SALUD
La astenia primaveral también puede influir en la caída del cabello, según los expertos
Con la llegada de la primavera y el cambio de hora, muchas personas experimentan cansancio, irritabilidad o dificultad para concentrarse. Este conjunto de síntomas, conocido como astenia primaveral, forma parte del proceso de adaptación del organismo al aumento de horas de luz y a las variaciones de temperatura. Durante esta transición, el cuerpo reajusta sus ritmos biológicos, alterando la secreción de hormonas como la melatonina y el cortisol, lo que afecta al descanso y puede tener un impacto en procesos fisiológicos como el ciclo natural del cabello.
Este proceso de adaptación no solo influye en el estado de ánimo, sino que también puede alterar el ciclo capilar. Según la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), cada cabello pasa por tres fases: una etapa de crecimiento o fase anágena, que puede durar entre dos y seis años; una fase de transición o catágena, de unas tres semanas; y una fase final de reposo y caída, conocida como telógena, que se prolonga durante tres o cuatro meses. En condiciones normales, es habitual perder entre 80 y 100 pelos al día, que posteriormente son reemplazados por nuevos.
Sin embargo, cuando el organismo atraviesa periodos de adaptación fisiológica como la astenia primaveral, es posible que un mayor número de folículos entre de forma simultánea en fase de reposo. Esto no significa necesariamente que exista un problema capilar, sino que el propio proceso de ajuste del cuerpo al cambio de estación puede hacer que la caída resulte más evidente durante un tiempo limitado. Si a esto se suma una alimentación insuficiente en vitaminas, minerales o aminoácidos esenciales, la síntesis de queratina puede verse comprometida y la fibra capilar volverse más frágil.
La Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E-Health Medical Manager de Cigna Healthcare España, explica que durante las primeras semanas el organismo atraviesa un proceso de adaptación a los cambios ambientales, especialmente al aumento de horas de luz y a las variaciones de temperatura. Este reajuste altera los ritmos circadianos y afecta la secreción de hormonas como la melatonina y el cortisol, factores que influyen directamente en el equilibrio del ciclo capilar. Aunque la evidencia sobre el efecto directo de los cambios de estación en el ciclo capilar es escasa, estudios animales demuestran que cuando el cuerpo atraviesa periodos de fatiga o estrés fisiológico, se acelera la fase de transición o fase catágena, generando una mayor caída. En la mayoría de los casos se trata de un fenómeno temporal, pero es importante acompañar este periodo con hábitos que favorezcan el aporte nutricional y la circulación del cuero cabelludo.
Por ello, los expertos de Cigna Healthcare señalan que adoptar ciertos hábitos saludables puede ayudar al organismo a adaptarse mejor al cambio de estación y favorecer el equilibrio del ciclo capilar. Mantener horarios de descanso regulares, evitar la exposición a pantallas antes de dormir y procurar un sueño reparador ayuda al organismo a adaptarse de forma gradual a esta transición estacional, además de contribuir a regular hormonas relacionadas con el estrés como el cortisol. Durante los cambios estacionales, cuando el organismo puede experimentar mayor fatiga, mantener una alimentación equilibrada resulta especialmente importante: consumir alimentos ricos en proteínas, hierro, zinc, biotina y vitaminas del grupo B, presentes en pescados, huevos, legumbres, frutos secos o verduras de hoja verde, favorece la síntesis de queratina.
Los cambios hormonales y la fatiga propios de la astenia primaveral pueden reducir la microcirculación del cuero cabelludo, dificultando que los folículos reciban oxígeno y nutrientes. Realizar masajes suaves al lavar el pelo o cepillarlo con cuidado estimula la circulación local, mientras que evitar peinados muy tirantes protege la raíz y ayuda a mantener la resistencia de la fibra. Incorporar rutinas que favorezcan el bienestar general, como ejercicio moderado, paseos al aire libre o técnicas de relajación, puede ayudar a equilibrar la respuesta del organismo ante el estrés estacional. Finalmente, tras los meses de invierno, durante los cuales el frío, la calefacción y la baja humedad ambiental pueden resecar y debilitar la fibra capilar, es recomendable limitar el uso excesivo de herramientas térmicas, espaciar tratamientos químicos agresivos y utilizar productos adaptados al tipo de pelo para favorecer su recuperación y prevenir la rotura, que a menudo se confunde con caída.

