Día Lunes, 28 de Septiembre de 2026
ACTUALIDAD
La rutina, clave para la autonomía de los mayores
Con la llegada del otoño, recuperar una rutina estable resulta especialmente importante para las personas mayores que viven en su domicilio y mantienen cierto grado de autonomía. El verano suele modificar horarios y organización diaria: los viajes, las estancias con familiares o la reducción de algunas actividades habituales cambian temporalmente la forma de desenvolverse en el día a día. Volver a unos horarios reconocibles ayuda a ordenar la jornada, pero el valor de la rutina va más allá. Las actividades cotidianas actúan como una forma natural de mantener la capacidad funcional: preparar una comida sencilla, organizar una compra, caminar hasta un lugar habitual o decidir cuándo salir de casa implican movilidad, fuerza, equilibrio, planificación y toma de decisiones.
"Las rutinas proporcionan estabilidad y ayudan a recuperar puntos de referencia después de varias semanas con horarios diferentes. Sin embargo, no deben entenderse como algo rígido. Lo importante es que la persona mantenga actividades significativas para ella y continúe participando en las decisiones de su vida diaria", explica Diana Camín, psicóloga de Blua de Sanitas. Por ello, retomar estas tareas de forma progresiva y adaptada a la situación de cada persona contribuye a preservar la autonomía y a prevenir el desacondicionamiento tras periodos de menor actividad.
En este proceso, el entorno familiar desempeña un papel relevante. Durante las vacaciones es habitual que otras personas asuman algunas tareas para facilitar la convivencia. El problema aparece cuando esa dinámica continúa una vez terminada la etapa estival y se empieza a hacer por la persona mayor aquello que todavía puede realizar por sí misma. "Una ayuda excesiva puede terminar reduciendo las oportunidades de utilizar capacidades que siguen conservadas. Si una persona conserva autonomía para vestirse, preparar parte del desayuno o realizar una tarea doméstica con seguridad, aunque tarde algo más, conviene permitir que siga haciéndolo. Mantener ese papel activo forma parte de preservar su autonomía", señala Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores.
Además, la vuelta a los hábitos habituales ofrece una oportunidad para observar posibles cambios funcionales o cognitivos. Si una actividad conocida requiere de repente mucha más ayuda, aparece una pérdida de fuerza o equilibrio, se incrementan las caídas o tropiezos, hay desorientación, apatía, pérdida de iniciativa o la persona abandona tareas que antes hacía con normalidad, conviene prestar atención y hacer seguimiento. Si estos cambios persisten varios días, progresan o interfieren con su seguridad, es recomendable consultarlo con profesionales sanitarios o sociales para valorar la causa y ajustar los apoyos necesarios.
Ante esta situación, los expertos de Sanitas recomiendan recuperar las rutinas de manera progresiva. En primer lugar, restablecer los horarios poco a poco, ajustando gradualmente las horas de sueño y de las comidas para facilitar la vuelta a las referencias sin modificar bruscamente toda la organización diaria. En segundo lugar, recuperar la actividad física y los desplazamientos fuera de casa, volviendo a los paseos y actividades en el entorno, combinando actividad aeróbica ligera o moderada con ejercicios sencillos de fuerza y equilibrio adaptados a cada persona. También es fundamental mantener los vínculos sociales, ya que tras periodos de mayor convivencia familiar, regresar a un domicilio con menos compañía puede resultar especialmente acusado, por lo que recuperar encuentros habituales ayuda a mantener la participación social.
Asimismo, los expertos aconsejan observar si algo ha cambiado: una dificultad nueva para caminar, organizar tareas o realizar actividades conocidas merece seguimiento si persiste durante los días posteriores a la vuelta. Y, por último, buscar apoyo profesional cuando sea necesario. Si la persona mayor presenta cambios persistentes en movilidad, memoria, ánimo, alimentación, sueño o capacidad para realizar actividades básicas, es aconsejable no normalizarlos como parte inevitable de la edad y solicitar una valoración profesional para identificar causas reversibles y ajustar el plan de cuidados.
"Las rutinas no solo ayudan a mantener capacidades físicas y cognitivas. También aportan una sensación de estabilidad emocional, favorecen la confianza en las propias capacidades y ayudan a que la persona siga sintiéndose protagonista de su día a día", añade Diana Camín.

