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Actualizada Miércoles, 05 de Agosto de 2026 a las 08:58:20 horas

Redacción Actualidad
Miércoles, 05 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:
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Pantallas en verano: el peligro no es el tiempo, sino lo que se deja de hacer

Con la llegada del verano aumenta el tiempo que niños y adolescentes pasan frente a las pantallas. El psicólogo del hospital Ribera Juan Cardona, Daniel Valencia, advierte de que el uso de la tecnología deja de ser saludable cuando desplaza actividades esenciales como el deporte, el descanso o las relaciones sociales. Durante el período lectivo, el uso de los dispositivos digitales queda bastante controlado por los horarios de clases, los deberes y las actividades extraescolares, pero en vacaciones el aumento del tiempo libre puede ser complicado de gestionar.

 

 

Según Valencia, no hay una cantidad de horas objetiva que resulte excesiva. En lugar de cronometrar tiempos, es mejor analizar qué se deja de hacer al estar conectado. "Cuando un niño practica deporte, descansa adecuadamente, conserva vínculos sociales y toma parte en eventos familiares, quizás el empleo tecnológico no constituya una dificultad seria. Sin embargo, si las pantallas desplazan al resto de actividades de ocio pasan a constituir un problema", comenta el psicólogo.

 

No todo uso intensivo implica una dependencia, pero hay ciertos indicios que muestran cuando el uso de las pantallas se vuelve dañino. "Una señal de posible peligro sería cuando el menor presenta irritabilidad al pedirle que apague el dispositivo. Asimismo, deberíamos vigilar si ha dejado de interesarse en tareas que previamente disfrutaban o si parecen incapaces de entretenerse sin una pantalla delante". Otro indicador importante es el aislamiento. "Cuando un adolescente deja de quedar con amigos, evita actividades familiares o muestra poco interés por cualquier plan que implique desconectarse, merece la pena analizar qué está ocurriendo. Lo fundamental no es el tiempo que le dedica a los dispositivos, sino el grado de dependencia que le genera".

 

El sueño es una de las primeras víctimas. Muchos jóvenes duermen con el móvil en la habitación y están conectados hasta muy tarde. Mientras ven vídeos, chatean o visitan plataformas digitales, su cerebro permanece en un estado de activación que dificulta conciliar el sueño. A la mañana siguiente se despiertan más fatigados, prestan menos atención y se irritan con facilidad. "En consulta es común ver cómo ciertos problemas de humor mejoran con tan solo recobrar buenos hábitos de sueño", apunta el psicólogo.

 

Ante un uso problemático de las pantallas, es importante establecer límites claros. "Un error frecuente consiste en actuar solo cuando nos sentimos desbordados por el problema. Si durante semanas somos demasiado permisivos, y de repente prohibimos el uso drástico de pantallas se produce un conflicto". Valencia explica que "los límites funcionan mejor cuando son claros, consistentes y conocidos de antemano. Es más eficaz establecer normas desde el principio que improvisarlas cada día. También ayuda explicar el motivo de las decisiones. Los adolescentes aceptan mejor las normas cuando perciben que existe una intención educativa y no un simple castigo". Por último, recuerda que "limitar no significa prohibir. El objetivo de las familias es enseñar a utilizar la tecnología de forma equilibrada, algo que necesitarán durante toda su vida".

 

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