MOTOR
Reparar un coche moderno cuesta casi lo mismo que comprar uno seminuevo
Lo que antes era una reparación sencilla y asumible se ha convertido en una factura inesperadamente elevada. En los vehículos modernos, componentes como faros LED, retrovisores con sensores o pantallas táctiles concentran una tecnología tan avanzada que su sustitución puede alcanzar cifras impensables hace solo una década. Los ejemplos se repiten en talleres de toda España: faros que superan los 1.400 euros, retrovisores valorados en más de 600 euros o pantallas que alcanzan los 10.000 euros, un coste comparable al de un coche seminuevo básico.
“En los modelos más recientes, sustituir una pantalla, un módulo electrónico o un faro puede elevar el coste de la reparación hasta niveles que hace años parecían imposibles. La tecnología avanza más rápido que la capacidad del mercado para absorber estos precios”, explica Esteban Alabajos, gerente de RO-DES. La consecuencia es una creciente sensación de incertidumbre entre los usuarios: un incidente leve puede derivar en una reparación desproporcionada, lo que plantea una pregunta cada vez más frecuente: ¿es sostenible un modelo en el que el coste de mantener la tecnología crece más rápido que el propio valor del vehículo?
En este contexto, el recambio reutilizado se ha convertido en una solución clave. Los Centros Autorizados de Tratamiento han profesionalizado sus procesos y hoy ofrecen piezas verificadas como faros, retrovisores, pantallas, motores o módulos electrónicos, con garantías y a un coste muy inferior al del recambio nuevo. Cada vez más talleres recurren a estas piezas incluso para vehículos con solo dos o tres años de antigüedad. “Nos llegan consultas para modelos prácticamente nuevos. A veces el problema es el precio y otras la espera de una pieza nueva. El usuario necesita una solución real”, señala Pablo Núñez, responsable de Desguaces Pablo e Hijos y colaborador de RO-DES.
La reutilización no solo aporta ahorro y rapidez, sino también un beneficio medioambiental, al reducir el consumo de materias primas y las emisiones asociadas a la fabricación. En un sector que debe repensar su equilibrio entre innovación y coste, la reutilización se consolida como una vía económica, accesible y sostenible. Reparar un coche ya no es lo que era, y el desafío obliga a toda la industria a replantear su modelo.

Lo que antes era una reparación sencilla y asumible se ha convertido en una factura inesperadamente elevada. En los vehículos modernos, componentes como faros LED, retrovisores con sensores o pantallas táctiles concentran una tecnología tan avanzada que su sustitución puede alcanzar cifras impensables hace solo una década. Los ejemplos se repiten en talleres de toda España: faros que superan los 1.400 euros, retrovisores valorados en más de 600 euros o pantallas que alcanzan los 10.000 euros, un coste comparable al de un coche seminuevo básico.
“En los modelos más recientes, sustituir una pantalla, un módulo electrónico o un faro puede elevar el coste de la reparación hasta niveles que hace años parecían imposibles. La tecnología avanza más rápido que la capacidad del mercado para absorber estos precios”, explica Esteban Alabajos, gerente de RO-DES. La consecuencia es una creciente sensación de incertidumbre entre los usuarios: un incidente leve puede derivar en una reparación desproporcionada, lo que plantea una pregunta cada vez más frecuente: ¿es sostenible un modelo en el que el coste de mantener la tecnología crece más rápido que el propio valor del vehículo?
En este contexto, el recambio reutilizado se ha convertido en una solución clave. Los Centros Autorizados de Tratamiento han profesionalizado sus procesos y hoy ofrecen piezas verificadas como faros, retrovisores, pantallas, motores o módulos electrónicos, con garantías y a un coste muy inferior al del recambio nuevo. Cada vez más talleres recurren a estas piezas incluso para vehículos con solo dos o tres años de antigüedad. “Nos llegan consultas para modelos prácticamente nuevos. A veces el problema es el precio y otras la espera de una pieza nueva. El usuario necesita una solución real”, señala Pablo Núñez, responsable de Desguaces Pablo e Hijos y colaborador de RO-DES.
La reutilización no solo aporta ahorro y rapidez, sino también un beneficio medioambiental, al reducir el consumo de materias primas y las emisiones asociadas a la fabricación. En un sector que debe repensar su equilibrio entre innovación y coste, la reutilización se consolida como una vía económica, accesible y sostenible. Reparar un coche ya no es lo que era, y el desafío obliga a toda la industria a replantear su modelo.
























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