La hiperconexión ya no es una tendencia, sino una realidad que empieza a preocupar seriamente a expertos en salud mental. El uso intensivo de dispositivos digitales está dando lugar a una nueva forma de dependencia: la adicción a la tecnología, un trastorno cada vez más frecuente y, en muchos casos, infradiagnosticado. Desde Clínica Recal, centro especializado en adicciones fundado en 2001 en Majadahonda por Maximiliano de Habsburgo, alertan de que esta problemática ya está impactando de forma directa en la salud emocional, social y física de la población, especialmente entre los más jóvenes.
“Estamos ante una adicción silenciosa, normalizada socialmente, pero con consecuencias muy reales. La pérdida de control, el aislamiento social o la ansiedad cuando no se accede al dispositivo son señales claras de alerta”, explica María Quevedo, directora de tratamiento de Clínica Recal.
Datos alarmantes sobre el uso juvenil
Según el último estudio sobre bienestar digital impulsado por UNICEF España junto a Red.es, la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Colegios de Ingeniería Informática, el 92,5% de los adolescentes participa en redes sociales y casi el 6% ya presenta un uso problemático. Además, cerca del 20% reconoce pasar más de cinco horas diarias conectado durante el fin de semana. La edad de acceso al primer móvil se sitúa en los 10,8 años, lo que evidencia una exposición cada vez más temprana.
La llamada tecnofilia, dependencia compulsiva de dispositivos tecnológicos, se caracteriza por la necesidad constante de conexión y la dificultad para limitar su uso. Entre sus causas destacan la búsqueda de gratificación inmediata (likes, notificaciones, recompensas digitales), la evasión emocional o el propio diseño persuasivo de las aplicaciones, creadas para captar y retener la atención del usuario.
Consecuencias y abordaje terapéutico
“Cuando el uso de la tecnología sustituye relaciones personales, afecta al rendimiento académico o altera el estado de ánimo, hablamos de una adicción con impacto clínico. No es una cuestión de hábitos, sino de salud mental”, añade Quevedo. Entre las principales consecuencias destacan el deterioro de las relaciones sociales, el aumento de la ansiedad y la depresión, problemas de sueño, sedentarismo y una mayor exposición a riesgos como el ciberacoso o los contenidos inapropiados.
Desde Clínica Recal insisten en la importancia de abordar esta problemática desde un enfoque terapéutico y preventivo. “La tecnología no es el problema, lo es el uso que hacemos de ella. Es fundamental educar, acompañar y, en casos necesarios, tratar esta dependencia con herramientas profesionales”, concluye María Quevedo. En un contexto donde las pantallas forman parte de la vida cotidiana, los expertos advierten: la adicción a la tecnología ya no es el futuro, es el presente.
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