Día Miércoles, 24 de Junio de 2026
Actualidad
La compra compulsiva puede esconder un problema de salud mental, advierten los expertos
La oniomanía sigue un patrón de alivio inmediato seguido de culpa y pérdida de control. Los psicólogos recomiendan diferenciar necesidad de oportunidad e identificar las emociones que desencadenan el impulso.
La compra forma parte de la vida cotidiana, pero cuando el impulso se vuelve difícil de frenar, se repite pese a sus consecuencias y genera malestar posterior, puede estar relacionado con un patrón de compra compulsiva conocido como oniomanía. La exposición constante a ofertas limitadas y el contexto de rebajas multiplican los estímulos, favoreciendo que algunas personas recurran a la compra como una vía rápida para aliviar su tensión emocional.
Según Diana Camín, psicóloga de Blua de Sanitas, "la compra compulsiva suele seguir un patrón repetido: antes de comprar aparece inquietud o un pensamiento insistente; durante la compra se produce un alivio inmediato y, posteriormente, surge el malestar. Esta secuencia refuerza el comportamiento, ya que la persona aprende a utilizar la compra como una forma de regular emociones difíciles". Al tratarse de una conducta socialmente aceptada, en ocasiones se atribuye a falta de organización o a un capricho, lo que retrasa la petición de ayuda.
Los expertos recomiendan diferenciar necesidad y oportunidad preguntándose si el producto se habría adquirido sin descuento; identificar la emoción que aparece antes del impulso; introducir distancia antes de pagar (esperar unas horas, eliminar tarjetas guardadas o desactivar avisos comerciales); y revisar la relación con la culpa. Si después de comprar aparecen vergüenza, ocultación o promesas repetidas de cambio, puede haber una pérdida de control que requiere atención profesional.

La compra forma parte de la vida cotidiana, pero cuando el impulso se vuelve difícil de frenar, se repite pese a sus consecuencias y genera malestar posterior, puede estar relacionado con un patrón de compra compulsiva conocido como oniomanía. La exposición constante a ofertas limitadas y el contexto de rebajas multiplican los estímulos, favoreciendo que algunas personas recurran a la compra como una vía rápida para aliviar su tensión emocional.
Según Diana Camín, psicóloga de Blua de Sanitas, "la compra compulsiva suele seguir un patrón repetido: antes de comprar aparece inquietud o un pensamiento insistente; durante la compra se produce un alivio inmediato y, posteriormente, surge el malestar. Esta secuencia refuerza el comportamiento, ya que la persona aprende a utilizar la compra como una forma de regular emociones difíciles". Al tratarse de una conducta socialmente aceptada, en ocasiones se atribuye a falta de organización o a un capricho, lo que retrasa la petición de ayuda.
Los expertos recomiendan diferenciar necesidad y oportunidad preguntándose si el producto se habría adquirido sin descuento; identificar la emoción que aparece antes del impulso; introducir distancia antes de pagar (esperar unas horas, eliminar tarjetas guardadas o desactivar avisos comerciales); y revisar la relación con la culpa. Si después de comprar aparecen vergüenza, ocultación o promesas repetidas de cambio, puede haber una pérdida de control que requiere atención profesional.














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