Cada verano, las consultas de gastroenterología y urgencias reciben a decenas de pacientes con dolores abdominales intensos, náuseas y vómitos después de haber comido pescado. La mayoría atribuye los síntomas a una mala digestión o a un virus estacional, pero en muchos casos el culpable es un parásito diminuto, apenas perceptible, que lleva años conviviendo con la dieta mediterránea: el anisakis.
Los expertos advierten de que el consumo creciente de platos como el sushi, el ceviche o los boquerones en vinagre mantiene viva la amenaza de este gusano, que se cuela en el organismo cuando se ingieren larvas vivas. "Muchos pacientes no relacionan el malestar con el pescado que han comido unas horas antes", explica la doctora Malena García Arredondo, especialista en aparato digestivo, quien subraya que este despiste retrasa el diagnóstico y puede agravar el cuadro clínico.
Una vez ingerida, la larva del anisakis intenta perforar la pared del estómago o el intestino, lo que desencadena una fuerte respuesta inflamatoria. El resultado es un dolor abdominal agudo que puede ir acompañado de vómitos y malestar general. En los casos en que el parásito se aloja en el estómago, una endoscopia permite extraerlo y confirmar el diagnóstico.
Pero el anisakis no solo provoca infecciones puntuales. Quienes han estado en contacto con el parásito pueden quedar sensibilizados y desarrollar alergias incluso cuando el pescado ha sido cocinado o congelado correctamente. Esto se debe a que algunas proteínas del gusano resisten las altas temperaturas y, en personas predispuestas, desencadenan reacciones que van desde urticaria hasta dificultades respiratorias.
La especialista identifica tres fallos que se repiten cada año. El primero es confiar en el limón o el vinagre como métodos para eliminar el parásito. Ni uno ni otro tienen efecto sobre las larvas. El segundo error es no congelar el pescado el tiempo suficiente antes de consumirlo crudo. Los expertos recomiendan mantenerlo al menos cinco días a 20 grados bajo cero si se va a comer sin cocinar. El tercer fallo es cocinar solo la superficie del pescado, dejando el interior crudo; la temperatura debe alcanzar los 60 grados en toda la pieza para garantizar que las larvas mueran.
Los síntomas no deben tomarse a la ligera. Dolor abdominal intenso horas después de una comida con pescado, vómitos persistentes, dificultad para tragar, sangre en las heces o urticaria son señales que merecen atención médica inmediata. "No debería normalizarse que algo nos siente mal", advierte la doctora García Arredondo, quien insiste en que la prevención es la herramienta más eficaz. Cocinar bien el pescado, congelarlo cuando sea necesario y mantener la cadena de frío son gestos sencillos que pueden evitar un mal trago en plenas vacaciones.
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