SALUD
El calor extremo aumenta el riesgo de hipotensión: claves para proteger tu salud este verano
Este verano llega a España con previsiones de temperaturas por encima de lo habitual. Tras una primavera que ha sido la segunda más cálida desde 1961, la Agencia Estatal de Meteorología prevé que el calor se mantenga con fuerza durante los próximos meses, un escenario en el que aumentan los riesgos asociados a la tensión arterial baja o hipotensión, que pueden manifestarse con mareos, fatiga o somnolencia y, en determinadas situaciones, derivar en caídas o desmayos si no se adoptan las precauciones adecuadas.
Esta relación entre el calor y la bajada de tensión se explica a través de diferentes mecanismos fisiológicos. Uno de ellos es la vasodilatación, un proceso mediante el cual el organismo dilata los vasos sanguíneos próximos a la superficie de la piel para regular la temperatura corporal, lo que disminuye la resistencia al flujo sanguíneo y puede favorecer un descenso de la presión arterial. Por otro lado, la sudoración provoca la pérdida de agua y sales minerales que, si no se reponen adecuadamente, reduce el volumen de sangre y, con ello, la presión en los vasos.
Aunque existen perfiles especialmente propensos a sufrir estos episodios, como las personas con hipertensión que siguen tratamiento farmacológico o los mayores de edad, vigilar la tensión arterial de forma periódica es una recomendación extensible a toda la población. La Fundación Española del Corazón aconseja controlarla al menos dos veces por semana durante el verano, una recomendación que cobra especial importancia si se tiene en cuenta que, según la Organización Mundial de la Salud, el calor extremo representa ya una de las principales amenazas sanitarias derivadas del cambio climático.
Seis hábitos para mantener la tensión bajo control
Los expertos de Cigna Healthcare recuerdan la importancia de incorporar hábitos sencillos que pueden ayudar a mantener la tensión arterial bajo control durante el verano. En primer lugar, asegurar una hidratación constante, bebiendo agua de forma regular incluso sin sensación de sed y evitando el consumo excesivo de alcohol o bebidas azucaradas, que pueden favorecer la deshidratación. En segundo lugar, priorizar una alimentación ligera y de fácil digestión, basada en frutas, verduras, legumbres y frutos secos ricos en potasio y magnesio, que contribuyen al funcionamiento normal del sistema cardiovascular.
También es fundamental mantener una buena higiene del sueño, durmiendo entre 7 y 9 horas, y limitar la exposición solar y los cambios bruscos de temperatura, buscando espacios de sombra y evitando pasar de la calle a interiores con aire acondicionado muy frío. Asimismo, se desaconseja la actividad física en las horas centrales del día, entre las 12:00 y las 17:00 horas, cuando la radiación solar y las temperaturas alcanzan sus valores máximos. Por último, favorecer una buena gestión del estrés es clave, ya que cuando el estrés y el calor coinciden, el organismo se ve sometido a una mayor exigencia de adaptación.
"En verano, pasamos más tiempo al aire libre, tenemos más actividad social y, en consecuencia, estamos más expuestos al sol, lo que hace que el organismo tenga que adaptarse continuamente a la temperatura. Esta exposición suele vivirse de manera positiva, ya que se asocia a bienestar, descanso y vacaciones, pero también puede favorecer descensos de la tensión arterial en algunas personas", señala la Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E-Health Medical Manager de Cigna Healthcare España. "Si aparecen señales como mareos, sensación de debilidad o inestabilidad, lo recomendable es parar la actividad, buscar un lugar fresco e hidratarse, porque suelen ser indicios de que el cuerpo está empezando a descompensarse, y actuar a tiempo es fundamental para evitar que la situación vaya a más", concluye la experta.

Este verano llega a España con previsiones de temperaturas por encima de lo habitual. Tras una primavera que ha sido la segunda más cálida desde 1961, la Agencia Estatal de Meteorología prevé que el calor se mantenga con fuerza durante los próximos meses, un escenario en el que aumentan los riesgos asociados a la tensión arterial baja o hipotensión, que pueden manifestarse con mareos, fatiga o somnolencia y, en determinadas situaciones, derivar en caídas o desmayos si no se adoptan las precauciones adecuadas.
Esta relación entre el calor y la bajada de tensión se explica a través de diferentes mecanismos fisiológicos. Uno de ellos es la vasodilatación, un proceso mediante el cual el organismo dilata los vasos sanguíneos próximos a la superficie de la piel para regular la temperatura corporal, lo que disminuye la resistencia al flujo sanguíneo y puede favorecer un descenso de la presión arterial. Por otro lado, la sudoración provoca la pérdida de agua y sales minerales que, si no se reponen adecuadamente, reduce el volumen de sangre y, con ello, la presión en los vasos.
Aunque existen perfiles especialmente propensos a sufrir estos episodios, como las personas con hipertensión que siguen tratamiento farmacológico o los mayores de edad, vigilar la tensión arterial de forma periódica es una recomendación extensible a toda la población. La Fundación Española del Corazón aconseja controlarla al menos dos veces por semana durante el verano, una recomendación que cobra especial importancia si se tiene en cuenta que, según la Organización Mundial de la Salud, el calor extremo representa ya una de las principales amenazas sanitarias derivadas del cambio climático.
Seis hábitos para mantener la tensión bajo control
Los expertos de Cigna Healthcare recuerdan la importancia de incorporar hábitos sencillos que pueden ayudar a mantener la tensión arterial bajo control durante el verano. En primer lugar, asegurar una hidratación constante, bebiendo agua de forma regular incluso sin sensación de sed y evitando el consumo excesivo de alcohol o bebidas azucaradas, que pueden favorecer la deshidratación. En segundo lugar, priorizar una alimentación ligera y de fácil digestión, basada en frutas, verduras, legumbres y frutos secos ricos en potasio y magnesio, que contribuyen al funcionamiento normal del sistema cardiovascular.
También es fundamental mantener una buena higiene del sueño, durmiendo entre 7 y 9 horas, y limitar la exposición solar y los cambios bruscos de temperatura, buscando espacios de sombra y evitando pasar de la calle a interiores con aire acondicionado muy frío. Asimismo, se desaconseja la actividad física en las horas centrales del día, entre las 12:00 y las 17:00 horas, cuando la radiación solar y las temperaturas alcanzan sus valores máximos. Por último, favorecer una buena gestión del estrés es clave, ya que cuando el estrés y el calor coinciden, el organismo se ve sometido a una mayor exigencia de adaptación.
"En verano, pasamos más tiempo al aire libre, tenemos más actividad social y, en consecuencia, estamos más expuestos al sol, lo que hace que el organismo tenga que adaptarse continuamente a la temperatura. Esta exposición suele vivirse de manera positiva, ya que se asocia a bienestar, descanso y vacaciones, pero también puede favorecer descensos de la tensión arterial en algunas personas", señala la Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E-Health Medical Manager de Cigna Healthcare España. "Si aparecen señales como mareos, sensación de debilidad o inestabilidad, lo recomendable es parar la actividad, buscar un lugar fresco e hidratarse, porque suelen ser indicios de que el cuerpo está empezando a descompensarse, y actuar a tiempo es fundamental para evitar que la situación vaya a más", concluye la experta.





























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