OPINION
Falta de oportunidad
JOSÉ MANUEL PENA
Hay gente muy miserable. Llamando ratas, animando a la caza y a la pesca de migrantes por parte de responsables públicos es un evidente delito de odio y una carencia de ética y moralidad de la más elemental. Los ciudadanos normales no podemos unir nuestro silencio ante tantas barbaridades más propias de sociedades antidemocráticas y autocráticas.
Lo que sucede con la migración irregular es consecuencia de la falta de oportunidades, de marginación social y de exclusión social de miles de personas y familias que viven en países con regímenes ditactoriales. Eso mismo ocurrió en plena dictadura militar franquista, cuando muchos miles de ciudadanos españoles cruzaron el océano o las fronteras europeas para buscar una vida mejor. Con lo puesto y poco más salieron a la aventura para que sus familias dejasen de pasar hambre, acceder a una vivienda en propiedad y que sus hijos pudiesen estudiar. No podemos continuar mirando para otro lado y ser más empáticos con la realidad de los más vulnerables.
Son personas, que viven en países a los que hemos explotado todas sus riquezas naturales, desde occidente, como con la pesca abusiva y descontrolada, la explotación de minas, el cultivo del cacao sí como la explotación de la mano de obra africana por su falta de cualificación y situación de vulnerabilidad.
Hay gente muy miserable. Llamando ratas, animando a la caza y a la pesca de migrantes por parte de responsables públicos es un evidente delito de odio y una carencia de ética y moralidad de la más elemental. Los ciudadanos normales no podemos unir nuestro silencio ante tantas barbaridades más propias de sociedades antidemocráticas y autocráticas.
Lo que sucede con la migración irregular es consecuencia de la falta de oportunidades, de marginación social y de exclusión social de miles de personas y familias que viven en países con regímenes ditactoriales. Eso mismo ocurrió en plena dictadura militar franquista, cuando muchos miles de ciudadanos españoles cruzaron el océano o las fronteras europeas para buscar una vida mejor. Con lo puesto y poco más salieron a la aventura para que sus familias dejasen de pasar hambre, acceder a una vivienda en propiedad y que sus hijos pudiesen estudiar. No podemos continuar mirando para otro lado y ser más empáticos con la realidad de los más vulnerables.
Son personas, que viven en países a los que hemos explotado todas sus riquezas naturales, desde occidente, como con la pesca abusiva y descontrolada, la explotación de minas, el cultivo del cacao sí como la explotación de la mano de obra africana por su falta de cualificación y situación de vulnerabilidad.


























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