Con la llegada de la primavera y el cambio de hora, muchas personas experimentan cansancio, irritabilidad o dificultad para concentrarse. Este conjunto de síntomas, conocido como astenia primaveral, forma parte del proceso de adaptación del organismo al aumento de horas de luz y a las variaciones de temperatura. Durante esta transición, el cuerpo reajusta sus ritmos biológicos, alterando la secreción de hormonas como la melatonina y el cortisol, lo que afecta al descanso y puede tener un impacto en procesos fisiológicos como el ciclo natural del cabello.
Este proceso de adaptación no solo influye en el estado de ánimo, sino que también puede alterar el ciclo capilar. Según la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), cada cabello pasa por tres fases: una etapa de crecimiento o fase anágena, que puede durar entre dos y seis años; una fase de transición o catágena, de unas tres semanas; y una fase final de reposo y caída, conocida como telógena, que se prolonga durante tres o cuatro meses. En condiciones normales, es habitual perder entre 80 y 100 pelos al día, que posteriormente son reemplazados por nuevos.
Sin embargo, cuando el organismo atraviesa periodos de adaptación fisiológica como la astenia primaveral, es posible que un mayor número de folículos entre de forma simultánea en fase de reposo. Esto no significa necesariamente que exista un problema capilar, sino que el propio proceso de ajuste del cuerpo al cambio de estación puede hacer que la caída resulte más evidente durante un tiempo limitado. Si a esto se suma una alimentación insuficiente en vitaminas, minerales o aminoácidos esenciales, la síntesis de queratina puede verse comprometida y la fibra capilar volverse más frágil.
La Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E-Health Medical Manager de Cigna Healthcare España, explica que durante las primeras semanas el organismo atraviesa un proceso de adaptación a los cambios ambientales, especialmente al aumento de horas de luz y a las variaciones de temperatura. Este reajuste altera los ritmos circadianos y afecta la secreción de hormonas como la melatonina y el cortisol, factores que influyen directamente en el equilibrio del ciclo capilar. Aunque la evidencia sobre el efecto directo de los cambios de estación en el ciclo capilar es escasa, estudios animales demuestran que cuando el cuerpo atraviesa periodos de fatiga o estrés fisiológico, se acelera la fase de transición o fase catágena, generando una mayor caída. En la mayoría de los casos se trata de un fenómeno temporal, pero es importante acompañar este periodo con hábitos que favorezcan el aporte nutricional y la circulación del cuero cabelludo.
Por ello, los expertos de Cigna Healthcare señalan que adoptar ciertos hábitos saludables puede ayudar al organismo a adaptarse mejor al cambio de estación y favorecer el equilibrio del ciclo capilar. Mantener horarios de descanso regulares, evitar la exposición a pantallas antes de dormir y procurar un sueño reparador ayuda al organismo a adaptarse de forma gradual a esta transición estacional, además de contribuir a regular hormonas relacionadas con el estrés como el cortisol. Durante los cambios estacionales, cuando el organismo puede experimentar mayor fatiga, mantener una alimentación equilibrada resulta especialmente importante: consumir alimentos ricos en proteínas, hierro, zinc, biotina y vitaminas del grupo B, presentes en pescados, huevos, legumbres, frutos secos o verduras de hoja verde, favorece la síntesis de queratina.
Los cambios hormonales y la fatiga propios de la astenia primaveral pueden reducir la microcirculación del cuero cabelludo, dificultando que los folículos reciban oxígeno y nutrientes. Realizar masajes suaves al lavar el pelo o cepillarlo con cuidado estimula la circulación local, mientras que evitar peinados muy tirantes protege la raíz y ayuda a mantener la resistencia de la fibra. Incorporar rutinas que favorezcan el bienestar general, como ejercicio moderado, paseos al aire libre o técnicas de relajación, puede ayudar a equilibrar la respuesta del organismo ante el estrés estacional. Finalmente, tras los meses de invierno, durante los cuales el frío, la calefacción y la baja humedad ambiental pueden resecar y debilitar la fibra capilar, es recomendable limitar el uso excesivo de herramientas térmicas, espaciar tratamientos químicos agresivos y utilizar productos adaptados al tipo de pelo para favorecer su recuperación y prevenir la rotura, que a menudo se confunde con caída.





























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