Salud
Se te cae más el pelo en otoño: por qué pasa y qué hacer
El llamado efluvio telógeno estacional alcanza su pico entre septiembre y octubre; es normal y pasajero, aunque algunos hábitos ayudan a cuidar la salud capilar.
Cepillo, ducha y almohada llenos de pelos: es una de las preguntas que más se repiten cada otoño. Entre septiembre y octubre se produce el llamado efluvio telógeno estacional, un aumento de la caída del cabello que es normal y pasajero, pero que suele inquietar a quienes lo notan. Cada año, a finales de verano y principios de otoño, se disparan las búsquedas en internet y en herramientas de inteligencia artificial sobre cómo frenarla.
Según explica el dietista Alejandro Pérez, de Synsera Labs, el origen está en el propio ciclo de crecimiento del cabello. “El ciclo natural del cabello hace que una mayor proporción de folículos entre en fase de reposo (telógena) en un periodo concreto, más habitualmente durante la primavera. Unos meses después, esos cabellos en fase telógena se desprenden, por lo que durante unas semanas uno verá muchos cabellos en la ducha, el cepillo o la almohada… El pico suele ser en septiembre y octubre”, señala.
Este proceso puede agravarse si hay déficits nutricionales de hierro, zinc y vitaminas del grupo B, especialmente la B12, derivados de una alimentación insuficiente o desequilibrada. Además, la caída también puede estar relacionada con otros desencadenantes, como el estrés, la pérdida de peso, la alopecia androgénica o los cambios hormonales.
Pérez subraya que el efluvio estacional no se puede evitar por completo, al tratarse de un proceso fisiológico. Sin embargo, sostiene que algunos cambios en los hábitos diarios ayudan a mantener la salud capilar durante estas semanas y a abordar los factores que pueden aumentar la caída.
Entre las pautas que recomienda está masajear el cuero cabelludo para estimular la circulación sanguínea, así como cuidar la alimentación. El dietista advierte de que una nutrición pobre puede afectar a la salud del pelo: “Nutrientes como hierro, zinc y vitaminas del grupo B (especialmente la B12) son esenciales para el crecimiento del cabello y se encuentran en alimentos como el marisco, carne roja de calidad, vísceras, huevos, frutos secos y verduras”. También señala que una dieta basada en azúcares, harinas refinadas y aceites de semillas favorece la inflamación, la resistencia a la insulina y los desequilibrios hormonales. “El pelo no falla: avisa de lo que ocurre por dentro”, resume.
Otro factor que menciona es la vitamina D. “Cada vez hay más evidencia de que quienes sufren más caída capilar presentan niveles bajos de vitamina D, lo que convierte una exposición regular y sensata a la luz solar en un pilar básico para el folículo”, destaca. Esta vitamina se encuentra sobre todo en pescados azules como el salmón, el atún o la caballa, y se activa con la luz solar sobre la piel. En caso de déficit, el especialista recomienda recurrir a la suplementación.
El experto apunta también a la terapia de luz infrarroja, un tratamiento no invasivo que, según explica, “es una herramienta en auge que no ‘inventa’ nada nuevo: el infrarrojo representa casi la mitad del espectro solar y predomina al amanecer y al atardecer”. Y añade: “Su uso se ha asociado a una mejor microcirculación y a un aumento del recuento capilar”.
El estrés es otro de los grandes detonantes. Mantener niveles altos de cortisol de forma habitual afecta a las moléculas del folículo piloso y puede debilitar el pelo hasta hacer que caiga más de lo normal. Por eso, aprender a gestionar el estrés, dormir bien y respetar los biorritmos ayuda a normalizar el cortisol y a proteger el ciclo capilar.
A todo ello se suma el desgaste que deja el verano. El cabello puede llegar a otoño más debilitado y quebradizo por el exceso de sol, el cloro, la sal, el estrés de la vuelta a la rutina y un peor descanso nocturno. Para minimizar daños, Pérez aconseja “evitar el agua muy caliente en la ducha, no frotar en exceso el cuero cabelludo y reducir las agresiones diarias”. Y concluye: “Muchas veces, cuidar el cabello empieza por dejar de maltratarlo con el uso excesivo de alisadoras, planchas y secadores muy calientes que dañan la fibra capilar, debilitan la cutícula y pueden inflamar el cuero cabelludo”.
Conviene recordar que esta información es divulgativa y que no sustituye el consejo médico. Si la caída del cabello es muy intensa, se prolonga durante varias semanas o se acompaña de otros síntomas, lo recomendable es consultar con un profesional sanitario, que podrá valorar cada caso y descartar otras causas.

