Salud
La otitis se dispara en verano: los cinco errores que aumentan el riesgo de sufrirla
El 70% de los casos anuales de otitis externa se concentran en la última semana de julio y las tres primeras de agosto, según alertan los especialistas
Con la llegada del verano y el aumento de los baños en piscinas y playas, también se disparan las consultas por otitis externa, conocida popularmente como la otitis del nadador. Según datos de GAES, durante la última semana de julio y las tres primeras de agosto se concentra hasta el 70% de los casos anuales de esta afección, coincidiendo con el periodo vacacional y las temperaturas más elevadas. En zonas de costa o con gran afluencia de piscinas, esta patología puede llegar a suponer entre el 15% y el 20% de todas las consultas médicas durante los meses estivales.
El Dr. Fernando Benito, especialista en otorrinolaringología del Hospital Clínico Universitario de Salamanca, señala que la vulnerabilidad a esta infección es muy distinta según la edad. Los niños son el grupo más afectado, con una incidencia de entre 15 y 18 casos por cada 1.000 habitantes, debido a que pasan más tiempo en el agua. En el caso de los adultos, con 5 casos por cada 1.000, suelen padecerla más si ya presentan factores previos como piel seca, psoriasis o enfermedades como la diabetes.
¿Por qué aumenta la otitis en verano?
El agua de la piscina y la del mar tienen un efecto muy parecido sobre el oído. La diferencia es que el agua de la piscina, por el cloro y su pH, elimina con mayor facilidad la capa de grasa natural que protege el conducto auditivo. Sin embargo, si el agua del mar permanece retenida en el oído durante un tiempo, también reblandece la piel y hace que pierda parte de su función protectora. A ello se suma el calor y la humedad, que dificultan la evaporación del agua atrapada y crean un entorno favorable para la proliferación de bacterias y hongos.
Los cinco errores más comunes que empeoran la otitis
Aunque el agua suele ser el desencadenante, en muchas ocasiones son determinados hábitos los que favorecen la aparición de la infección o dificultan su recuperación. Entre los errores más frecuentes, los especialistas destacan:
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Usar bastoncillos para limpiar o secar el oído. Es el factor de riesgo número uno, ya que empujan la cera hacia el fondo del conducto, formando un tapón que retiene agua y favorece la infección.
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Pensar que cualquier tapón sirve. No todos ofrecen la misma protección ni son igual de eficaces.
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Recurrir a remedios caseros, como aplicar aceite de oliva o de almendras antes de nadar, creyendo que impiden la entrada de agua.
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Seguir bañándose en piscinas o en el mar una vez iniciado el tratamiento, lo que puede retrasar la curación. Un fallo clásico en vacaciones, ya que el oído infectado necesita reposo absoluto.
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Automedicarse con gotas sobrantes de tratamientos anteriores, que pueden no ser adecuadas e incluso resultar perjudiciales si existe una perforación del tímpano no diagnosticada.
Guía rápida para detectarla en casa
Aunque suele ser una patología leve, detectarla a tiempo es vital. Los síntomas de alerta incluyen dolor agudo —especialmente al tocar o tirar suavemente de la oreja—, picor constante dentro del oído, sensación de taponamiento, supuración o pérdida auditiva leve.
Cómo proteger el oído este verano
Los especialistas destacan que la prevención se basa principalmente en dos medidas sencillas: el secado a conciencia tras cada baño, con una toalla suave o un secador en modo frío para eliminar la humedad residual, y la utilización de tapones cuando estén indicados. En personas con el tímpano sano pueden ser una medida preventiva útil, siempre que sean de silicona moldeable o hechos a medida y se coloquen con el oído completamente seco. En quienes tienen el tímpano perforado o llevan tubos de ventilación, es recomendable utilizar tapones personalizados adaptados por un profesional.
Desde GAES recuerdan que la mejor forma de evitar complicaciones es apostar por la prevención y acudir a un especialista ante los primeros síntomas. Un diagnóstico precoz y el tratamiento adecuado permiten una recuperación no solo más rápida, sino más segura.

