Opinión
Premios al vago, al sinvergüenza y al vividor
Mi padre construyó una casa en A Guarda hace más de cuarenta años. No la heredó: la levantó con sus propias manos, trabajando como un esclavo en parte de la obra, y pidió un crédito por el resto que pagó con un 22% de intereses. Esa casa es el fruto del sudor de un hombre que se partió la espalda para dejar un techo a su familia. Yo la he heredado y ahora la tengo en alquiler.
Yo, por mi parte, compré mi vivienda en Vigo. Pago una hipoteca de 590 euros al mes que arrastraré prácticamente hasta que me jubile. No vivo del aire ni de subvenciones: vivo de mi trabajo.
Y ahora viene un diputado del Gobierno de España —un señor que no ha pegado palo al agua en su vida, que se sienta en su escaño cobrando unos 4.000 euros al mes por soltar estupideces— a decirme que no puedo subir el alquiler de la casa que mi padre construyó con tanto esfuerzo. Me obliga a prolongar el alquiler de forma indefinida por 550 euros al mes, congelado, por una ley aprobada por gente que no ha construido nada en su vida.
Y aquí llega el remate de esta absurdidad: si no alquilo la casa, si la dejo cerrada para no regalarla a precio de saldo, y viene un okupa —perdón, un "colectivo vulnerable"— y me la ocupa, entonces sí que tendré que dejarle vivir gratis, sin pagar un euro, sin contrato, sin fecha de salida, y con la ley de su parte mirando para otro lado. Es decir: que si cumplo la ley y alquilo, me congelan el precio y pierdo dinero; y si no alquilo, me la ocupan y encima tengo que mantener al inquilino okupa a mi costa. En este país, o eres tonto útil o te ocupan la casa: no hay tercera vía. El mensaje del Gobierno es cristalino: el que trabaja y ahorra, paga; el que no hace nada y ocupa, cobra. Y luego se extrañan de que los pequeños propietarios estemos quitando las viviendas del alquiler. ¿Para qué? ¿Para regalarlas por ley o para que nos las roben con impunidad?
Mientras tanto, todo ha subido. Hace diez años llenaba el carro de la compra por 80 euros; hoy no me llegan 200. Pero yo no puedo subir el alquiler un mísero 5% porque el Gobierno me lo prohíbe.
Este Gobierno nefasto, inútil e incoherente no ha construido vivienda social en ocho años, y ahora carga el problema de la vivienda sobre los pequeños propietarios. Nosotros tenemos que pagar los platos rotos.
Es un Gobierno que premia al vago, al okupa delincuente y a la manada de mantenidos que cobran paguitas por no hacer nada, mientras castiga y exprime al que se ha esforzado en la vida, al que dedica catorce horas al día a trabajar para que luego lo arruinen a impuestos y le den paguitas a los vagos.
Exijo respeto para los pequeños propietarios. Exijo que se reconozca el esfuerzo de quienes construyeron su patrimonio con su trabajo y no a costa del erario público. Exijo que este Gobierno deje de castigar al que trabaja y empiece a construir vivienda social de verdad, en lugar de repartir premios al sinvergüenza y al vividor.
Un ciudadano que trabaja, paga impuestos y ya está harto de tanto comunismo.
Mi padre construyó una casa en A Guarda hace más de cuarenta años. No la heredó: la levantó con sus propias manos, trabajando como un esclavo en parte de la obra, y pidió un crédito por el resto que pagó con un 22% de intereses. Esa casa es el fruto del sudor de un hombre que se partió la espalda para dejar un techo a su familia. Yo la he heredado y ahora la tengo en alquiler.
Yo, por mi parte, compré mi vivienda en Vigo. Pago una hipoteca de 590 euros al mes que arrastraré prácticamente hasta que me jubile. No vivo del aire ni de subvenciones: vivo de mi trabajo.
Y ahora viene un diputado del Gobierno de España —un señor que no ha pegado palo al agua en su vida, que se sienta en su escaño cobrando unos 4.000 euros al mes por soltar estupideces— a decirme que no puedo subir el alquiler de la casa que mi padre construyó con tanto esfuerzo. Me obliga a prolongar el alquiler de forma indefinida por 550 euros al mes, congelado, por una ley aprobada por gente que no ha construido nada en su vida.
Y aquí llega el remate de esta absurdidad: si no alquilo la casa, si la dejo cerrada para no regalarla a precio de saldo, y viene un okupa —perdón, un "colectivo vulnerable"— y me la ocupa, entonces sí que tendré que dejarle vivir gratis, sin pagar un euro, sin contrato, sin fecha de salida, y con la ley de su parte mirando para otro lado. Es decir: que si cumplo la ley y alquilo, me congelan el precio y pierdo dinero; y si no alquilo, me la ocupan y encima tengo que mantener al inquilino okupa a mi costa. En este país, o eres tonto útil o te ocupan la casa: no hay tercera vía. El mensaje del Gobierno es cristalino: el que trabaja y ahorra, paga; el que no hace nada y ocupa, cobra. Y luego se extrañan de que los pequeños propietarios estemos quitando las viviendas del alquiler. ¿Para qué? ¿Para regalarlas por ley o para que nos las roben con impunidad?
Mientras tanto, todo ha subido. Hace diez años llenaba el carro de la compra por 80 euros; hoy no me llegan 200. Pero yo no puedo subir el alquiler un mísero 5% porque el Gobierno me lo prohíbe.
Este Gobierno nefasto, inútil e incoherente no ha construido vivienda social en ocho años, y ahora carga el problema de la vivienda sobre los pequeños propietarios. Nosotros tenemos que pagar los platos rotos.
Es un Gobierno que premia al vago, al okupa delincuente y a la manada de mantenidos que cobran paguitas por no hacer nada, mientras castiga y exprime al que se ha esforzado en la vida, al que dedica catorce horas al día a trabajar para que luego lo arruinen a impuestos y le den paguitas a los vagos.
Exijo respeto para los pequeños propietarios. Exijo que se reconozca el esfuerzo de quienes construyeron su patrimonio con su trabajo y no a costa del erario público. Exijo que este Gobierno deje de castigar al que trabaja y empiece a construir vivienda social de verdad, en lugar de repartir premios al sinvergüenza y al vividor.
Un ciudadano que trabaja, paga impuestos y ya está harto de tanto comunismo.


























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