GALICIA
El vino gallego: un motor de 313 millones y 4.500 empleos que fija población en el rural
El sector del vino en Galicia no solo produce calidad, sino que se ha convertido en un pilar fundamental para el desarrollo rural. Así lo acredita el informe "Vino, territorio y valor: el impacto económico de las DOP vitivinícolas de Galicia", editado por la Fundación Juana de Vega, que cifra en 512 millones de euros la producción anual del conjunto de la cadena —que integra viticultura y elaboración— y en 313 millones su Valor Añadido Bruto (VAB).
Elaborado por los expertos Alfonso Ribas Álvarez, Edelmiro López Iglesias y José Manuel Andrade Calvo, el análisis ofrece una radiografía actualizada del sector entre 2022 y 2024. Según sus conclusiones, el vino representa el 7,15% del VAB del complejo agroalimentario gallego y el 0,45% del VAB total de la economía de la comunidad. Aunque su peso agregado pueda parecer moderado, el estudio subraya su elevada capacidad de generación de valor, su fuerte especialización territorial y una creciente orientación hacia segmentos de mayor calidad y precio.
El informe confirma, además, la profunda transformación estructural del sector en las últimas dos décadas. Un dato revelador es que las exportaciones prácticamente se han triplicado desde 2008, mientras que la tasa de cobertura comercial —la relación entre exportaciones e importaciones— ha pasado de un exiguo 23% en 2008 a un notable 86% en 2021, reduciendo drásticamente el déficit comercial. El dinamismo es especialmente acusado en los mercados extracomunitarios, donde los vinos gallegos han logrado afianzarse en gamas medias y altas.
El peso de las Denominaciones de Origen
Las cinco Denominaciones de Origen Protegidas (DOP) de Galicia —Rías Baixas, O Ribeiro, Valdeorras, Ribeira Sacra y Monterrei— constituyen el auténtico núcleo económico del sector. En la campaña 2022-2023 comercializaron 47,5 millones de litros por un valor de 337 millones de euros, una cifra que representa el 7,8% del valor total de las DOP vitivinícolas españolas, a pesar de que Galicia apenas aporta el 1,6% de la superficie inscrita y el 4,6% del volumen producido en el conjunto del Estado.
Esta elevada ratio de valor confirma la posición de Galicia como una región especializada en vinos de calidad y alto precio medio. Por volumen de negocio, Rías Baixas lidera con claridad, al concentrar el 65% del valor económico total del vino con denominación en Galicia, seguida a distancia por Valdeorras, O Ribeiro, Ribeira Sacra y Monterrei.
Impacto territorial: más del 3% del PIB en algunas comarcas
El estudio pone de relieve que el impacto de las DOP va mucho más allá de las cifras macroeconómicas. En conjunto, generan directamente 206 millones de euros de VAB, lo que supone el 1,9% del PIB de los municipios donde se asientan. En determinadas comarcas, el viñedo y las bodegas se han convertido en auténticos motores económicos: en Monterrei representa el 3,4% del PIB comarcal, en Valdeorras el 3,1% y en O Ribeiro el 2,8%, evidenciando su capacidad para dinamizar la economía y fijar valor y población en el territorio.
Por su parte, en Rías Baixas, pese a ser la denominación de mayor dimensión, su peso relativo en el PIB de los municipios integrados es más moderado (1,76%), lo que se explica por su amplia extensión territorial y la mayor diversificación económica de algunas de sus subzonas, especialmente O Salnés. En la Ribeira Sacra, la contribución directa se sitúa en el 0,99%, una cifra condicionada por el menor peso relativo del viñedo en la estructura económica de sus municipios.
En términos de empleo, las cinco denominaciones suman alrededor de 4.270 puestos de trabajo directos, equivalentes al 3,1% del empleo total en sus territorios, muy por encima del 0,39% que representa toda la cadena vitivinícola en el conjunto de Galicia.
Luces y sombras: un modelo dualizado
El informe también identifica diferencias estructurales entre denominaciones. Rías Baixas destaca por su elevada productividad industrial y su fuerte orientación exportadora, mientras que Monterrei y Valdeorras presentan mayores niveles de productividad laboral global. En el lado opuesto, Ribeira Sacra y O Ribeiro afrontan mayores condicionantes estructurales derivados de la fragmentación parcelaria o de las dificultades que impone la viticultura en pendiente.
La Fundación Juana de Vega concluye que el vino gallego no es solo un producto agroalimentario, sino un motor económico clave para el rural, con capacidad para generar valor, empleo y vertebración territorial, aunque con dinámicas diferenciadas que requieren estrategias adaptadas a cada denominación. "Galicia ha construido alrededor de ellas un modelo cada vez más orientado al valor, a la exportación y a la diferenciación, pero también más dualizado territorialmente", señalan los autores.
Ante este panorama, el estudio aboga por políticas públicas diferenciadas que, por un lado, refuercen la competitividad, la innovación y la proyección internacional de las denominaciones más dinámicas y, por otro, garanticen la viabilidad económica, social y ambiental de aquellas zonas en las que el viñedo cumple una función insustituible en la vertebración del territorio y en la fijación de población.

