SALUD
La pérdida de resistencia en mayores, alerta cardiovascular
La disminución de la tolerancia al esfuerzo en las personas mayores puede ser un indicador relevante de posibles alteraciones cardiovasculares. Con motivo del Día Mundial del Corazón los especialistas de Sanitas recuerdan que algunos problemas cardiacos comienzan con manifestaciones poco llamativas, como necesitar más pausas al caminar, cansarse antes en un trayecto conocido o notar falta de aire en actividades que hasta hace poco se realizaban con normalidad. "Durante un esfuerzo, el organismo necesita aumentar el aporte de sangre y oxígeno a los tejidos. Cuando existe una alteración cardiovascular, ese margen de respuesta se reduce en algunos casos y la persona nota antes el cansancio, la falta de aire o la necesidad de detenerse. Lo relevante es observar si ese límite ha cambiado respecto a semanas o meses anteriores", explica José Zamorano, jefe de servicio de Cardiología del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.
La disminución de la tolerancia al esfuerzo no es específica de una enfermedad cardiaca y puede deberse también a causas respiratorias, anemia, efectos de la medicación u otras comorbilidades frecuentes en personas mayores. Por ello, el contexto clínico resulta esencial. En la insuficiencia cardiaca, por ejemplo, deben alertar la disnea de esfuerzo progresiva, el cansancio desproporcionado, la hinchazón de piernas o tobillos, la necesidad de dormir incorporado o la aparición de falta de aire al tumbarse, especialmente si suponen un cambio respecto a la situación basal. En las personas mayores, estos cambios no siempre se describen como un síntoma; a veces se reconocen porque el paseo diario se acorta, se evita una cuesta que antes se recorría o se necesita ayuda para una tarea cotidiana.
Ante estas situaciones, los expertos de Sanitas recomiendan tomar como referencia la actividad habitual y observar si una actividad conocida exige ahora más descansos, se completa más despacio o provoca un cansancio antes inexistente. También conviene fijarse en cómo aparece la falta de aire: merece consulta cuando surge con esfuerzos que hasta hace poco se toleraban bien, aumenta progresivamente o empieza a condicionar actividades cotidianas. Si aparece también al estar tumbado, debe comunicarse al profesional sanitario. Además, es útil observar señales asociadas como la hinchazón recurrente de tobillos o piernas, las palpitaciones mantenidas o un agotamiento desproporcionado.
Los especialistas insisten en la importancia de mantener el seguimiento de los factores de riesgo —presión arterial, diabetes, colesterol, función renal, peso y adherencia al tratamiento—, individualizado según fragilidad, comorbilidades y situación funcional. Asimismo, identifican las situaciones que requieren atención médica inmediata: dolor u opresión torácica que dura varios minutos o se acompaña de sudoración, náuseas, mareo o irradiación a brazo, espalda, cuello o mandíbula; dificultad respiratoria intensa o de aparición brusca; desmayo; confusión aguda; palpitaciones mantenidas con mal estado general; o hinchazón rápida de piernas asociada a aumento de falta de aire.
Desde la perspectiva del cuidado de las personas mayores, la pérdida progresiva de capacidad funcional adquiere especial importancia cuando modifica la autonomía o se asocia a fragilidad. "Preservar la autonomía también exige entender por qué una persona ha dejado de hacer algo que formaba parte de su rutina. Cuando el cansancio empieza a cambiar sus recorridos, sus tiempos o su necesidad de ayuda, conviene estudiar qué hay detrás antes de incorporarlo a la idea de que 'son los años'", concluye Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores.

La disminución de la tolerancia al esfuerzo en las personas mayores puede ser un indicador relevante de posibles alteraciones cardiovasculares. Con motivo del Día Mundial del Corazón los especialistas de Sanitas recuerdan que algunos problemas cardiacos comienzan con manifestaciones poco llamativas, como necesitar más pausas al caminar, cansarse antes en un trayecto conocido o notar falta de aire en actividades que hasta hace poco se realizaban con normalidad. "Durante un esfuerzo, el organismo necesita aumentar el aporte de sangre y oxígeno a los tejidos. Cuando existe una alteración cardiovascular, ese margen de respuesta se reduce en algunos casos y la persona nota antes el cansancio, la falta de aire o la necesidad de detenerse. Lo relevante es observar si ese límite ha cambiado respecto a semanas o meses anteriores", explica José Zamorano, jefe de servicio de Cardiología del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.
La disminución de la tolerancia al esfuerzo no es específica de una enfermedad cardiaca y puede deberse también a causas respiratorias, anemia, efectos de la medicación u otras comorbilidades frecuentes en personas mayores. Por ello, el contexto clínico resulta esencial. En la insuficiencia cardiaca, por ejemplo, deben alertar la disnea de esfuerzo progresiva, el cansancio desproporcionado, la hinchazón de piernas o tobillos, la necesidad de dormir incorporado o la aparición de falta de aire al tumbarse, especialmente si suponen un cambio respecto a la situación basal. En las personas mayores, estos cambios no siempre se describen como un síntoma; a veces se reconocen porque el paseo diario se acorta, se evita una cuesta que antes se recorría o se necesita ayuda para una tarea cotidiana.
Ante estas situaciones, los expertos de Sanitas recomiendan tomar como referencia la actividad habitual y observar si una actividad conocida exige ahora más descansos, se completa más despacio o provoca un cansancio antes inexistente. También conviene fijarse en cómo aparece la falta de aire: merece consulta cuando surge con esfuerzos que hasta hace poco se toleraban bien, aumenta progresivamente o empieza a condicionar actividades cotidianas. Si aparece también al estar tumbado, debe comunicarse al profesional sanitario. Además, es útil observar señales asociadas como la hinchazón recurrente de tobillos o piernas, las palpitaciones mantenidas o un agotamiento desproporcionado.
Los especialistas insisten en la importancia de mantener el seguimiento de los factores de riesgo —presión arterial, diabetes, colesterol, función renal, peso y adherencia al tratamiento—, individualizado según fragilidad, comorbilidades y situación funcional. Asimismo, identifican las situaciones que requieren atención médica inmediata: dolor u opresión torácica que dura varios minutos o se acompaña de sudoración, náuseas, mareo o irradiación a brazo, espalda, cuello o mandíbula; dificultad respiratoria intensa o de aparición brusca; desmayo; confusión aguda; palpitaciones mantenidas con mal estado general; o hinchazón rápida de piernas asociada a aumento de falta de aire.
Desde la perspectiva del cuidado de las personas mayores, la pérdida progresiva de capacidad funcional adquiere especial importancia cuando modifica la autonomía o se asocia a fragilidad. "Preservar la autonomía también exige entender por qué una persona ha dejado de hacer algo que formaba parte de su rutina. Cuando el cansancio empieza a cambiar sus recorridos, sus tiempos o su necesidad de ayuda, conviene estudiar qué hay detrás antes de incorporarlo a la idea de que 'son los años'", concluye Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores.




























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