UGT busca la calle en Vigo tras ocho años sin convocar una huelga
Pepe Álvarez moviliza Vigo para promocionar una huelga que él mismo sitúa contra la patronal, pero que desde el PSOE se interpreta como un paro contra la oposición tras dos legislaturas sin un solo pulso del sindicato a Sánchez.
Pepe Álvarez estará mañana miércoles en Vigo. Lo hará para arropar la asamblea de delegados y delegadas con la que UGT-Galicia calienta la huelga general del 11 de noviembre, a solo 18 días de las elecciones generales del 29-N. La cita, en el Auditorio Municipal a partir de las 11:30 horas, servirá para escenificar la unidad de acción del sindicato en plena precampaña. Pero el gesto llega tarde para una parte de la afiliación y para no pocos analistas, que llevan semanas señalando la contradicción de un sindicato que ha permanecido ocho años sin convocar una sola huelga general contra el Gobierno de Pedro Sánchez y que ahora, en plena cuenta atrás electoral, descubre la movilización.
La hemeroteca es tozuda. Durante las dos legislaturas del Ejecutivo socialista, UGT no ha convocado ni una sola huelga general contra el Gobierno. Sí lo hizo, y por partida doble, contra Mariano Rajoy. En ese mismo periodo, las relaciones entre el sindicato y el Ministerio de Trabajo que dirigía Yolanda Díaz se han traducido en un incremento de las subvenciones a las organizaciones sindicales del 260 %, hasta alcanzar los 32 millones de euros en 2025 . No es casualidad que, en las manifestaciones por la reducción de la jornada laboral, se pudiera ver a ministras del Gobierno caminando codo con codo con los secretarios generales de UGT y CCOO .
"No es contra el Gobierno"
El propio Pepe Álvarez se ha encargado de despejar cualquier duda sobre el destinatario del paro. En una entrevista reciente, reconoció que "es la primera vez en democracia que las organizaciones sindicales convocamos una huelga que no es contra el Gobierno" . El sindicalista argumenta que con el Ejecutivo de Sánchez han compartido cuestiones "tan importantes" como la reforma laboral que convirtió cuatro millones de contratos temporales en indefinidos o el acuerdo de pensiones . El enemigo, insiste, es la CEOE, a la que acusa de bloquear la negociación colectiva a la espera de que "lleguen los suyos" tras el 29-N .
Ese relato contrasta con el que defendió la secretaria general del PSOE de Andalucía y exministra de Hacienda, María Jesús Montero, cuando aún no se sabía que UGT y CCOO secundarían la huelga. Montero afirmó entonces que "habitualmente las huelgas generales se convocan contra los Gobiernos", pero que, en este caso, la convocatoria del Sindicato de Inquilinas "se convoca contra la oposición", en referencia al rechazo parlamentario de los decretos de vivienda. Cuando Álvarez fue preguntado por esas palabras, las rechazó de plano: "Quien tiene que definir a quién va dirigida esta huelga, a quién interpelamos, son las personas, las organizaciones que la convocamos".
La oposición no ha tardado en recoger el guante. El portavoz del PP, Borja Sémper, ironizó con que, al conocer la convocatoria, pensó "por fin, vamos a sumarnos", para luego caer en la cuenta de que era "una huelga contra la oposición". "Ocho años han caído de la cama tarde, hacia el lado equivocado", criticó . Desde Vox calificaron la convocatoria de "burla" y consideraron que trata a los ciudadanos como "tontos" al dirigirse contra quienes no tienen capacidad de gobierno .
Una grieta en el sindicalismo
La convocatoria tampoco ha logrado la unidad del movimiento sindical. Sindicatos como CSIF (260.000 afiliados), USO (150.000) y Fetico (95.000) han rechazado sumarse al paro, cuestionando sus "connotaciones políticas" y la falta de un receptor real de las reivindicaciones con el Parlamento disuelto . Incluso la propia UGT de Ceuta se ha desmarcado de la convocatoria .
La pregunta que sobrevuela en los centros de trabajo y en las sedes sindicales es por qué no se convocó esta misma huelga cuando la inflación devoraba los salarios, cuando el precio de la vivienda comenzó su escalada imparable o cuando las listas de espera sanitarias batían récords. La respuesta que ofrece el entorno de Álvarez es que la gota que colmó el vaso fue el desahucio de Maricarmen, la mujer de 87 años cuya muerte desencadenó las protestas de octubre . Pero la sensación predominante es la de un sindicato que ha esperado a que el calendario electoral marcara el ritmo de su indignación.

