OPINIÓN
Therian: ¿expresión personal o síntoma de una humanidad en declive?
La aparición de personas que se identifican espiritualmente con animales —los llamados Therian— se ha convertido en un fenómeno visible, especialmente entre jóvenes que adoptan máscaras, colas y comportamientos animales para expresar una identidad que consideran más auténtica que la humana. No afirman ser animales físicamente, pero sí sentir un "alma animal" que define quiénes son. El fenómeno revela algo más profundo y más inquietante.
Cuando la sociedad deja de ofrecer un marco estable y ya no proporciona una identidad, muchos buscan refugio en identidades alternativas que les permitan sentirse especiales, protegidos o simplemente comprendidos. Identificarse con un animal no es solo una elección estética. Es una forma de escapar de la complejidad de ser humano: responsabilidades, contradicciones, emociones difíciles, expectativas sociales. El animal simboliza lo instintivo, lo puro, lo simple. Para quienes se sienten perdidos, adoptar esa identidad puede ser un alivio temporal.
Pero ese alivio no resuelve el problema de fondo: la incapacidad de construir un yo sólido en un mundo que exige constantemente reinventarse. Hay quienes lo viven como una moda, influenciados por redes sociales donde la identidad se convierte en espectáculo. Pero para otros es una necesidad emocional real, nacida de la soledad, la incomprensión o la falta de pertenencia.
La frontera entre moda y necesidad es difusa, pero el origen es el mismo: un vacío que la sociedad actual no sabe llenar. Hablar de degradación no es insultar a quienes adoptan esta identidad, sino analizar lo que significa culturalmente. La degradación aparece cuando: Cuando una persona siente que su esencia humana no le basta, que necesita ser "otra cosa" para sentirse completa, estamos ante un síntoma de un problema mayor: la erosión del valor de lo humano.
El fenómeno Therian no es el problema, es el espejo. Refleja una sociedad que ha perdido el rumbo, que no sabe ofrecer sentido ni pertenencia, que empuja a muchos a buscar identidad en lo animal porque lo humano se ha vuelto demasiado confuso, demasiado exigente o demasiado vacío.
Quizá la pregunta no sea por qué algunos quieren sentirse lobos, gatos o zorros. La pregunta más inquietante es otra: ¿Qué le está pasando a nuestra sociedad para que tantas personas sientan que ser humano ya no es suficiente?

Cuando la sociedad deja de ofrecer un marco estable y ya no proporciona una identidad, muchos buscan refugio en identidades alternativas que les permitan sentirse especiales, protegidos o simplemente comprendidos. Identificarse con un animal no es solo una elección estética. Es una forma de escapar de la complejidad de ser humano: responsabilidades, contradicciones, emociones difíciles, expectativas sociales. El animal simboliza lo instintivo, lo puro, lo simple. Para quienes se sienten perdidos, adoptar esa identidad puede ser un alivio temporal.
Pero ese alivio no resuelve el problema de fondo: la incapacidad de construir un yo sólido en un mundo que exige constantemente reinventarse. Hay quienes lo viven como una moda, influenciados por redes sociales donde la identidad se convierte en espectáculo. Pero para otros es una necesidad emocional real, nacida de la soledad, la incomprensión o la falta de pertenencia.
La frontera entre moda y necesidad es difusa, pero el origen es el mismo: un vacío que la sociedad actual no sabe llenar. Hablar de degradación no es insultar a quienes adoptan esta identidad, sino analizar lo que significa culturalmente. La degradación aparece cuando: Cuando una persona siente que su esencia humana no le basta, que necesita ser "otra cosa" para sentirse completa, estamos ante un síntoma de un problema mayor: la erosión del valor de lo humano.
El fenómeno Therian no es el problema, es el espejo. Refleja una sociedad que ha perdido el rumbo, que no sabe ofrecer sentido ni pertenencia, que empuja a muchos a buscar identidad en lo animal porque lo humano se ha vuelto demasiado confuso, demasiado exigente o demasiado vacío.
Quizá la pregunta no sea por qué algunos quieren sentirse lobos, gatos o zorros. La pregunta más inquietante es otra: ¿Qué le está pasando a nuestra sociedad para que tantas personas sientan que ser humano ya no es suficiente?


























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