SALUD
Un estudio gallego detecta alteraciones en péptidos amiloides en la sangre de pacientes con depresión mayor
La investigación del IDIS explora mediante un análisis de sangre la conexión biológica entre la depresión y un mayor riesgo de deterioro cognitivo, hallando un patrón distintivo en biomarcadores clave.
El trastorno depresivo mayor (TDM) está reconocido como un factor de riesgo para el desarrollo de deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, pero los mecanismos biológicos que explican este vínculo siguen siendo un enigma. Un estudio pionero liderado por el grupo de Investigación Traslacional en Enfermedades Neurológicas (ITEN) del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela (IDIS) arroja ahora nueva luz. La investigación, realizada en colaboración con el servicio de Neurología del CHUS y el Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur (IISGS), ha detectado alteraciones significativas en los niveles plasmáticos de péptidos beta-amiloide en pacientes con diagnóstico de depresión mayor.
Publicado en la revista International Journal of Molecular Sciences, este trabajo constituye el primer estudio observacional a nivel mundial que evalúa de manera simultánea en plasma, mediante la tecnología ultrasensible SIMOA, un panel de cuatro marcadores: los péptidos beta-amiloide 40 y 42, el neurofilamento ligero (NfL, indicador de daño neuroaxonal) y la proteína ácida fibrilar glial (GFAP, asociada a activación astroglial). Esto supone un avance metodológico crucial, ya que tradicionalmente estos biomarcadores se medían en líquido cefalorraquídeo mediante punción lumbar, una técnica invasiva y poco práctica para screenings rutinarios.
Hallazgos distintivos y llamativos
Los resultados, tras ajustar por edad y sexo, mostraron que los pacientes con TDM presentaban niveles plasmáticos reducidos de los péptidos amiloides 40 y 42 en comparación con el grupo control sano. Sin embargo, no se detectaron diferencias significativas en los marcadores de daño neuronal (NfL) y astroglial (GFAP), cuyo nivel principal predictor fue la edad. “Hasta donde sabemos, este es el primer estudio en depresión mayor que emplea SIMOA para medir de forma simultánea los cuatro marcadores en plasma”, señala el Dr. Roberto C. Agís-Balboa, colíder del grupo ITEN.
Un aspecto crucial es que la reducción amiloide observada no sigue el patrón típico del Alzheimer, donde lo característico es un descenso relativo del péptido 42 frente al 40 (ratio Aβ42/Aβ40). “La reducción observada es consistente, pero es en ambos péptidos”, explica Agís-Balboa, lo que sugiere un mecanismo subyacente diferente. Además, la cohorte estudiada no presentaba deterioro cognitivo ni era de edad avanzada, lo que hace el hallazgo más relevante para entender las fases iniciales de este vínculo clínico.
Cautela y futuras líneas de investigación
Los investigadores subrayan la necesidad de interpretar los resultados con extrema precaución y en un marco exploratorio. “La reducción de los niveles de beta-amiloide podría estar relacionada con otros factores sistémicos o metabólicos correlacionados con la depresión, y no necesariamente con un proceso neurodegenerativo subyacente”, apunta el investigador Carlos Fernández Pereira. Entre las limitaciones del estudio figuran el tamaño muestral modesto y la potencial influencia de factores como el tratamiento farmacológico.
El siguiente paso fundamental, según el Dr. José M. Prieto, Jefe del servicio de Neurología del CHUS, son los estudios longitudinales prospectivos. “Es imprescindible avanzar hacia este tipo de diseños para comprender mejor la compleja interfaz entre depresión y neurodegeneración. Así podríamos ver la evolución de estos marcadores en sangre desde la depresión mayor hasta un posible estadio de demencia”, concluye. El trabajo, financiado por el Instituto de Salud Carlos III, destaca la importancia de la colaboración interdisciplinar para desarrollar biomarcadores accesibles en psiquiatría.

El trastorno depresivo mayor (TDM) está reconocido como un factor de riesgo para el desarrollo de deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, pero los mecanismos biológicos que explican este vínculo siguen siendo un enigma. Un estudio pionero liderado por el grupo de Investigación Traslacional en Enfermedades Neurológicas (ITEN) del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela (IDIS) arroja ahora nueva luz. La investigación, realizada en colaboración con el servicio de Neurología del CHUS y el Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur (IISGS), ha detectado alteraciones significativas en los niveles plasmáticos de péptidos beta-amiloide en pacientes con diagnóstico de depresión mayor.
Publicado en la revista International Journal of Molecular Sciences, este trabajo constituye el primer estudio observacional a nivel mundial que evalúa de manera simultánea en plasma, mediante la tecnología ultrasensible SIMOA, un panel de cuatro marcadores: los péptidos beta-amiloide 40 y 42, el neurofilamento ligero (NfL, indicador de daño neuroaxonal) y la proteína ácida fibrilar glial (GFAP, asociada a activación astroglial). Esto supone un avance metodológico crucial, ya que tradicionalmente estos biomarcadores se medían en líquido cefalorraquídeo mediante punción lumbar, una técnica invasiva y poco práctica para screenings rutinarios.
Hallazgos distintivos y llamativos
Los resultados, tras ajustar por edad y sexo, mostraron que los pacientes con TDM presentaban niveles plasmáticos reducidos de los péptidos amiloides 40 y 42 en comparación con el grupo control sano. Sin embargo, no se detectaron diferencias significativas en los marcadores de daño neuronal (NfL) y astroglial (GFAP), cuyo nivel principal predictor fue la edad. “Hasta donde sabemos, este es el primer estudio en depresión mayor que emplea SIMOA para medir de forma simultánea los cuatro marcadores en plasma”, señala el Dr. Roberto C. Agís-Balboa, colíder del grupo ITEN.
Un aspecto crucial es que la reducción amiloide observada no sigue el patrón típico del Alzheimer, donde lo característico es un descenso relativo del péptido 42 frente al 40 (ratio Aβ42/Aβ40). “La reducción observada es consistente, pero es en ambos péptidos”, explica Agís-Balboa, lo que sugiere un mecanismo subyacente diferente. Además, la cohorte estudiada no presentaba deterioro cognitivo ni era de edad avanzada, lo que hace el hallazgo más relevante para entender las fases iniciales de este vínculo clínico.
Cautela y futuras líneas de investigación
Los investigadores subrayan la necesidad de interpretar los resultados con extrema precaución y en un marco exploratorio. “La reducción de los niveles de beta-amiloide podría estar relacionada con otros factores sistémicos o metabólicos correlacionados con la depresión, y no necesariamente con un proceso neurodegenerativo subyacente”, apunta el investigador Carlos Fernández Pereira. Entre las limitaciones del estudio figuran el tamaño muestral modesto y la potencial influencia de factores como el tratamiento farmacológico.
El siguiente paso fundamental, según el Dr. José M. Prieto, Jefe del servicio de Neurología del CHUS, son los estudios longitudinales prospectivos. “Es imprescindible avanzar hacia este tipo de diseños para comprender mejor la compleja interfaz entre depresión y neurodegeneración. Así podríamos ver la evolución de estos marcadores en sangre desde la depresión mayor hasta un posible estadio de demencia”, concluye. El trabajo, financiado por el Instituto de Salud Carlos III, destaca la importancia de la colaboración interdisciplinar para desarrollar biomarcadores accesibles en psiquiatría.





























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