Día Lunes, 28 de Septiembre de 2026
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¿Tienes un pariente en común con la Familia Real? Es más probable de lo que crees
El estadístico Joseph Chang calculó que dos europeos cualesquiera comparten un ancestro común si retroceden unos 600 años en su árbol genealógico, según los registros históricos disponibles.
La probabilidad de que un ciudadano europeo comparta antepasado con un monarca como Felipe VI no es tan remota como podría parecer, según los cálculos del estadístico de la Universidad de Yale Joseph Chang. En un estudio publicado hace años, el investigador determinó que dos personas cualesquiera, si retroceden 900 años en su árbol genealógico, acaban teniendo al menos un ancestro común. En Europa, ese cálculo se reduce a unos 600 años, lo que sitúa el vínculo con las casas reales al alcance matemático de buena parte de la población.
Dos conceptos explican esta teoría: el MRCA (ancestro común más reciente), el punto en el que confluyen dos líneas genealógicas, y el IAP (punto de antepasados idénticos), el momento a partir del cual toda la población de una región desciende de las mismas personas. En términos estadísticos, es teóricamente posible tener parentesco con un rey, una reina o un emperador, aunque la distancia genealógica y el tiempo transcurrido desde ese vínculo hacen que la conexión sea prácticamente irrelevante en términos familiares.
El caso más llamativo que respalda esta teoría procede del antiguo Egipto. El centro de genealogía iGENEA, con sede en Zúrich, reconstruyó el perfil genético de Tutankamón y determinó que aproximadamente la mitad de la población de Europa Occidental está emparentada con el faraón. Si ese parentesco masivo se da con un líder que vivió hace más de 3.000 años y a miles de kilómetros de distancia, la probabilidad de compartir antepasado con un monarca europeo actual es, según los cálculos de Chang, bastante alta.
La Casa Real española, una de las más antiguas de Europa, tiene un árbol genealógico que se remonta a los Reyes Católicos (Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón) y llega hasta Felipe VI a través de la dinastía de los Borbones. Sin embargo, el árbol no se limita a ese apellido; en cada generación aparecen otros muchos, como Urdangarín, Marichalar, Ortiz o Rocasolano, lo que multiplica las posibles conexiones con la población general.
Rastrear esas conexiones es posible a través de bases de datos genealógicas que recopilan registros históricos, militares, testamentarios, notariales y parroquiales, y que permiten introducir apellidos para explorar posibles vínculos familiares. Eso sí, no se trata de una investigación de una tarde, sino de un proceso que puede llevar tiempo y que conecta la historia personal con siglos de historia europea.

La probabilidad de que un ciudadano europeo comparta antepasado con un monarca como Felipe VI no es tan remota como podría parecer, según los cálculos del estadístico de la Universidad de Yale Joseph Chang. En un estudio publicado hace años, el investigador determinó que dos personas cualesquiera, si retroceden 900 años en su árbol genealógico, acaban teniendo al menos un ancestro común. En Europa, ese cálculo se reduce a unos 600 años, lo que sitúa el vínculo con las casas reales al alcance matemático de buena parte de la población.
Dos conceptos explican esta teoría: el MRCA (ancestro común más reciente), el punto en el que confluyen dos líneas genealógicas, y el IAP (punto de antepasados idénticos), el momento a partir del cual toda la población de una región desciende de las mismas personas. En términos estadísticos, es teóricamente posible tener parentesco con un rey, una reina o un emperador, aunque la distancia genealógica y el tiempo transcurrido desde ese vínculo hacen que la conexión sea prácticamente irrelevante en términos familiares.
El caso más llamativo que respalda esta teoría procede del antiguo Egipto. El centro de genealogía iGENEA, con sede en Zúrich, reconstruyó el perfil genético de Tutankamón y determinó que aproximadamente la mitad de la población de Europa Occidental está emparentada con el faraón. Si ese parentesco masivo se da con un líder que vivió hace más de 3.000 años y a miles de kilómetros de distancia, la probabilidad de compartir antepasado con un monarca europeo actual es, según los cálculos de Chang, bastante alta.
La Casa Real española, una de las más antiguas de Europa, tiene un árbol genealógico que se remonta a los Reyes Católicos (Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón) y llega hasta Felipe VI a través de la dinastía de los Borbones. Sin embargo, el árbol no se limita a ese apellido; en cada generación aparecen otros muchos, como Urdangarín, Marichalar, Ortiz o Rocasolano, lo que multiplica las posibles conexiones con la población general.
Rastrear esas conexiones es posible a través de bases de datos genealógicas que recopilan registros históricos, militares, testamentarios, notariales y parroquiales, y que permiten introducir apellidos para explorar posibles vínculos familiares. Eso sí, no se trata de una investigación de una tarde, sino de un proceso que puede llevar tiempo y que conecta la historia personal con siglos de historia europea.















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