Salud
Ocho de cada diez personas rechazan que la IA sustituya a un psicólogo
Un estudio de Clínicas Origen revela que quienes han ido a terapia usan más la inteligencia artificial para su bienestar, pero no la confunden con una persona.
La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cada vez más presente en el día a día, también a la hora de ordenar pensamientos, buscar información sobre bienestar o gestionar ciertas preocupaciones. Sin embargo, cuando se trata de salud mental, las personas siguen poniendo el acompañamiento humano en el centro. Así se desprende del I Observatorio de Salud Mental y Bienestar en la era de la IA, impulsado por Clínicas Origen, la primera red de clínicas de España especializada en psicología y psiquiatría, presentado con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra el 10 de octubre.
Según los datos del Observatorio, el 83,6 % de las personas encuestadas considera que la IA no puede sustituir el acompañamiento humano para comprender y resolver sus dificultades. Además, el 68 % lo rechaza rotundamente, una cifra que refleja un consenso claro: la tecnología puede servir como apoyo puntual, pero no reemplaza la escucha, el criterio clínico ni el vínculo que se construye en una relación terapéutica.
Para Clínicas Origen, estos resultados ponen en valor la inteligencia afectiva: la capacidad humana de reconocer lo que sentimos, ponerle nombre, entender de dónde viene, compartirlo y pedir ayuda cuando lo necesitamos. Una capacidad que la tecnología puede acompañar, pero no sustituir.
Quienes han ido a terapia usan más la IA, pero no la confunden con una persona
El Observatorio compara a quienes han ido o van actualmente a terapia con quienes nunca han ido. El rechazo a que la IA sustituya el acompañamiento humano es prácticamente idéntico en ambos grupos: 82,6 % entre quienes han tenido experiencia terapéutica y 85,3 % entre quienes nunca han ido a terapia.
La diferencia está en cómo utilizan la tecnología. Quienes han pasado por terapia recurren más a la IA para conversaciones de apoyo o bienestar emocional, 40,5 % frente al 24 %, y también la combinan más con personas de su entorno o con su terapeuta. En concreto, un 21,1 % le pide una primera opinión a la IA y después lo habla con alguien de confianza o con un profesional, frente al 6 % de quienes nunca han ido a terapia. Estas diferencias se mantienen al tener en cuenta variables como la edad, el sexo o el nivel de estrés, lo que apunta a que la experiencia terapéutica puede influir en la forma de integrar la IA: no como sustituto, sino como un recurso complementario y limitado.
Incluso entre quienes se apoyan en la IA para su bienestar, dos de cada tres (66,9 %), tienen claro que no sustituye a una persona. Además, solo tres de cada cien personas encuestadas prefieren contarle sus temas íntimos a la IA antes que a alguien de confianza.
Un consenso que no entiende de sexo ni de edad
El rechazo a que la IA sustituya a las personas es muy similar entre mujeres (83,4 %) y hombres (84,8 %). También se mantiene estable entre los principales grupos de edad: 81,9 % entre quienes tienen de 25 a 39 años y 82,8 % entre quienes tienen de 40 a 54 años.
Donde sí aparecen diferencias es en el uso. Entre los 25 y los 39 años, el 20,3 % utiliza la IA para desahogarse en momentos de agobio, frente al 9 % entre los 40 y los 54 años. Este dato muestra cómo las generaciones más jóvenes empiezan a incorporar estas herramientas en espacios cada vez más personales, aunque sin perder de vista la necesidad de vínculo humano.
La IA puede calmar, pero no siempre resuelve el malestar
En línea con otros estudios recientes, la IA ya forma parte de cómo muchas personas gestionan su bienestar: casi una de cada cinco personas encuestadas (17,4 %) la utiliza con frecuencia o a diario para ordenar sus pensamientos o informarse sobre bienestar. Sin embargo, solo el 15,1 % la usa para desahogarse.
El 34,3 % de las personas encuestadas afirma mantener conversaciones de apoyo con la IA. Entre ellas, el 42,6 % señala que le ayuda a calmar el agobio del momento. Sin embargo, más de la mitad, el 57,4 %, reconoce que el malestar de fondo sigue ahí o que se queda con ganas de hablarlo con una persona.
"El acompañamiento humano sigue siendo esencial"
"La IA ya forma parte de cómo nos organizamos y también de cómo gestionamos ciertas preocupaciones. Sin embargo, cuando hablamos de procesos de cambio emocionales significativos, el acompañamiento humano sigue siendo esencial: alguien que escucha, comprende y acompaña desde el vínculo", explica Pilar Conde, psicóloga y directora técnica de Clínicas Origen.
"La inteligencia afectiva es la capacidad de reconocer e identificar lo que sentimos, ponerle nombre, entender de dónde viene y decidir reaccionar de una manera acorde con nuestros valores y objetivos, no de manera impulsiva. Es un proceso que se aprende, se cultiva y nace en el encuentro con uno mismo a través de la relación y el vínculo terapéutico", añade.
Conde subraya también el valor de pedir ayuda profesional cuando el malestar continúa: "La IA puede ayudar a ordenar ideas o a ver algunas cosas con más claridad, pero si el malestar sigue ahí, esa puede ser una señal para valorar el inicio de un proceso psicológico. Permitirse recibir ayuda profesional a tiempo también es inteligencia afectiva".

