con las que nuestras madres solo podían soñar".

 

Más allá de la cabina, su expertise la ha llevado a ser consultora de liderazgo y experta en gestión de crisis. En Lufthansa, ostenta el título oficial de responsable de "Gestión del estrés por incidentes críticos", un rol que la situó en primera línea tras el accidente de Germanwings en 2015. "Después de un accidente así, también es importante apoyar a las tripulaciones no involucradas directamente. Y, para eso, la clave es hablar", explica.

 

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Su pasión por los motores potentes trasciende las nubes. En tierra, recorre unos 60.000 kilómetros al año entre Baviera y los aeropuertos de Múnich y Fráncfort al volante de su Porsche Macan GTS, un vehículo que describe como "directo, elegante, estilizado". Atrás quedaron los tiempos en que, tras cinco días de vuelo, echaba de menos la potencia en su Volkswagen Escarabajo.

 

A sus 55 años, con un granero reformado en Hallstadt como hogar y dos hijas que han heredado su curiosidad por el mundo, Pflaum mantiene intacta la emoción de su primer vuelo en solitario. "Soy piloto por pasión, porque me gusta manejar la tecnología", confiesa. Atravesar la capa de nubes, ver la aurora boreal o el cielo estrellado desde lo que llama "la oficina más bonita del mundo" sigue siendo, para ella, un privilegio diario. Y aunque su lista de deseos incluye Bután, Groenlandia o Japón, una cosa es clara: Cordula Pflaum aún no se ha cansado de volar.

 

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