SALUD
Dos horas de pantallas duplican el riesgo de síntomas de TDAH infantil
Un estudio prospectivo liderado por la Universidad de Navarra con el apoyo de Fundación Mapfre ha concluido que los niños que pasan dos o más horas al día frente a pantallas tienen un riesgo relativo 2,16 veces mayor de cumplir los criterios de cribado de un posible trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) que aquellos que pasan menos de una hora diaria. La investigación, enmarcada en el Proyecto SENDO, ha seguido durante aproximadamente dos años a 568 niños de 4 y 5 años y también ha observado que un mayor consumo de productos ultraprocesados se asocia con peores puntuaciones en hiperactividad, relaciones con iguales, conducta prosocial e inatención.
Los resultados, presentados en el informe 'Dieta, pantallas y síntomas de TDAH en la infancia', indican que el 39% de los participantes pasa una hora o más al día frente a pantallas, mientras que el 61% dedica menos de una hora. En cuanto a la alimentación, los productos ultraprocesados representaron de media el 37% de la ingesta energética de los niños analizados. Al comparar a los niños con un consumo alto de ultraprocesados con aquellos con ingesta menor, se observaron diferencias estadísticamente significativas en hiperactividad, relaciones con los compañeros, conducta prosocial e inatención, con puntuaciones peores en el primer grupo.
El informe ha sido presentado por Eva Arranz, médico de Fundación Mapfre, y Nerea Martín Calvo, especialista en pediatría y profesora de la Universidad de Navarra. "El TDAH tiene un origen complejo en el que intervienen factores genéticos y neurobiológicos, pero también determinados hábitos que forman parte del entorno en el que se desarrolla la infancia. Con este estudio queremos analizar si factores potencialmente modificables, como la alimentación o el tiempo de exposición a pantallas, se relacionan con una mayor probabilidad de cumplir los criterios de cribado de un posible TDAH", ha destacado Martín Calvo. La especialista ha recordado que, al tratarse de un estudio observacional, los resultados no permiten establecer una relación causal, pero sí avanzar en el conocimiento de una relación que necesita más investigación.
Por su parte, Eva Arranz ha subrayado que "la alimentación y la exposición a pantallas son aspectos sobre los que las familias pueden actuar. Promover hábitos saludables, como priorizar una alimentación basada en alimentos frescos y limitar el tiempo frente a dispositivos electrónicos, puede formar parte de un enfoque integral para favorecer la salud y el bienestar infantil".
La principal particularidad de este trabajo es su diseño prospectivo: los hábitos relacionados con la alimentación y las pantallas se registraron aproximadamente dos años antes de la evaluación final de los indicadores de conducta y síntomas de TDAH, lo que permite estudiar la secuencia temporal entre los hábitos y los indicadores posteriores de salud psicoemocional. Para valorar los resultados, los investigadores utilizaron el cuestionario SDQ y la escala de TDAH de DuPaul. Un 10,9% de los participantes cumplieron los criterios de un "posible TDAH" según esta última escala, aunque los autores insisten en que no equivale a un diagnóstico clínico.
El estudio se enmarca en el Proyecto SENDO, una cohorte pediátrica que estudia cómo diferentes factores del estilo de vida se relacionan con la salud infantil. Los investigadores concluyen que incorporar la alimentación y los hábitos digitales a una valoración integral del bienestar infantil es importante, sin culpabilizar a las familias, y apuntan a la necesidad de replicar estos resultados y estudiar si modificar estas exposiciones produce cambios en los síntomas.

Un estudio prospectivo liderado por la Universidad de Navarra con el apoyo de Fundación Mapfre ha concluido que los niños que pasan dos o más horas al día frente a pantallas tienen un riesgo relativo 2,16 veces mayor de cumplir los criterios de cribado de un posible trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) que aquellos que pasan menos de una hora diaria. La investigación, enmarcada en el Proyecto SENDO, ha seguido durante aproximadamente dos años a 568 niños de 4 y 5 años y también ha observado que un mayor consumo de productos ultraprocesados se asocia con peores puntuaciones en hiperactividad, relaciones con iguales, conducta prosocial e inatención.
Los resultados, presentados en el informe 'Dieta, pantallas y síntomas de TDAH en la infancia', indican que el 39% de los participantes pasa una hora o más al día frente a pantallas, mientras que el 61% dedica menos de una hora. En cuanto a la alimentación, los productos ultraprocesados representaron de media el 37% de la ingesta energética de los niños analizados. Al comparar a los niños con un consumo alto de ultraprocesados con aquellos con ingesta menor, se observaron diferencias estadísticamente significativas en hiperactividad, relaciones con los compañeros, conducta prosocial e inatención, con puntuaciones peores en el primer grupo.
El informe ha sido presentado por Eva Arranz, médico de Fundación Mapfre, y Nerea Martín Calvo, especialista en pediatría y profesora de la Universidad de Navarra. "El TDAH tiene un origen complejo en el que intervienen factores genéticos y neurobiológicos, pero también determinados hábitos que forman parte del entorno en el que se desarrolla la infancia. Con este estudio queremos analizar si factores potencialmente modificables, como la alimentación o el tiempo de exposición a pantallas, se relacionan con una mayor probabilidad de cumplir los criterios de cribado de un posible TDAH", ha destacado Martín Calvo. La especialista ha recordado que, al tratarse de un estudio observacional, los resultados no permiten establecer una relación causal, pero sí avanzar en el conocimiento de una relación que necesita más investigación.
Por su parte, Eva Arranz ha subrayado que "la alimentación y la exposición a pantallas son aspectos sobre los que las familias pueden actuar. Promover hábitos saludables, como priorizar una alimentación basada en alimentos frescos y limitar el tiempo frente a dispositivos electrónicos, puede formar parte de un enfoque integral para favorecer la salud y el bienestar infantil".
La principal particularidad de este trabajo es su diseño prospectivo: los hábitos relacionados con la alimentación y las pantallas se registraron aproximadamente dos años antes de la evaluación final de los indicadores de conducta y síntomas de TDAH, lo que permite estudiar la secuencia temporal entre los hábitos y los indicadores posteriores de salud psicoemocional. Para valorar los resultados, los investigadores utilizaron el cuestionario SDQ y la escala de TDAH de DuPaul. Un 10,9% de los participantes cumplieron los criterios de un "posible TDAH" según esta última escala, aunque los autores insisten en que no equivale a un diagnóstico clínico.
El estudio se enmarca en el Proyecto SENDO, una cohorte pediátrica que estudia cómo diferentes factores del estilo de vida se relacionan con la salud infantil. Los investigadores concluyen que incorporar la alimentación y los hábitos digitales a una valoración integral del bienestar infantil es importante, sin culpabilizar a las familias, y apuntan a la necesidad de replicar estos resultados y estudiar si modificar estas exposiciones produce cambios en los síntomas.





























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