Con la llegada del otoño, recuperar una rutina estable resulta especialmente importante para las personas mayores que viven en su domicilio y mantienen cierto grado de autonomía. El verano suele modificar horarios y organización diaria: los viajes, las estancias con familiares o la reducción de algunas actividades habituales cambian temporalmente la forma de desenvolverse en el día a día. Volver a unos horarios reconocibles ayuda a ordenar la jornada, pero el valor de la rutina va más allá. Las actividades cotidianas actúan como una forma natural de mantener la capacidad funcional: preparar una comida sencilla, organizar una compra, caminar hasta un lugar habitual o decidir cuándo salir de casa implican movilidad, fuerza, equilibrio, planificación y toma de decisiones.
"Las rutinas proporcionan estabilidad y ayudan a recuperar puntos de referencia después de varias semanas con horarios diferentes. Sin embargo, no deben entenderse como algo rígido. Lo importante es que la persona mantenga actividades significativas para ella y continúe participando en las decisiones de su vida diaria", explica Diana Camín, psicóloga de Blua de Sanitas. Por ello, retomar estas tareas de forma progresiva y adaptada a la situación de cada persona contribuye a preservar la autonomía y a prevenir el desacondicionamiento tras periodos de menor actividad.
En este proceso, el entorno familiar desempeña un papel relevante. Durante las vacaciones es habitual que otras personas asuman algunas tareas para facilitar la convivencia. El problema aparece cuando esa dinámica continúa una vez terminada la etapa estival y se empieza a hacer por la persona mayor aquello que todavía puede realizar por sí misma. "Una ayuda excesiva puede terminar reduciendo las oportunidades de utilizar capacidades que siguen conservadas. Si una persona conserva autonomía para vestirse, preparar parte del desayuno o realizar una tarea doméstica con seguridad, aunque tarde algo más, conviene permitir que siga haciéndolo. Mantener ese papel activo forma parte de preservar su autonomía", señala Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores.
Además, la vuelta a los hábitos habituales ofrece una oportunidad para observar posibles cambios funcionales o cognitivos. Si una actividad conocida requiere de repente mucha más ayuda, aparece una pérdida de fuerza o equilibrio, se incrementan las caídas o tropiezos, hay desorientación, apatía, pérdida de iniciativa o la persona abandona tareas que antes hacía con normalidad, conviene prestar atención y hacer seguimiento. Si estos cambios persisten varios días, progresan o interfieren con su seguridad, es recomendable consultarlo con profesionales sanitarios o sociales para valorar la causa y ajustar los apoyos necesarios.
Ante esta situación, los expertos de Sanitas recomiendan recuperar las rutinas de manera progresiva. En primer lugar, restablecer los horarios poco a poco, ajustando gradualmente las horas de sueño y de las comidas para facilitar la vuelta a las referencias sin modificar bruscamente toda la organización diaria. En segundo lugar, recuperar la actividad física y los desplazamientos fuera de casa, volviendo a los paseos y actividades en el entorno, combinando actividad aeróbica ligera o moderada con ejercicios sencillos de fuerza y equilibrio adaptados a cada persona. También es fundamental mantener los vínculos sociales, ya que tras periodos de mayor convivencia familiar, regresar a un domicilio con menos compañía puede resultar especialmente acusado, por lo que recuperar encuentros habituales ayuda a mantener la participación social.
Asimismo, los expertos aconsejan observar si algo ha cambiado: una dificultad nueva para caminar, organizar tareas o realizar actividades conocidas merece seguimiento si persiste durante los días posteriores a la vuelta. Y, por último, buscar apoyo profesional cuando sea necesario. Si la persona mayor presenta cambios persistentes en movilidad, memoria, ánimo, alimentación, sueño o capacidad para realizar actividades básicas, es aconsejable no normalizarlos como parte inevitable de la edad y solicitar una valoración profesional para identificar causas reversibles y ajustar el plan de cuidados.
"Las rutinas no solo ayudan a mantener capacidades físicas y cognitivas. También aportan una sensación de estabilidad emocional, favorecen la confianza en las propias capacidades y ayudan a que la persona siga sintiéndose protagonista de su día a día", añade Diana Camín.















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