Pepe Álvarez estará mañana miércoles en Vigo. Lo hará para arropar la asamblea de delegados y delegadas con la que UGT-Galicia calienta la huelga general del 11 de noviembre, a solo 18 días de las elecciones generales del 29-N. La cita, en el Auditorio Municipal a partir de las 11:30 horas, servirá para escenificar la unidad de acción del sindicato en plena precampaña. Pero el gesto llega tarde para una parte de la afiliación y para no pocos analistas, que llevan semanas señalando la contradicción de un sindicato que ha permanecido ocho años sin convocar una sola huelga general contra el Gobierno de Pedro Sánchez y que ahora, en plena cuenta atrás electoral, descubre la movilización.
La hemeroteca es tozuda. Durante las dos legislaturas del Ejecutivo socialista, UGT no ha convocado ni una sola huelga general contra el Gobierno. Sí lo hizo, y por partida doble, contra Mariano Rajoy. En ese mismo periodo, las relaciones entre el sindicato y el Ministerio de Trabajo que dirigía Yolanda Díaz se han traducido en un incremento de las subvenciones a las organizaciones sindicales del 260 %, hasta alcanzar los 32 millones de euros en 2025 . No es casualidad que, en las manifestaciones por la reducción de la jornada laboral, se pudiera ver a ministras del Gobierno caminando codo con codo con los secretarios generales de UGT y CCOO .
"No es contra el Gobierno"
El propio Pepe Álvarez se ha encargado de despejar cualquier duda sobre el destinatario del paro. En una entrevista reciente, reconoció que "es la primera vez en democracia que las organizaciones sindicales convocamos una huelga que no es contra el Gobierno" . El sindicalista argumenta que con el Ejecutivo de Sánchez han compartido cuestiones "tan importantes" como la reforma laboral que convirtió cuatro millones de contratos temporales en indefinidos o el acuerdo de pensiones . El enemigo, insiste, es la CEOE, a la que acusa de bloquear la negociación colectiva a la espera de que "lleguen los suyos" tras el 29-N .
Ese relato contrasta con el que defendió la secretaria general del PSOE de Andalucía y exministra de Hacienda, María Jesús Montero, cuando aún no se sabía que UGT y CCOO secundarían la huelga. Montero afirmó entonces que "habitualmente las huelgas generales se convocan contra los Gobiernos", pero que, en este caso, la convocatoria del Sindicato de Inquilinas "se convoca contra la oposición", en referencia al rechazo parlamentario de los decretos de vivienda. Cuando Álvarez fue preguntado por esas palabras, las rechazó de plano: "Quien tiene que definir a quién va dirigida esta huelga, a quién interpelamos, son las personas, las organizaciones que la convocamos".
La oposición no ha tardado en recoger el guante. El portavoz del PP, Borja Sémper, ironizó con que, al conocer la convocatoria, pensó "por fin, vamos a sumarnos", para luego caer en la cuenta de que era "una huelga contra la oposición". "Ocho años han caído de la cama tarde, hacia el lado equivocado", criticó . Desde Vox calificaron la convocatoria de "burla" y consideraron que trata a los ciudadanos como "tontos" al dirigirse contra quienes no tienen capacidad de gobierno .
Una grieta en el sindicalismo
La convocatoria tampoco ha logrado la unidad del movimiento sindical. Sindicatos como CSIF (260.000 afiliados), USO (150.000) y Fetico (95.000) han rechazado sumarse al paro, cuestionando sus "connotaciones políticas" y la falta de un receptor real de las reivindicaciones con el Parlamento disuelto . Incluso la propia UGT de Ceuta se ha desmarcado de la convocatoria .
La pregunta que sobrevuela en los centros de trabajo y en las sedes sindicales es por qué no se convocó esta misma huelga cuando la inflación devoraba los salarios, cuando el precio de la vivienda comenzó su escalada imparable o cuando las listas de espera sanitarias batían récords. La respuesta que ofrece el entorno de Álvarez es que la gota que colmó el vaso fue el desahucio de Maricarmen, la mujer de 87 años cuya muerte desencadenó las protestas de octubre . Pero la sensación predominante es la de un sindicato que ha esperado a que el calendario electoral marcara el ritmo de su indignación.





































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