La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cada vez más presente en el día a día, también a la hora de ordenar pensamientos, buscar información sobre bienestar o gestionar ciertas preocupaciones. Sin embargo, cuando se trata de salud mental, las personas siguen poniendo el acompañamiento humano en el centro. Así se desprende del I Observatorio de Salud Mental y Bienestar en la era de la IA, impulsado por Clínicas Origen, la primera red de clínicas de España especializada en psicología y psiquiatría, presentado con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra el 10 de octubre.
Según los datos del Observatorio, el 83,6 % de las personas encuestadas considera que la IA no puede sustituir el acompañamiento humano para comprender y resolver sus dificultades. Además, el 68 % lo rechaza rotundamente, una cifra que refleja un consenso claro: la tecnología puede servir como apoyo puntual, pero no reemplaza la escucha, el criterio clínico ni el vínculo que se construye en una relación terapéutica.
Para Clínicas Origen, estos resultados ponen en valor la inteligencia afectiva: la capacidad humana de reconocer lo que sentimos, ponerle nombre, entender de dónde viene, compartirlo y pedir ayuda cuando lo necesitamos. Una capacidad que la tecnología puede acompañar, pero no sustituir.
Quienes han ido a terapia usan más la IA, pero no la confunden con una persona
El Observatorio compara a quienes han ido o van actualmente a terapia con quienes nunca han ido. El rechazo a que la IA sustituya el acompañamiento humano es prácticamente idéntico en ambos grupos: 82,6 % entre quienes han tenido experiencia terapéutica y 85,3 % entre quienes nunca han ido a terapia.
La diferencia está en cómo utilizan la tecnología. Quienes han pasado por terapia recurren más a la IA para conversaciones de apoyo o bienestar emocional, 40,5 % frente al 24 %, y también la combinan más con personas de su entorno o con su terapeuta. En concreto, un 21,1 % le pide una primera opinión a la IA y después lo habla con alguien de confianza o con un profesional, frente al 6 % de quienes nunca han ido a terapia. Estas diferencias se mantienen al tener en cuenta variables como la edad, el sexo o el nivel de estrés, lo que apunta a que la experiencia terapéutica puede influir en la forma de integrar la IA: no como sustituto, sino como un recurso complementario y limitado.
Incluso entre quienes se apoyan en la IA para su bienestar, dos de cada tres (66,9 %), tienen claro que no sustituye a una persona. Además, solo tres de cada cien personas encuestadas prefieren contarle sus temas íntimos a la IA antes que a alguien de confianza.
Un consenso que no entiende de sexo ni de edad
El rechazo a que la IA sustituya a las personas es muy similar entre mujeres (83,4 %) y hombres (84,8 %). También se mantiene estable entre los principales grupos de edad: 81,9 % entre quienes tienen de 25 a 39 años y 82,8 % entre quienes tienen de 40 a 54 años.
Donde sí aparecen diferencias es en el uso. Entre los 25 y los 39 años, el 20,3 % utiliza la IA para desahogarse en momentos de agobio, frente al 9 % entre los 40 y los 54 años. Este dato muestra cómo las generaciones más jóvenes empiezan a incorporar estas herramientas en espacios cada vez más personales, aunque sin perder de vista la necesidad de vínculo humano.
La IA puede calmar, pero no siempre resuelve el malestar
En línea con otros estudios recientes, la IA ya forma parte de cómo muchas personas gestionan su bienestar: casi una de cada cinco personas encuestadas (17,4 %) la utiliza con frecuencia o a diario para ordenar sus pensamientos o informarse sobre bienestar. Sin embargo, solo el 15,1 % la usa para desahogarse.
El 34,3 % de las personas encuestadas afirma mantener conversaciones de apoyo con la IA. Entre ellas, el 42,6 % señala que le ayuda a calmar el agobio del momento. Sin embargo, más de la mitad, el 57,4 %, reconoce que el malestar de fondo sigue ahí o que se queda con ganas de hablarlo con una persona.
"El acompañamiento humano sigue siendo esencial"
"La IA ya forma parte de cómo nos organizamos y también de cómo gestionamos ciertas preocupaciones. Sin embargo, cuando hablamos de procesos de cambio emocionales significativos, el acompañamiento humano sigue siendo esencial: alguien que escucha, comprende y acompaña desde el vínculo", explica Pilar Conde, psicóloga y directora técnica de Clínicas Origen.
"La inteligencia afectiva es la capacidad de reconocer e identificar lo que sentimos, ponerle nombre, entender de dónde viene y decidir reaccionar de una manera acorde con nuestros valores y objetivos, no de manera impulsiva. Es un proceso que se aprende, se cultiva y nace en el encuentro con uno mismo a través de la relación y el vínculo terapéutico", añade.
Conde subraya también el valor de pedir ayuda profesional cuando el malestar continúa: "La IA puede ayudar a ordenar ideas o a ver algunas cosas con más claridad, pero si el malestar sigue ahí, esa puede ser una señal para valorar el inicio de un proceso psicológico. Permitirse recibir ayuda profesional a tiempo también es inteligencia afectiva".




























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