OPINIÓN
Miliario Romano “O Marco”, patrimonio compartido entre Mos y Redondela
El miliario romano conocido como O Marco debe seguir siendo un elemento de unión entre los vecinos de las parroquias próximas, tal y como ha sido a lo largo de los siglos. Su presencia no representa una separación, sino un punto de encuentro que forma parte de la historia común de este territorio.
Este miliario de la vía XIX, datado en la época del emperador Trajano, en el siglo II, constituye un elemento patrimonial singular, siendo el único que permanece en su posición original. Precisamente por ser marco territorial se conservó en su lugar histórico; de otro modo, habría sido trasladado a un museo. Este hecho resulta ampliamente documentado.
Cabe recordar que en el año 1931 el gobernador civil intentó trasladarlo al Museo de Pontevedra, iniciativa que no llegó a realizarse por la oposición de los vecinos de las parroquias de Vilar de Infesta, en Redondela, y de Louredo y Guizán, en Mos, quienes defendieron colectivamente su permanencia en el lugar: armados con aperos de labranza, rodearon el miliario al grito de que “el Marco no se movía de ahí”. Este episodio evidencia el valor simbólico e identitario que siempre ha tenido para ambas comunidades.
La documentación existente desde el siglo XIX, momento de la creación de los concellos, así como el levantamiento detallado realizado por el Instituto Geográfico en el año 1940, no deja lugar a dudas: el miliario actúa como marco delimitador entre los concellos de Mos y Redondela, situándose por tanto en ambos territorios. Estos documentos describen además con precisión sus medidas y los elementos grabados en la piedra.
Respetar el Miliario Romano O Marco implica respetar la historia y la memoria de nuestros antepasados. Su función histórica como marco territorial no debe entenderse como un punto de división, sino como un símbolo de convivencia y relación entre comunidades vecinas, tal y como la propia historia demuestra.
Los errores producidos en el momento de trasladar las antiguas mediciones a los sistemas modernos georreferenciados, tal y como reconoce el Instituto Geográfico, hace necesario que los concellos corrijan las imprecisiones acorde a la legislación vigente en los procesos de deslinde correspondientes. Resulta importante actuar con responsabilidad y diligencia por parte de los Concellos en este momento para evitar más confusión, especialmente tras años en los que fueron ambos concellos de Redondela y Mos, no los vecinos, quienes introdujeron errores en documentos urbanísticos y publicaciones.
Los concellos deben abordar con seriedad el trabajo pendiente y trabajar en conjunto con la vecindad para mostrar lo que la historia evidencia: que se trata de un patrimonio situado entre ambos concellos, un símbolo identitario de las parroquias que tienen en este punto su linde común y que debe resolverse con la máxima diligencia y respeto por la realidad histórica.
El Miliario no es una piedra que separa, sino un referente que nos une. Lleva siglos en el mismo lugar, formando parte de la vida de los vecinos de las tres parroquias, recordándonos que la historia común permanece. Respetarlo es respetar la memoria colectiva de un territorio compartido.

El miliario romano conocido como O Marco debe seguir siendo un elemento de unión entre los vecinos de las parroquias próximas, tal y como ha sido a lo largo de los siglos. Su presencia no representa una separación, sino un punto de encuentro que forma parte de la historia común de este territorio.
Este miliario de la vía XIX, datado en la época del emperador Trajano, en el siglo II, constituye un elemento patrimonial singular, siendo el único que permanece en su posición original. Precisamente por ser marco territorial se conservó en su lugar histórico; de otro modo, habría sido trasladado a un museo. Este hecho resulta ampliamente documentado.
Cabe recordar que en el año 1931 el gobernador civil intentó trasladarlo al Museo de Pontevedra, iniciativa que no llegó a realizarse por la oposición de los vecinos de las parroquias de Vilar de Infesta, en Redondela, y de Louredo y Guizán, en Mos, quienes defendieron colectivamente su permanencia en el lugar: armados con aperos de labranza, rodearon el miliario al grito de que “el Marco no se movía de ahí”. Este episodio evidencia el valor simbólico e identitario que siempre ha tenido para ambas comunidades.
La documentación existente desde el siglo XIX, momento de la creación de los concellos, así como el levantamiento detallado realizado por el Instituto Geográfico en el año 1940, no deja lugar a dudas: el miliario actúa como marco delimitador entre los concellos de Mos y Redondela, situándose por tanto en ambos territorios. Estos documentos describen además con precisión sus medidas y los elementos grabados en la piedra.
Respetar el Miliario Romano O Marco implica respetar la historia y la memoria de nuestros antepasados. Su función histórica como marco territorial no debe entenderse como un punto de división, sino como un símbolo de convivencia y relación entre comunidades vecinas, tal y como la propia historia demuestra.
Los errores producidos en el momento de trasladar las antiguas mediciones a los sistemas modernos georreferenciados, tal y como reconoce el Instituto Geográfico, hace necesario que los concellos corrijan las imprecisiones acorde a la legislación vigente en los procesos de deslinde correspondientes. Resulta importante actuar con responsabilidad y diligencia por parte de los Concellos en este momento para evitar más confusión, especialmente tras años en los que fueron ambos concellos de Redondela y Mos, no los vecinos, quienes introdujeron errores en documentos urbanísticos y publicaciones.
Los concellos deben abordar con seriedad el trabajo pendiente y trabajar en conjunto con la vecindad para mostrar lo que la historia evidencia: que se trata de un patrimonio situado entre ambos concellos, un símbolo identitario de las parroquias que tienen en este punto su linde común y que debe resolverse con la máxima diligencia y respeto por la realidad histórica.
El Miliario no es una piedra que separa, sino un referente que nos une. Lleva siglos en el mismo lugar, formando parte de la vida de los vecinos de las tres parroquias, recordándonos que la historia común permanece. Respetarlo es respetar la memoria colectiva de un territorio compartido.

























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