Cepillo, ducha y almohada llenos de pelos: es una de las preguntas que más se repiten cada otoño. Entre septiembre y octubre se produce el llamado efluvio telógeno estacional, un aumento de la caída del cabello que es normal y pasajero, pero que suele inquietar a quienes lo notan. Cada año, a finales de verano y principios de otoño, se disparan las búsquedas en internet y en herramientas de inteligencia artificial sobre cómo frenarla.
Según explica el dietista Alejandro Pérez, de Synsera Labs, el origen está en el propio ciclo de crecimiento del cabello. “El ciclo natural del cabello hace que una mayor proporción de folículos entre en fase de reposo (telógena) en un periodo concreto, más habitualmente durante la primavera. Unos meses después, esos cabellos en fase telógena se desprenden, por lo que durante unas semanas uno verá muchos cabellos en la ducha, el cepillo o la almohada… El pico suele ser en septiembre y octubre”, señala.
Este proceso puede agravarse si hay déficits nutricionales de hierro, zinc y vitaminas del grupo B, especialmente la B12, derivados de una alimentación insuficiente o desequilibrada. Además, la caída también puede estar relacionada con otros desencadenantes, como el estrés, la pérdida de peso, la alopecia androgénica o los cambios hormonales.
Pérez subraya que el efluvio estacional no se puede evitar por completo, al tratarse de un proceso fisiológico. Sin embargo, sostiene que algunos cambios en los hábitos diarios ayudan a mantener la salud capilar durante estas semanas y a abordar los factores que pueden aumentar la caída.
Entre las pautas que recomienda está masajear el cuero cabelludo para estimular la circulación sanguínea, así como cuidar la alimentación. El dietista advierte de que una nutrición pobre puede afectar a la salud del pelo: “Nutrientes como hierro, zinc y vitaminas del grupo B (especialmente la B12) son esenciales para el crecimiento del cabello y se encuentran en alimentos como el marisco, carne roja de calidad, vísceras, huevos, frutos secos y verduras”. También señala que una dieta basada en azúcares, harinas refinadas y aceites de semillas favorece la inflamación, la resistencia a la insulina y los desequilibrios hormonales. “El pelo no falla: avisa de lo que ocurre por dentro”, resume.
Otro factor que menciona es la vitamina D. “Cada vez hay más evidencia de que quienes sufren más caída capilar presentan niveles bajos de vitamina D, lo que convierte una exposición regular y sensata a la luz solar en un pilar básico para el folículo”, destaca. Esta vitamina se encuentra sobre todo en pescados azules como el salmón, el atún o la caballa, y se activa con la luz solar sobre la piel. En caso de déficit, el especialista recomienda recurrir a la suplementación.
El experto apunta también a la terapia de luz infrarroja, un tratamiento no invasivo que, según explica, “es una herramienta en auge que no ‘inventa’ nada nuevo: el infrarrojo representa casi la mitad del espectro solar y predomina al amanecer y al atardecer”. Y añade: “Su uso se ha asociado a una mejor microcirculación y a un aumento del recuento capilar”.
El estrés es otro de los grandes detonantes. Mantener niveles altos de cortisol de forma habitual afecta a las moléculas del folículo piloso y puede debilitar el pelo hasta hacer que caiga más de lo normal. Por eso, aprender a gestionar el estrés, dormir bien y respetar los biorritmos ayuda a normalizar el cortisol y a proteger el ciclo capilar.
A todo ello se suma el desgaste que deja el verano. El cabello puede llegar a otoño más debilitado y quebradizo por el exceso de sol, el cloro, la sal, el estrés de la vuelta a la rutina y un peor descanso nocturno. Para minimizar daños, Pérez aconseja “evitar el agua muy caliente en la ducha, no frotar en exceso el cuero cabelludo y reducir las agresiones diarias”. Y concluye: “Muchas veces, cuidar el cabello empieza por dejar de maltratarlo con el uso excesivo de alisadoras, planchas y secadores muy calientes que dañan la fibra capilar, debilitan la cutícula y pueden inflamar el cuero cabelludo”.
Conviene recordar que esta información es divulgativa y que no sustituye el consejo médico. Si la caída del cabello es muy intensa, se prolonga durante varias semanas o se acompaña de otros síntomas, lo recomendable es consultar con un profesional sanitario, que podrá valorar cada caso y descartar otras causas.




























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.23