Día Jueves, 05 de Marzo de 2026
ACTUALIDAD
Nueve de cada diez jóvenes españoles sufren soledad no deseada
La Fundación Affinity destaca que los animales de compañía actúan como facilitadores sociales y apoyo emocional para adolescentes en un contexto de malestar psicológico generalizado, coincidiendo con el Día Mundial del Bienestar Mental de los Adolescentes y la reciente aprobación del Marco Estratégico Estatal de las Soledades
En un mundo hiperconectado, la paradoja golpea con dureza a la juventud española. Nueve de cada diez jóvenes de entre 20 y 24 años sufren soledad no deseada, un fenómeno que se ha consolidado como la principal causa de malestar psicológico en este sector de la población. La cifra, lejos de ser una anécdota estadística, refleja una crisis silenciosa que coincide con la reciente aprobación por parte del Consejo de Ministros de un Marco Estratégico Estatal de las Soledades y con la celebración del Día Mundial del Bienestar Mental de los Adolescentes.
Ante este panorama, la Fundación Affinity ha puesto el foco en un aliado inesperado: los perros. Según una revisión sistemática realizada por la entidad, los canes actúan como facilitadores del contacto social, favoreciendo que otras personas se acerquen e inicien una conversación. Para un adolescente que sufre soledad o tristeza, pasear con su perro no solo le obliga a salir de casa, sino que multiplica las interacciones con otras personas, lo que puede traducirse en mayor apoyo social y reducción de los sentimientos de aislamiento.
"En la adolescencia experimentamos muchos cambios que no sabemos cómo gestionarlos. Por ello, el vínculo que se establece con el animal puede acompañar y sostener emocionalmente, no porque cure, sino por los procesos que activa", explica Loreto Sánchez, psicóloga colaboradora de la Fundación Affinity.
La experta señala que para un adolescente, el animal de compañía permite establecer pequeñas acciones como jugar o pasear que ayudan a moverse cuando hay apatía. También facilita que puedan hablar de sí mismos, ya que tienden a contar a su perro o su gato cosas que les cuesta expresar en primera persona. Sin embargo, Sánchez lanza una advertencia: "para que el vínculo sea sano y pueda acompañar y sostener, se tiene que cuidar a los dos. El animal no está para cargar con todo el malestar del adolescente. Leer sus señales, respetar sus descansos y límites también es parte del vínculo".
Al sentimiento de soledad se suma que el 33% de los adolescentes de entre 15 y 19 años siente con frecuencia que le cuesta encajar o hacer amigos. En este contexto, el animal de compañía cumple una función de mecanismo de afrontamiento, convirtiéndose en un apoyo social importante. Los expertos remarcan que, aunque la presencia de un animal beneficia al adolescente por el vínculo que se establece, no se trata solo de convivir con él, sino de construir una relación genuina.
"El animal de compañía puede favorecer la dinámica familiar y mejorar la comunicación entre el adolescente y el resto de la familia, especialmente con los padres. Este efecto resulta más evidente en contextos familiares con niveles bajos de conflicto previo", detalla el Dr. Jaume Fatjó, director de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona.
En situaciones de conflicto o en entornos familiares vulnerables, los animales pueden actuar como una fuente muy importante de apoyo social emocional, aunque su efecto parece ser variable. En estas circunstancias, perros y gatos pueden amortiguar el malestar o, en otros casos, simplemente poner de manifiesto una situación de vulnerabilidad previa sin llegar a compensarla.
Para aquellas familias en las que conviven adolescentes y perros o gatos, desde la Fundación Affinity comparten algunas recomendaciones para que el vínculo entre animales y jóvenes sume bienestar. Señalan que deben existir momentos tranquilos con el animal, sin pantallas y sin exigir conversación, así como facilitar rutinas realistas con paseos cortos y juegos breves sin convertirlos en una carga. También recomiendan cuidar que el animal pueda retirarse cuando lo necesite y observar si el adolescente se aísla solo con él, ya que esta dinámica puede indicar que le faltan "humanos seguros".

En un mundo hiperconectado, la paradoja golpea con dureza a la juventud española. Nueve de cada diez jóvenes de entre 20 y 24 años sufren soledad no deseada, un fenómeno que se ha consolidado como la principal causa de malestar psicológico en este sector de la población. La cifra, lejos de ser una anécdota estadística, refleja una crisis silenciosa que coincide con la reciente aprobación por parte del Consejo de Ministros de un Marco Estratégico Estatal de las Soledades y con la celebración del Día Mundial del Bienestar Mental de los Adolescentes.
Ante este panorama, la Fundación Affinity ha puesto el foco en un aliado inesperado: los perros. Según una revisión sistemática realizada por la entidad, los canes actúan como facilitadores del contacto social, favoreciendo que otras personas se acerquen e inicien una conversación. Para un adolescente que sufre soledad o tristeza, pasear con su perro no solo le obliga a salir de casa, sino que multiplica las interacciones con otras personas, lo que puede traducirse en mayor apoyo social y reducción de los sentimientos de aislamiento.
"En la adolescencia experimentamos muchos cambios que no sabemos cómo gestionarlos. Por ello, el vínculo que se establece con el animal puede acompañar y sostener emocionalmente, no porque cure, sino por los procesos que activa", explica Loreto Sánchez, psicóloga colaboradora de la Fundación Affinity.
La experta señala que para un adolescente, el animal de compañía permite establecer pequeñas acciones como jugar o pasear que ayudan a moverse cuando hay apatía. También facilita que puedan hablar de sí mismos, ya que tienden a contar a su perro o su gato cosas que les cuesta expresar en primera persona. Sin embargo, Sánchez lanza una advertencia: "para que el vínculo sea sano y pueda acompañar y sostener, se tiene que cuidar a los dos. El animal no está para cargar con todo el malestar del adolescente. Leer sus señales, respetar sus descansos y límites también es parte del vínculo".
Al sentimiento de soledad se suma que el 33% de los adolescentes de entre 15 y 19 años siente con frecuencia que le cuesta encajar o hacer amigos. En este contexto, el animal de compañía cumple una función de mecanismo de afrontamiento, convirtiéndose en un apoyo social importante. Los expertos remarcan que, aunque la presencia de un animal beneficia al adolescente por el vínculo que se establece, no se trata solo de convivir con él, sino de construir una relación genuina.
"El animal de compañía puede favorecer la dinámica familiar y mejorar la comunicación entre el adolescente y el resto de la familia, especialmente con los padres. Este efecto resulta más evidente en contextos familiares con niveles bajos de conflicto previo", detalla el Dr. Jaume Fatjó, director de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona.
En situaciones de conflicto o en entornos familiares vulnerables, los animales pueden actuar como una fuente muy importante de apoyo social emocional, aunque su efecto parece ser variable. En estas circunstancias, perros y gatos pueden amortiguar el malestar o, en otros casos, simplemente poner de manifiesto una situación de vulnerabilidad previa sin llegar a compensarla.
Para aquellas familias en las que conviven adolescentes y perros o gatos, desde la Fundación Affinity comparten algunas recomendaciones para que el vínculo entre animales y jóvenes sume bienestar. Señalan que deben existir momentos tranquilos con el animal, sin pantallas y sin exigir conversación, así como facilitar rutinas realistas con paseos cortos y juegos breves sin convertirlos en una carga. También recomiendan cuidar que el animal pueda retirarse cuando lo necesite y observar si el adolescente se aísla solo con él, ya que esta dinámica puede indicar que le faltan "humanos seguros".














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