El sector del vino en Galicia no solo produce calidad, sino que se ha convertido en un pilar fundamental para el desarrollo rural. Así lo acredita el informe "Vino, territorio y valor: el impacto económico de las DOP vitivinícolas de Galicia", editado por la Fundación Juana de Vega, que cifra en 512 millones de euros la producción anual del conjunto de la cadena —que integra viticultura y elaboración— y en 313 millones su Valor Añadido Bruto (VAB).
Elaborado por los expertos Alfonso Ribas Álvarez, Edelmiro López Iglesias y José Manuel Andrade Calvo, el análisis ofrece una radiografía actualizada del sector entre 2022 y 2024. Según sus conclusiones, el vino representa el 7,15% del VAB del complejo agroalimentario gallego y el 0,45% del VAB total de la economía de la comunidad. Aunque su peso agregado pueda parecer moderado, el estudio subraya su elevada capacidad de generación de valor, su fuerte especialización territorial y una creciente orientación hacia segmentos de mayor calidad y precio.
El informe confirma, además, la profunda transformación estructural del sector en las últimas dos décadas. Un dato revelador es que las exportaciones prácticamente se han triplicado desde 2008, mientras que la tasa de cobertura comercial —la relación entre exportaciones e importaciones— ha pasado de un exiguo 23% en 2008 a un notable 86% en 2021, reduciendo drásticamente el déficit comercial. El dinamismo es especialmente acusado en los mercados extracomunitarios, donde los vinos gallegos han logrado afianzarse en gamas medias y altas.
El peso de las Denominaciones de Origen
Las cinco Denominaciones de Origen Protegidas (DOP) de Galicia —Rías Baixas, O Ribeiro, Valdeorras, Ribeira Sacra y Monterrei— constituyen el auténtico núcleo económico del sector. En la campaña 2022-2023 comercializaron 47,5 millones de litros por un valor de 337 millones de euros, una cifra que representa el 7,8% del valor total de las DOP vitivinícolas españolas, a pesar de que Galicia apenas aporta el 1,6% de la superficie inscrita y el 4,6% del volumen producido en el conjunto del Estado.
Esta elevada ratio de valor confirma la posición de Galicia como una región especializada en vinos de calidad y alto precio medio. Por volumen de negocio, Rías Baixas lidera con claridad, al concentrar el 65% del valor económico total del vino con denominación en Galicia, seguida a distancia por Valdeorras, O Ribeiro, Ribeira Sacra y Monterrei.
Impacto territorial: más del 3% del PIB en algunas comarcas
El estudio pone de relieve que el impacto de las DOP va mucho más allá de las cifras macroeconómicas. En conjunto, generan directamente 206 millones de euros de VAB, lo que supone el 1,9% del PIB de los municipios donde se asientan. En determinadas comarcas, el viñedo y las bodegas se han convertido en auténticos motores económicos: en Monterrei representa el 3,4% del PIB comarcal, en Valdeorras el 3,1% y en O Ribeiro el 2,8%, evidenciando su capacidad para dinamizar la economía y fijar valor y población en el territorio.
Por su parte, en Rías Baixas, pese a ser la denominación de mayor dimensión, su peso relativo en el PIB de los municipios integrados es más moderado (1,76%), lo que se explica por su amplia extensión territorial y la mayor diversificación económica de algunas de sus subzonas, especialmente O Salnés. En la Ribeira Sacra, la contribución directa se sitúa en el 0,99%, una cifra condicionada por el menor peso relativo del viñedo en la estructura económica de sus municipios.
En términos de empleo, las cinco denominaciones suman alrededor de 4.270 puestos de trabajo directos, equivalentes al 3,1% del empleo total en sus territorios, muy por encima del 0,39% que representa toda la cadena vitivinícola en el conjunto de Galicia.
Luces y sombras: un modelo dualizado
El informe también identifica diferencias estructurales entre denominaciones. Rías Baixas destaca por su elevada productividad industrial y su fuerte orientación exportadora, mientras que Monterrei y Valdeorras presentan mayores niveles de productividad laboral global. En el lado opuesto, Ribeira Sacra y O Ribeiro afrontan mayores condicionantes estructurales derivados de la fragmentación parcelaria o de las dificultades que impone la viticultura en pendiente.
La Fundación Juana de Vega concluye que el vino gallego no es solo un producto agroalimentario, sino un motor económico clave para el rural, con capacidad para generar valor, empleo y vertebración territorial, aunque con dinámicas diferenciadas que requieren estrategias adaptadas a cada denominación. "Galicia ha construido alrededor de ellas un modelo cada vez más orientado al valor, a la exportación y a la diferenciación, pero también más dualizado territorialmente", señalan los autores.
Ante este panorama, el estudio aboga por políticas públicas diferenciadas que, por un lado, refuercen la competitividad, la innovación y la proyección internacional de las denominaciones más dinámicas y, por otro, garanticen la viabilidad económica, social y ambiental de aquellas zonas en las que el viñedo cumple una función insustituible en la vertebración del territorio y en la fijación de población.


































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