Día Sábado, 11 de Julio de 2026
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El trabajo no termina ni en vacaciones: el síndrome del 'trabajador burbuja'
Para algunas personas, terminar la jornada laboral no implica dejar de trabajar. Aunque hayan salido de la oficina o apagado el ordenador, continúan pendientes del correo, responden mensajes, revisan tareas o dedican parte de su tiempo libre a cuestiones relacionadas con su entorno laboral. Cuando esta conexión permanente acaba dificultando la desconexión y el trabajo invade también los momentos destinados al descanso, al ocio o a la vida personal, puede aparecer el denominado síndrome del trabajador burbuja, un fenómeno que refleja cómo los límites entre la vida laboral y la personal terminan por difuminarse.
Esa sensación de conexión permanente con el trabajo puede adoptar formas muy diferentes y se ha convertido en una realidad para muchos trabajadores. Según datos del Foro Económico Mundial, un 10% de los trabajadores revisa su correo corporativo de forma compulsiva y otro 10% lo consulta al menos una vez por hora. Además, la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo señala que tres de cada cuatro personas afirman tener dificultades para desconectar fuera del horario laboral. A ello se suma que el 64% de los españoles asegura trabajar más de 40 horas a la semana, según el Cigna International Health Study.
Con la llegada del verano, este fenómeno adquiere una dimensión especialmente relevante. Responder un correo desde la playa, atender una llamada durante un trayecto o revisar un mensaje de trabajo durante una comida familiar pueden parecer gestos puntuales. Sin embargo, cuando estas pequeñas interrupciones se convierten en una costumbre, el cerebro permanece parcialmente conectado al entorno laboral, dificultando que el descanso cumpla realmente su función. "Uno de los principales problemas de este síndrome es que no suele percibirse como tal. Al contrario, muchas de las conductas que lo caracterizan se premian o se interpretan como una demostración de compromiso y dedicación", señala Amira Bueno, directora de Recursos Humanos de Cigna Healthcare España.
Cinco estrategias para prevenir el síndrome del trabajador burbuja
Los expertos de Cigna Healthcare proponen cinco estrategias clave para evitar que estas dinámicas se normalicen. La primera es rebajar la autoexigencia, promoviendo una cultura donde exista margen para priorizar y aprender sin presión constante. La segunda es revisar qué comportamientos se premian, evitando que la disponibilidad permanente se interprete como implicación. La tercera es compartir responsabilidades, distribuyendo funciones y documentando procesos para reducir la dependencia de una sola persona. La cuarta es priorizar la planificación frente a la improvisación, optimizando tiempos y minimizando urgencias. Por último, la quinta es proteger los periodos de desconexión, entendiendo las vacaciones como una oportunidad para recuperarse física y mentalmente, evitando llamadas y correos salvo en situaciones excepcionales.

Para algunas personas, terminar la jornada laboral no implica dejar de trabajar. Aunque hayan salido de la oficina o apagado el ordenador, continúan pendientes del correo, responden mensajes, revisan tareas o dedican parte de su tiempo libre a cuestiones relacionadas con su entorno laboral. Cuando esta conexión permanente acaba dificultando la desconexión y el trabajo invade también los momentos destinados al descanso, al ocio o a la vida personal, puede aparecer el denominado síndrome del trabajador burbuja, un fenómeno que refleja cómo los límites entre la vida laboral y la personal terminan por difuminarse.
Esa sensación de conexión permanente con el trabajo puede adoptar formas muy diferentes y se ha convertido en una realidad para muchos trabajadores. Según datos del Foro Económico Mundial, un 10% de los trabajadores revisa su correo corporativo de forma compulsiva y otro 10% lo consulta al menos una vez por hora. Además, la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo señala que tres de cada cuatro personas afirman tener dificultades para desconectar fuera del horario laboral. A ello se suma que el 64% de los españoles asegura trabajar más de 40 horas a la semana, según el Cigna International Health Study.
Con la llegada del verano, este fenómeno adquiere una dimensión especialmente relevante. Responder un correo desde la playa, atender una llamada durante un trayecto o revisar un mensaje de trabajo durante una comida familiar pueden parecer gestos puntuales. Sin embargo, cuando estas pequeñas interrupciones se convierten en una costumbre, el cerebro permanece parcialmente conectado al entorno laboral, dificultando que el descanso cumpla realmente su función. "Uno de los principales problemas de este síndrome es que no suele percibirse como tal. Al contrario, muchas de las conductas que lo caracterizan se premian o se interpretan como una demostración de compromiso y dedicación", señala Amira Bueno, directora de Recursos Humanos de Cigna Healthcare España.
Cinco estrategias para prevenir el síndrome del trabajador burbuja
Los expertos de Cigna Healthcare proponen cinco estrategias clave para evitar que estas dinámicas se normalicen. La primera es rebajar la autoexigencia, promoviendo una cultura donde exista margen para priorizar y aprender sin presión constante. La segunda es revisar qué comportamientos se premian, evitando que la disponibilidad permanente se interprete como implicación. La tercera es compartir responsabilidades, distribuyendo funciones y documentando procesos para reducir la dependencia de una sola persona. La cuarta es priorizar la planificación frente a la improvisación, optimizando tiempos y minimizando urgencias. Por último, la quinta es proteger los periodos de desconexión, entendiendo las vacaciones como una oportunidad para recuperarse física y mentalmente, evitando llamadas y correos salvo en situaciones excepcionales.















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