GALICIA
Mujeres del rural gallego y peruano se unen para transformar una misma realidad de violencia y despoblación
Lidia Inga de la Cruz y Jessy Castillo, de la organización social peruana Cutivalú, llegan a Galicia este miércoles, 13 de mayo, para encontrarse con emprendedoras del rural gallego y dar a conocer el proyecto 'Sembrando Libertad' , una iniciativa para el empoderamiento económico de mujeres rurales en Piura (Perú) , financiada por la Xunta de Galicia a través de la Fundación Taller de Solidaridad (TDS).
El diagnóstico en ambos lados del Atlántico es el mismo: el rural expulsa a las mujeres, la violencia de género frena su autonomía, y el emprendimiento local —artesanía, producción, comercio de proximidad— es una de las herramientas más concretas para revertirlo. Lo que hacen Fusquenlla, O Lavadoiro o el colectivo Matria en Galicia es exactamente lo mismo que hace Cutivalú en Piura, a 9.000 kilómetros de distancia.
En San Sadurniño, visitarán Fusquenlla, un centro pionero de apoyo al desarrollo rural y transformación alimentaria impulsado por el Concello de Moeche, donde los excedentes del agro se convierten en conservas, zumos y mermeladas. Por la tarde se reunirán con O Lavadoiro, una red vecinal feminista que trabaja en la prevención de la violencia machista en el rural gallego desde la proximidad. En Santoalla (Ourense) , conocerán a Margo Pool, criadora de cabras y productora de quesos en un pueblo casi desaparecido, y al colectivo Matria 'Cheas de Vida' , que reivindica que el rural tiene futuro cuando las mujeres deciden quedarse.
El proyecto 'Sembrando Libertad' trabaja con 160 mujeres de Chulucanas, La Matanza, Veintiséis de Octubre y Morropón (Piura). Lo que distingue a la iniciativa es que no trabaja solo con las mujeres: involucra también a 60 hombres —familiares y líderes locales— formados en nuevas masculinidades y corresponsabilidad, y a 200 adolescentes en escuelas para romper los patrones de violencia antes de que se instalen.
En el Colegio San José de Lugo, ante estudiantes de economía, Lidia Inga contará su historia: cómo salió de las rondas campesinas de Pueblo Nuevo de Campanas, cómo ganó dos veces el capital semilla del proyecto y cómo en 2025 renunció al subsidio del programa JUNTOS del Gobierno peruano para formalizar su propio negocio —una juguería llamada Mis 3F, en honor a sus tres hijos—. Hace siete años, Lidia no podía hablar en público. Esta semana cruza el Atlántico para contarlo.

Lidia Inga de la Cruz y Jessy Castillo, de la organización social peruana Cutivalú, llegan a Galicia este miércoles, 13 de mayo, para encontrarse con emprendedoras del rural gallego y dar a conocer el proyecto 'Sembrando Libertad' , una iniciativa para el empoderamiento económico de mujeres rurales en Piura (Perú) , financiada por la Xunta de Galicia a través de la Fundación Taller de Solidaridad (TDS).
El diagnóstico en ambos lados del Atlántico es el mismo: el rural expulsa a las mujeres, la violencia de género frena su autonomía, y el emprendimiento local —artesanía, producción, comercio de proximidad— es una de las herramientas más concretas para revertirlo. Lo que hacen Fusquenlla, O Lavadoiro o el colectivo Matria en Galicia es exactamente lo mismo que hace Cutivalú en Piura, a 9.000 kilómetros de distancia.
En San Sadurniño, visitarán Fusquenlla, un centro pionero de apoyo al desarrollo rural y transformación alimentaria impulsado por el Concello de Moeche, donde los excedentes del agro se convierten en conservas, zumos y mermeladas. Por la tarde se reunirán con O Lavadoiro, una red vecinal feminista que trabaja en la prevención de la violencia machista en el rural gallego desde la proximidad. En Santoalla (Ourense) , conocerán a Margo Pool, criadora de cabras y productora de quesos en un pueblo casi desaparecido, y al colectivo Matria 'Cheas de Vida' , que reivindica que el rural tiene futuro cuando las mujeres deciden quedarse.
El proyecto 'Sembrando Libertad' trabaja con 160 mujeres de Chulucanas, La Matanza, Veintiséis de Octubre y Morropón (Piura). Lo que distingue a la iniciativa es que no trabaja solo con las mujeres: involucra también a 60 hombres —familiares y líderes locales— formados en nuevas masculinidades y corresponsabilidad, y a 200 adolescentes en escuelas para romper los patrones de violencia antes de que se instalen.
En el Colegio San José de Lugo, ante estudiantes de economía, Lidia Inga contará su historia: cómo salió de las rondas campesinas de Pueblo Nuevo de Campanas, cómo ganó dos veces el capital semilla del proyecto y cómo en 2025 renunció al subsidio del programa JUNTOS del Gobierno peruano para formalizar su propio negocio —una juguería llamada Mis 3F, en honor a sus tres hijos—. Hace siete años, Lidia no podía hablar en público. Esta semana cruza el Atlántico para contarlo.




































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