Del Viernes, 30 de Enero de 2026 al Sábado, 31 de Enero de 2026
Actualidad
La recaída acecha: más del 70% de los tratados por alcoholismo vuelven a beber en dos años
Antonio Peña, médico de Esvidas es
La ciencia revela que los cambios cerebrales provocados por la adicción persisten durante años, haciendo esencial un apoyo continuado mucho más allá de la abstinencia inicial.
Dejar de beber es solo el primer paso en un largo camino. La adicción al alcohol deja una huella profunda y duradera en el cerebro, lo que explica que más del 70% de las personas que completan un tratamiento recaigan en el consumo, según datos expuestos por especialistas. El periodo medio de abstinencia antes de una posible recaída es de apenas seis meses, y el riesgo se mantiene elevado incluso dos años después del alta, cuando el cerebro sigue reaccionando de forma automática a estímulos asociados a la bebida.
La creencia social de que superar la adicción es una cuestión de fuerza de voluntad choca frontalmente con la evidencia neurocientífica. El consumo prolongado de alcohol altera regiones clave como la amígdala, la corteza prefrontal y los ganglios basales, afectando a la gestión emocional, el control de impulsos y la respuesta al estrés. Además, se producen desequilibrios en neurotransmisores como la dopamina y la serotonina. "Aunque una persona logre dejar de beber, su cerebro conserva esas marcas durante años", explica el médico Antonio Peña, de Esvidas.
Esta realidad biológica demanda un cambio de paradigma en el enfoque de la recuperación. Un estudio realizado por el Hospital 12 de Octubre de Madrid y la Universidad Miguel Hernández corrobora que el riesgo permanece alto tras el tratamiento, al desaparecer la supervisión constante. Gabriel Rubio, jefe de Psiquiatría del 12 de Octubre y autor de la investigación, insiste en que las estrategias "deberían ser sostenidas en el tiempo, al menos durante cinco años, y personalizadas".
En esta línea, Adrián Gallardo, director terapéutico de Esvidas, advierte: "Salir del programa no implica estar curado, sino comenzar una nueva etapa en la que es imprescindible mantenerse conectado con la enfermedad". Este mantenimiento pasa por la participación en terapia de grupo, el cultivo de hábitos saludables y el trabajo constante en la conciencia de enfermedad.
La investigación avanza también en la búsqueda de herramientas objetivas para predecir el riesgo. Estudios recientes apuntan a la hormona del estrés, el cortisol, como un posible biomarcador. Las personas con historial de alcoholismo muestran una respuesta atenuada de esta hormona ante estímulos relacionados con la bebida, un fenómeno ligado a un mayor deseo de consumir. "Medir los niveles de cortisol en saliva podría utilizarse para identificar quiénes tienen más riesgo", señala Jorge Manzanares, profesor de Farmacología e investigador del Instituto de Neurociencias.
El mensaje es claro para familias y sociedad: el alcoholismo es una enfermedad crónica del cerebro. La recuperación exige un acompañamiento constante, la eliminación de estigmas y la comprensión de que la abstinencia inicial no equivale a una cura. Como resume el doctor Peña, se necesita "un acompañamiento constante, estrategias sostenidas en el tiempo y un entorno social que ofrezca comprensión y apoyo".
Antonio Peña, médico de Esvidas esDejar de beber es solo el primer paso en un largo camino. La adicción al alcohol deja una huella profunda y duradera en el cerebro, lo que explica que más del 70% de las personas que completan un tratamiento recaigan en el consumo, según datos expuestos por especialistas. El periodo medio de abstinencia antes de una posible recaída es de apenas seis meses, y el riesgo se mantiene elevado incluso dos años después del alta, cuando el cerebro sigue reaccionando de forma automática a estímulos asociados a la bebida.
La creencia social de que superar la adicción es una cuestión de fuerza de voluntad choca frontalmente con la evidencia neurocientífica. El consumo prolongado de alcohol altera regiones clave como la amígdala, la corteza prefrontal y los ganglios basales, afectando a la gestión emocional, el control de impulsos y la respuesta al estrés. Además, se producen desequilibrios en neurotransmisores como la dopamina y la serotonina. "Aunque una persona logre dejar de beber, su cerebro conserva esas marcas durante años", explica el médico Antonio Peña, de Esvidas.
Esta realidad biológica demanda un cambio de paradigma en el enfoque de la recuperación. Un estudio realizado por el Hospital 12 de Octubre de Madrid y la Universidad Miguel Hernández corrobora que el riesgo permanece alto tras el tratamiento, al desaparecer la supervisión constante. Gabriel Rubio, jefe de Psiquiatría del 12 de Octubre y autor de la investigación, insiste en que las estrategias "deberían ser sostenidas en el tiempo, al menos durante cinco años, y personalizadas".
En esta línea, Adrián Gallardo, director terapéutico de Esvidas, advierte: "Salir del programa no implica estar curado, sino comenzar una nueva etapa en la que es imprescindible mantenerse conectado con la enfermedad". Este mantenimiento pasa por la participación en terapia de grupo, el cultivo de hábitos saludables y el trabajo constante en la conciencia de enfermedad.
La investigación avanza también en la búsqueda de herramientas objetivas para predecir el riesgo. Estudios recientes apuntan a la hormona del estrés, el cortisol, como un posible biomarcador. Las personas con historial de alcoholismo muestran una respuesta atenuada de esta hormona ante estímulos relacionados con la bebida, un fenómeno ligado a un mayor deseo de consumir. "Medir los niveles de cortisol en saliva podría utilizarse para identificar quiénes tienen más riesgo", señala Jorge Manzanares, profesor de Farmacología e investigador del Instituto de Neurociencias.
El mensaje es claro para familias y sociedad: el alcoholismo es una enfermedad crónica del cerebro. La recuperación exige un acompañamiento constante, la eliminación de estigmas y la comprensión de que la abstinencia inicial no equivale a una cura. Como resume el doctor Peña, se necesita "un acompañamiento constante, estrategias sostenidas en el tiempo y un entorno social que ofrezca comprensión y apoyo".















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