Salud
Siete molestias del verano que pueden tener un origen digestivo
La gastroenteróloga Malena García Arredondo advierte que la hinchazón, el cansancio o la niebla mental pueden ser señales de un intestino inflamado por los excesos estivales
El calor se ha convertido en el chivo expiatorio de casi todos los malestares del verano. Abdomen hinchado, piernas pesadas, cansancio después de comer o incluso dificultad para concentrarse. Sin embargo, los especialistas advierten que muchas de estas molestias atribuidas a las altas temperaturas tienen, en realidad, un origen digestivo. La alimentación, la hidratación y el estado de la microbiota pueden marcar la diferencia entre disfrutar de las vacaciones o pasar semanas sintiéndose inflamado.
El aumento del consumo de alcohol, refrescos, fritos, helados industriales y ultraprocesados, unido a la falta de horarios, las comidas copiosas y una hidratación insuficiente, favorece un estado de inflamación de bajo grado que afecta a todo el organismo. "La mayoría de las personas piensa que el calor explica por sí solo el cansancio, la hinchazón o la sensación de pesadez. Sin embargo, con mucha frecuencia vemos en consulta que el intestino también está detrás de estos síntomas", explica la doctora Malena García Arredondo, gastroenteróloga y directora de MGA Healthy Digest.
El intestino mantiene una estrecha relación con el sistema inmunitario, el metabolismo e incluso con el cerebro a través del conocido eje intestino-cerebro. Cuando este equilibrio se altera, el cuerpo empieza a enviar señales que muchas veces pasan desapercibidas. Estos son algunos de los síntomas que, según la especialista, pueden estar alertando de que el intestino necesita atención:
Abdomen hinchado durante todo el día: no siempre responde a una acumulación de grasa o retención de líquidos. Las digestiones pesadas, el exceso de bebidas con gas, el alcohol y los alimentos ricos en sal pueden provocar distensión abdominal. Cansancio después de comer: cuando ocurre de forma repetida, puede ser señal de que el sistema digestivo está trabajando en exceso. Niebla mental y dificultad para concentrarse: la conexión entre intestino y cerebro explica que una digestión pesada pueda traducirse en embotamiento o somnolencia. Piernas pesadas y sensación de retención: el calor favorece la vasodilatación, y una alimentación rica en sal intensifica la hinchazón. Gases y digestiones lentas: los cambios de horario, las comidas improvisadas y el picoteo favorecen digestiones más pesadas. Más hambre y antojos de dulce: los picos de glucosa provocados por helados y refrescos generan nuevas ganas de comer. Una piel más apagada: la salud digestiva también se refleja en la piel, que pierde luminosidad con el exceso de alcohol y ultraprocesados.
Frente a los excesos del verano, la especialista recuerda que no existen soluciones milagro. La dieta mediterránea —verduras, frutas enteras, legumbres, pescado, aceite de oliva y frutos secos— sigue siendo la mejor aliada. "No se trata de prohibir ni de vivir las vacaciones con restricciones. Se trata de mantener un equilibrio. Disfrutar de un aperitivo o de una comida especial forma parte del verano, pero cuando el exceso se convierte en hábito, el intestino acaba pasándonos factura", concluye García Arredondo.

El calor se ha convertido en el chivo expiatorio de casi todos los malestares del verano. Abdomen hinchado, piernas pesadas, cansancio después de comer o incluso dificultad para concentrarse. Sin embargo, los especialistas advierten que muchas de estas molestias atribuidas a las altas temperaturas tienen, en realidad, un origen digestivo. La alimentación, la hidratación y el estado de la microbiota pueden marcar la diferencia entre disfrutar de las vacaciones o pasar semanas sintiéndose inflamado.
El aumento del consumo de alcohol, refrescos, fritos, helados industriales y ultraprocesados, unido a la falta de horarios, las comidas copiosas y una hidratación insuficiente, favorece un estado de inflamación de bajo grado que afecta a todo el organismo. "La mayoría de las personas piensa que el calor explica por sí solo el cansancio, la hinchazón o la sensación de pesadez. Sin embargo, con mucha frecuencia vemos en consulta que el intestino también está detrás de estos síntomas", explica la doctora Malena García Arredondo, gastroenteróloga y directora de MGA Healthy Digest.
El intestino mantiene una estrecha relación con el sistema inmunitario, el metabolismo e incluso con el cerebro a través del conocido eje intestino-cerebro. Cuando este equilibrio se altera, el cuerpo empieza a enviar señales que muchas veces pasan desapercibidas. Estos son algunos de los síntomas que, según la especialista, pueden estar alertando de que el intestino necesita atención:
Abdomen hinchado durante todo el día: no siempre responde a una acumulación de grasa o retención de líquidos. Las digestiones pesadas, el exceso de bebidas con gas, el alcohol y los alimentos ricos en sal pueden provocar distensión abdominal. Cansancio después de comer: cuando ocurre de forma repetida, puede ser señal de que el sistema digestivo está trabajando en exceso. Niebla mental y dificultad para concentrarse: la conexión entre intestino y cerebro explica que una digestión pesada pueda traducirse en embotamiento o somnolencia. Piernas pesadas y sensación de retención: el calor favorece la vasodilatación, y una alimentación rica en sal intensifica la hinchazón. Gases y digestiones lentas: los cambios de horario, las comidas improvisadas y el picoteo favorecen digestiones más pesadas. Más hambre y antojos de dulce: los picos de glucosa provocados por helados y refrescos generan nuevas ganas de comer. Una piel más apagada: la salud digestiva también se refleja en la piel, que pierde luminosidad con el exceso de alcohol y ultraprocesados.
Frente a los excesos del verano, la especialista recuerda que no existen soluciones milagro. La dieta mediterránea —verduras, frutas enteras, legumbres, pescado, aceite de oliva y frutos secos— sigue siendo la mejor aliada. "No se trata de prohibir ni de vivir las vacaciones con restricciones. Se trata de mantener un equilibrio. Disfrutar de un aperitivo o de una comida especial forma parte del verano, pero cuando el exceso se convierte en hábito, el intestino acaba pasándonos factura", concluye García Arredondo.





























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