SALUD
España lidera el consumo mundial de benzodiacepinas: el 22% de la población las toma
Con 110 dosis diarias por cada mil habitantes, la cifra supera hasta 2.750 veces la de países como Alemania. Un estudio de la OCU revela que el 22% de la población de 18 a 70 años consume estos fármacos y el 65% lleva más de seis meses tomándolos, muy por encima de las cuatro semanas recomendadas.
España se ha convertido en el país del mundo con mayor consumo de benzodiacepinas, unos fármacos ansiolíticos e hipnóticos cuya prescripción se ha normalizado en millones de hogares. Con 110 dosis diarias por cada mil habitantes, la cifra supera en hasta 2.750 veces la de países como Alemania, y los especialistas advierten de que el uso prolongado está generando una crisis de salud pública invisibilizada.
Un estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) realizado en 2024 revela datos preocupantes sobre el alcance del problema en la población de 18 a 70 años: el 22% consume actualmente estos fármacos, cuatro de cada diez usuarios los toman a diario y el 65% lleva consumiéndolos seis meses o más. Además, el 59% de las personas entre 25 y 29 años ha tomado tranquilizantes en los últimos cinco años.
Las benzodiacepinas, entre las que se encuentran medicamentos de uso común como Tranquimazín, Orfidal, Valium, Lexatin, Noctamid o Rohipnol, están indicadas para tratamientos a corto plazo, generalmente no superior a cuatro semanas. "Cuando más de la mitad de los usuarios supera los seis meses de tratamiento y cuatro de cada diez lo toman a diario, hablamos de un uso que ya se aleja claramente de la indicación clínica puntual y se aproxima a un patrón de dependencia", advierte María Quevedo, directora de tratamiento de Clínica RECAL.
Este centro de referencia en España para el tratamiento integral de adicciones ha registrado en los dos últimos años un incremento del 45% de personas que acuden por dependencia a benzodiacepinas. Se trata de una adicción que a menudo pasa inadvertida al iniciarse con prescripción médica legítima y que afecta a perfiles muy diversos: profesionales en activo, madres de familia o jóvenes con ansiedad académica.
"El paciente no siempre identifica que ha desarrollado una adicción, porque el origen fue una prescripción médica legítima. Pero cuando necesita aumentar dosis, siente miedo a quedarse sin medicación o fracasa repetidamente al intentar reducirla, estamos ante un cuadro de dependencia que requiere intervención especializada", explica Quevedo.
Los riesgos de este consumo prolongado son múltiples: deterioro de memoria y atención, aumento de caídas en población adulta, mayor probabilidad de accidentes de tráfico, desarrollo de tolerancia, dependencia física y adicción. El insomnio, el estrés crónico y la ansiedad actúan como detonantes frecuentes.
Ante esta realidad, los especialistas insisten en que es posible abordar el problema y recuperar la autonomía sin fármacos mediante un tratamiento que combina evaluación médica y psiquiátrica exhaustiva, retirada progresiva y supervisada del fármaco, psicoterapia y reeducación de hábitos de sueño. "El tratamiento no consiste únicamente en retirar la medicación. Hay que tratar la causa que motivó su inicio: ansiedad, insomnio crónico, trauma o dificultades de afrontamiento. Si no se interviene ahí, la recaída es altamente probable", subraya Quevedo.

España se ha convertido en el país del mundo con mayor consumo de benzodiacepinas, unos fármacos ansiolíticos e hipnóticos cuya prescripción se ha normalizado en millones de hogares. Con 110 dosis diarias por cada mil habitantes, la cifra supera en hasta 2.750 veces la de países como Alemania, y los especialistas advierten de que el uso prolongado está generando una crisis de salud pública invisibilizada.
Un estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) realizado en 2024 revela datos preocupantes sobre el alcance del problema en la población de 18 a 70 años: el 22% consume actualmente estos fármacos, cuatro de cada diez usuarios los toman a diario y el 65% lleva consumiéndolos seis meses o más. Además, el 59% de las personas entre 25 y 29 años ha tomado tranquilizantes en los últimos cinco años.
Las benzodiacepinas, entre las que se encuentran medicamentos de uso común como Tranquimazín, Orfidal, Valium, Lexatin, Noctamid o Rohipnol, están indicadas para tratamientos a corto plazo, generalmente no superior a cuatro semanas. "Cuando más de la mitad de los usuarios supera los seis meses de tratamiento y cuatro de cada diez lo toman a diario, hablamos de un uso que ya se aleja claramente de la indicación clínica puntual y se aproxima a un patrón de dependencia", advierte María Quevedo, directora de tratamiento de Clínica RECAL.
Este centro de referencia en España para el tratamiento integral de adicciones ha registrado en los dos últimos años un incremento del 45% de personas que acuden por dependencia a benzodiacepinas. Se trata de una adicción que a menudo pasa inadvertida al iniciarse con prescripción médica legítima y que afecta a perfiles muy diversos: profesionales en activo, madres de familia o jóvenes con ansiedad académica.
"El paciente no siempre identifica que ha desarrollado una adicción, porque el origen fue una prescripción médica legítima. Pero cuando necesita aumentar dosis, siente miedo a quedarse sin medicación o fracasa repetidamente al intentar reducirla, estamos ante un cuadro de dependencia que requiere intervención especializada", explica Quevedo.
Los riesgos de este consumo prolongado son múltiples: deterioro de memoria y atención, aumento de caídas en población adulta, mayor probabilidad de accidentes de tráfico, desarrollo de tolerancia, dependencia física y adicción. El insomnio, el estrés crónico y la ansiedad actúan como detonantes frecuentes.
Ante esta realidad, los especialistas insisten en que es posible abordar el problema y recuperar la autonomía sin fármacos mediante un tratamiento que combina evaluación médica y psiquiátrica exhaustiva, retirada progresiva y supervisada del fármaco, psicoterapia y reeducación de hábitos de sueño. "El tratamiento no consiste únicamente en retirar la medicación. Hay que tratar la causa que motivó su inicio: ansiedad, insomnio crónico, trauma o dificultades de afrontamiento. Si no se interviene ahí, la recaída es altamente probable", subraya Quevedo.





























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