Con la llegada del verano y el aumento de los baños en piscinas y playas, también se disparan las consultas por otitis externa, conocida popularmente como la otitis del nadador. Según datos de GAES, durante la última semana de julio y las tres primeras de agosto se concentra hasta el 70% de los casos anuales de esta afección, coincidiendo con el periodo vacacional y las temperaturas más elevadas. En zonas de costa o con gran afluencia de piscinas, esta patología puede llegar a suponer entre el 15% y el 20% de todas las consultas médicas durante los meses estivales.
El Dr. Fernando Benito, especialista en otorrinolaringología del Hospital Clínico Universitario de Salamanca, señala que la vulnerabilidad a esta infección es muy distinta según la edad. Los niños son el grupo más afectado, con una incidencia de entre 15 y 18 casos por cada 1.000 habitantes, debido a que pasan más tiempo en el agua. En el caso de los adultos, con 5 casos por cada 1.000, suelen padecerla más si ya presentan factores previos como piel seca, psoriasis o enfermedades como la diabetes.
¿Por qué aumenta la otitis en verano?
El agua de la piscina y la del mar tienen un efecto muy parecido sobre el oído. La diferencia es que el agua de la piscina, por el cloro y su pH, elimina con mayor facilidad la capa de grasa natural que protege el conducto auditivo. Sin embargo, si el agua del mar permanece retenida en el oído durante un tiempo, también reblandece la piel y hace que pierda parte de su función protectora. A ello se suma el calor y la humedad, que dificultan la evaporación del agua atrapada y crean un entorno favorable para la proliferación de bacterias y hongos.
Los cinco errores más comunes que empeoran la otitis
Aunque el agua suele ser el desencadenante, en muchas ocasiones son determinados hábitos los que favorecen la aparición de la infección o dificultan su recuperación. Entre los errores más frecuentes, los especialistas destacan:
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Usar bastoncillos para limpiar o secar el oído. Es el factor de riesgo número uno, ya que empujan la cera hacia el fondo del conducto, formando un tapón que retiene agua y favorece la infección.
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Pensar que cualquier tapón sirve. No todos ofrecen la misma protección ni son igual de eficaces.
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Recurrir a remedios caseros, como aplicar aceite de oliva o de almendras antes de nadar, creyendo que impiden la entrada de agua.
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Seguir bañándose en piscinas o en el mar una vez iniciado el tratamiento, lo que puede retrasar la curación. Un fallo clásico en vacaciones, ya que el oído infectado necesita reposo absoluto.
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Automedicarse con gotas sobrantes de tratamientos anteriores, que pueden no ser adecuadas e incluso resultar perjudiciales si existe una perforación del tímpano no diagnosticada.
Guía rápida para detectarla en casa
Aunque suele ser una patología leve, detectarla a tiempo es vital. Los síntomas de alerta incluyen dolor agudo —especialmente al tocar o tirar suavemente de la oreja—, picor constante dentro del oído, sensación de taponamiento, supuración o pérdida auditiva leve.
Cómo proteger el oído este verano
Los especialistas destacan que la prevención se basa principalmente en dos medidas sencillas: el secado a conciencia tras cada baño, con una toalla suave o un secador en modo frío para eliminar la humedad residual, y la utilización de tapones cuando estén indicados. En personas con el tímpano sano pueden ser una medida preventiva útil, siempre que sean de silicona moldeable o hechos a medida y se coloquen con el oído completamente seco. En quienes tienen el tímpano perforado o llevan tubos de ventilación, es recomendable utilizar tapones personalizados adaptados por un profesional.
Desde GAES recuerdan que la mejor forma de evitar complicaciones es apostar por la prevención y acudir a un especialista ante los primeros síntomas. Un diagnóstico precoz y el tratamiento adecuado permiten una recuperación no solo más rápida, sino más segura.





























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